Un británico en la final de Wimbledon es una larga añoranza que se mide con un reloj de 74 años de antigüedad. El mismo mecanismo que ha avanzado decenas de horas cada que Andy Murray ha disputado el célebre torneo desde el 2005 y sucumbido en semifinales consecutivas desde el 2009.

Las multitudes que miran los encuentros del escocés en el All England Club suponen mililitros de lluvia, games y sets que se extinguieron desde que el inglés Bunny Austin perdió en 1938 ante al estadounidense Don Budge.

Sin su mayor impedimento enfrente, Rafael Nadal, Murray puede reiniciar el preciso Rolex, si como en otras cinco oportunidades este día supera a Jo Wilfried-Tsonga y avanza a su cuarta definición por el título de un Grand Slam. Victoria que además de detonar el júbilo de sus aficionados dispararía el costo en reventa de los tickets de la final contra Djokovic o Federer: hasta 38,000 dólares supone The Sun.

Tres derrotas en las semifinales no será una pesada carga en la mente de Murray, porque no está jugando contra Nadal este momento , expone para The Guardian, el ex tenista Greg Rusedski, que aprovecha para enfatizar la importancia del trabajo realizado por el entrenador y otrora gloria en el Deporte Blanco, Ivan Lendl.

Peyorativamente apodado Chico Lindo, por el croata Goran Ivanisevic (campeón en 2001), el esmero de Murray, de 25 años, por posicionarse en la final de Wimbledon le habrán llevado 36 encuentros desde que comenzó en el 2005 frente a George Bastl y hasta 127 sets en caso de irse al máximo de parciales contra Tsonga.

El récord de duelos Murray vs Tsonga se inclina 5-1 para el de Dunblane y, sin exceso de confianza, Andy recuerda lo que le pasó contra Roddick en el 2009 para no adelantar su reloj de la victoria.