Sentado en un sillón tono marfil en medio de su mansión, Canelo Álvarez habla de sus planes de negocio en los bienes raíces y las gasolinerías. Relaja la espalda y recuesta el tobillo derecho sobre la rodilla izquierda para hablar de los cinco millones de dólares que se embolsa cada tres meses por la renta de sus casas.

Minutos después, cambia la postura: echa el cuerpo al frente y se rasca la barbilla. Entonces empieza a hablar sobre cómo negoció con secuestradores la liberación de uno de sus hermanos y del por qué no confía en el sistema de seguridad de México.

Saúl Álvarez no es el prototipo de boxeador mexicano que termina endeudado o en el colapso de los vicios. Quiere ser exitoso en los negocios y un padre que enseñe a sus hijos que “no todo en la vida es fácil”. El Canelo de 2021 critica a los políticos de su país en inglés, pues no tiene miedo de que el mundo se entere de la corrupción que impera en México.

“Canelo parece haberse abierto mucho más y bajó la guardia de su personalidad desde que se separó de Óscar De La Hoya”, describe a este diario el periodista Manouk Akopyan, de Los Ángeles Times, quien recientemente entrevistó al boxeador sobre su presente y futuro.

Alma Montiel, fotógrafa del Consejo Mundial de Boxeo desde hace 14 años, agrega: “El Saúl de antes era más hermético, no decía nada, no opinaba mucho, era muy reservado y ahorita habla de todo tema; veo un Canelo que ya es más maduro en todos los aspectos, tanto en lo boxístico como en lo personal. Ha crecido muchísimo, pero siempre ha sido muy sencillo”.

Álvarez terminó su relación de 10 años con Golden Boy (y Óscar De la Hoya) en noviembre pasado. Desde entonces tiene dos peleas de campeonato como agente libre, acompañado por su entrenador, Eddy Reynoso, en las que ha ingresado 50 millones de dólares y los títulos super medianos del Consejo Mundial de Boxeo (WBC) y la Asociación (WBA).

Además, estas peleas le han representado el doble de audiencias que su último año con Golden Boy: en diciembre, contra Callum Smith, lo vieron 10.1 millones de personas, mientras que en febrero, contra Avni Yildirim, fueron 9.7. En total son 19.8 millones, duplicando a los 10 millones que vieron sus combates contra Sergey Kovalev y Daniel Jacobs en 2019, de acuerdo con datos de Nielsen-IBOPE.

En una entrevista con el periodista Graham Bensinger, el mexicano estalló contra Golden Boy: “Los que están ahí solo quieren ver su beneficio, no el de los peleadores”. También dejó claro que no le interesa ser comentarista o promotor después de su retiro. Su marca, bien establecida en el deporte, ahora maneja un discurso global, crítico y con una comunicación más abierta.

“Canelo tuvo que aprender inglés sobre la marcha frente a una cámara de televisión, pero ahora lo habla con fluidez. Cuanto más se abra en inglés, más se congraciará con los fanáticos de todas las etnias y orígenes.

“Es el peleador con mayores ingresos del boxeo, por lo que, naturalmente, se le presenta la oportunidad de realizar una variedad de inversiones. Está incursionando en bienes raíces, banca, telecomunicaciones y gasolina, solo por nombrar algunas líneas. Sus intereses comerciales son tan diversos como sus habilidades”, analiza Manouk Akopyan, especialista en boxeo.

Saúl Álvarez deja claro que no le gusta vivir en México por la inseguridad. Pero no se desvincula, pues ha encabezado movimientos en redes para recaudar fondos y ayudar a niños en situaciones precarias. El altruismo se ha convertido en una de sus banderas más fuertes en los últimos meses y su potencial de imagen se ha consolidado entre los mexicanos que viven en Estados Unidos.

“Es una persona muy fuerte que sabe lo que hace y que va a crecer más. La gente en Estados Unidos lo quiere mucho, los mexicanos que viven allá lo admiran, es su ídolo y lo respetan. No te imaginas cómo gritan de euforia cuando lo ven, es una vibra increíble”, menciona Montiel, quien ha retratado a Canelo desde que tenía 19 años.

Esa característica de saber lo que quiere se demuestra en su discurso. En las entrevistas en inglés con Akopyan y Bensinger recalcó que no le interesa ser comparado con Julio César Chávez: “solo hay un Chávez y un Canelo y cada uno tiene su historia”, aunque su línea está muy marcada más allá de las trayectorias deportivas, porque Julio sí padeció complicaciones económicas debido a sus vicios, mientras que Saúl nunca se ha visto manchado por esos temas.

Canelo tendrá su tercera pelea como agente libre el 8 de mayo ante el británico Billy Joe Sounders, en el estadio de los Dallas Cowboys. Tendrá una asistencia confirmada de 70,000 espectadores, un récord para una función de box en dicho recinto (AT&T Stadium), pues superará los 51,420 que impuso el propio mexicano ante Liam Smith en septiembre de 2016.

Pese a su nueva personalidad más franca y empresarial, Álvarez no olvida su objetivo deportivo en 2021: convertirse en el primer boxeador de todos los tiempos en unificar el título mundial supermediano.

Para ello, tendrá que ser campeón reconocido por el Consejo Mundial (WBC), la Asociación (WBA), la Organización (WBO) y la Federación Internacional (IBF). Ya posee los primeros dos, contra Sounders irá por el de la WBO y planea cumplir el objetivo en septiembre, disputando el de la IBF contra Caleb Plant.

Será un argumento más en la construcción de su legado, que ya de por sí dista del prototipo de boxeador mexicano. Saúl Álvarez ha consolidado su disciplina en un patrimonio y no le interesan las críticas de quien no lo conoce; prefiere invertir el tiempo en su próximo negocio o sonreír mientras mira a su auto Tesla abrir las puertas en forma de alas.

fredi.figueroa@eleconomista.mx