A principios de noviembre, Tinder, la app para buscar pareja, lanzó una versión actualizada de su algoritmo para hacer match, un gran cambio que el CEO Sean Rad ha promocionando desde entonces.

En una entrada de su blog, Tinder ofreció pocos detalles sobre el nuevo algoritmo pero básicamente prometió que iba a revolucionar la cantidad y calidad de partidos que cada usuario recibe. Sólo basta abrir Tinder para comprobarlo , animan . Estamos seguros de que estos cambios harán la navegación aún mejor y darán lugar a coincidencias más significativas , expuso.

Pero hay un hecho real sobre ese nuevo algoritmo que Tinder presumiblemente no estará pregonando: los algoritmos en los sitios de citas no tienen sentido.

Ellos realmente no hacen nada

De hecho, hay investigaciones que sugieren que los llamados algoritmos que emparejan sólo son insignificantemente mejores en emparejar personas que el puro azar. La evidencia más fuerte de esto viene de un documento del 2012 publicado por Eli Finkel y cuatro coautores de la Universidad de Northwestern en la revista Psychological Science in the Public Interest, que no sólo destripó el concepto mismo de hacer coincidir los algoritmos, sino que pidió a la Comisión de Comercio Federal (FTC, por su sigla en inglés) regular las afirmaciones sobre su efectividad. Para entender por qué los autores encontraron estas afirmaciones tan preocupantes, primero hay que entender algunas cosas básicas acerca de cómo funcionan las relaciones humanas.

Dejemos de lado, por un momento, las nociones del cuento de hadas de las almas gemelas o el amor verdadero: en realidad, la mayoría de las personas felizmente podría emparejarse con un gran número de compañeros potenciales, y los factores que determinan a los que se emparejan o no tienen tanto que ver con las circunstancias como con cualquier otra cosa.

El éxito de una relación depende básicamente de tres cosas, explica Finkel: las características individuales, como por ejemplo, si eres inteligente o qué tipo de obsesiones tienen alrededor de las relaciones; la calidad de la interacción, o cómo te relacionas en persona; además de las circunstancias que te rodean cosas como la apariencia, la salud o la situación financiera.

De buenas a primeras, esto demuestra un gran obstáculo para la búsqueda de algoritmos. Ellos simplemente no pueden dar cuenta de tus circunstancias futuras o la manera en que te relacionas con otra persona, en particular antes de haberla conocido; podrían intentar modelar esas cosas, pero no hay datos suficientes para dar cuenta de la diversidad de resultados posibles.

Hay que tener en cuenta que los algoritmos de búsqueda tienden a centrarse en las personalidades similares a la tuya, lo suficiente para que no las deseches de forma instantánea de tu teléfono. Pero esto presenta sus propios problemas: estudios demuestran que a gran escala, en las parejas casadas la similitud de personalidades de los cónyuges representa sólo la mitad de lo felices que son Tinder, curiosamente, ha comenzado a añadir datos laborales y de educación en sus perfiles, presumiblemente para que puedas elegir personas que tienen antecedentes similares a ti.

Además, existe un sinfín de preguntas sobre compatibilidad que los psicólogos no han contestado.

Por ejemplo, considerando la mezcolanza de datos en los que tú y tu pareja pueden o no coincidir, ¿a cuál debería privilegiar el algoritmo al calcular su porcentaje de éxito ?. OkCupid hace esto, al permitir que los usuarios valoren la importancia que estos datos tienen para ellos.

Pero las personas notoriamente obtienen malas calificaciones en ese tipo de cosas, y matemáticamente hablando, es una herramienta obtusa. ¿Y qué pasa si mientes acerca de cómo eres, o lo que encuentras atractivo en otra persona? ¿O si tus creencias o personalidad cambiaron entre el momento en que comenzaste a usar el sitio y el momento presente? Peor aún, ¿cómo puede un algoritmo dar cuenta de una peculiaridad básica, bien documentada de la naturaleza humana: que las personas son en realidad bastante caprichosas acerca de quién los atrae?

Es prácticamente imposible tener éxito en la tarea que muchos sitios han fijado para sí mismos, concluyen Finkel y sus colegas. A pesar de las grandes afirmaciones en contra, es poco probable que cualquier algoritmo de coincidencia, con base a los datos recogidos, pueda ser eficaz en la identificación de individuos que sean compatibles para una relación a largo plazo.

En otras palabras, la afirmación de Tinder de que algorítmicamente puede hacer partidos más significativos es básicamente una mentira.

Caitlin Dewey es crítica de cultura digital para The Washington Post.

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