Con un achicamiento a una tercera parte de lo que representaban hace una década, hoy las industrias de la confección, textil y cuero-calzado resaltan por ser, junto con la fabricación de equipo de transporte, las ramas manufactureras más afectadas por la crisis, al arrastrar miles de pérdidas de empresas y empleos, sin liquidez ni créditos accesibles, nulas ventas y bodegas repletas de inventario , así como un futuro incierto porque “no hay forma de cómo hacer entender al gobierno federal” que urge su intervención para frenar la debacle económica.

La pandemia del Covid-19 vino a meter mayor presión a los sectores manufactureros intensivos en mano de obra, que de por sí ya enfrentaban la “agresiva” competencia de productos provenientes de Asia. Pero, dichos sectores, al no ser consideradas como esenciales estuvieron en paro temporal, lo que los llevó a dejar de usar más del 90% de su capacidad instalada y presentar caídas superiores al 70% dentro de la actividad industrial.

“Vemos un futuro incierto... Nos espera un camino difícil, ya perdimos una temporada completa de moda, ventas en picada, con mucho inventario en bodegas y tratando de retener el empleo. No pedimos exenciones de impuestos, simplemente prórrogas para evitar descapitalizarnos”, establece Víctor Rayek Mizrahi, presidente de la Cámara Nacional de la Industria del Vestido (Canaive).

El sector de la confección ha resultado muy golpeado durante la pandemia, pues en tan solo dos meses (abril y mayo) se perdieron 10,000 empleos y cerraron 120 empresas, aunque ya acumula el cierre de cortinas de 350 empresas y 36,000 fuentes de trabajo de mayo del 2019 al mismo mes del 2020.

Durante la pandemia se prohibió la venta de ropa en las tiendas de autoservicio y las departamentales estuvieron cerradas, además de que las exportaciones de México a Estados Unidos cayeron 20%, y ahora con la reapertura de tiendas en algunos estados el ingreso está restringido al 30% y no hay probadores, lo cual inhibe la compra de ropa.

“Estamos ante una situación urgente, el gobierno debe definir una actuación responsable con el sector, con una estrategia para evitar la quiebra masiva de empresas e implementar un rescate a las industrias intensivas en mano de obra”, pugnó José Luis de la Cruz, presidente del Instituto para el Desarrollo Industrial y Crecimiento Económico.

La industria del calzado perdió su brillo en los últimos meses y en tan solo un mes (abril) perdió 12,000 empleos. De acuerdo con el Inegi, el sector cuero-calzado- marroquinería desplomó su actividad económica en un 87 % con respecto a igual mes del 2019.

“El porcentaje de caída en el valor de la producción durante abril y mayo anduvo en 90%, peor que si estuviéramos en guerra”, acotó Alejandro Gómez, presidente de la Cámara de la Industria de Calzado del Estado de Guanajuato (CICEG) y de la Cámara Nacional de la Industria del Calzado (Canaical).

Entrevistado por El Economista, el representante de la industria del zapato mencionó que al realizar una encuesta con sus agremiados se detectó que el sector opera al 25% de potencial, lo que significa que el empresario produce, pero no alcanza a cubrir costos.

“Está complicado que haya reactivación de los pedidos”, abundó, pues los apoyos de la banca de desarrollo han estado ausentes durante este tiempo. “No estamos diciendo que se le regale dinero a los empresarios, sino que haya créditos de los bancos garantizados por parte de Nacional Financiera”.

Alejandro Gómez reprochó: “Ya sabemos que con el gobierno federal no hemos contado ni tampoco vamos a contar; sacaron un programa de créditos de 25,000 pesos y eso no sirve para absolutamente nada”.

El escenario para las tres industrias es “catastrófico”, sostuvo el presidente del CICEG, pues la pandemia “le ha pegado duro a textil, confección y calzado, a automotriz también, pero ésta se recupera porque son grandes capitales, pero las tres primeras son capitales locales y no tienen casas matriz en el extranjero que les ayuden”.

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