Buscar
Bistronomie

Lectura 4:00 min

El trabajo no solo afecta el bolsillo; también puede cambiar la forma en que comes

Una investigación del Colmex revela cómo las largas jornadas, los traslados y el tipo de empleo determinan los hábitos alimenticios y el gasto de los sectores vulnerables.

main image

Un estudio detectó que son cinco los sectores vulnerables.foto: Shutterstock

Redacción El Economista

El trabajo en la sociedad actual trasciende la esfera estrictamente económica para consolidarse como un espacio de socialización donde se construyen identidades, se adoptan rutinas y se reproducen relaciones de poder y desigualdad. 

De acuerdo con Tiana Bakić Hayden, integrante del Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales de El Colegio de México, las características particulares de cada actividad laboral conllevan implicaciones directas en la alimentación de los individuos.

Durante la conferencia “Comer trabajando: repensar la alimentación a partir de los mundos laborales”, coordinada por el Centro de Investigaciones Interdisciplinares en Ciencias y Humanidades de la Universidad Nacional, la especialista expuso que las urbes contemporáneas albergan una amplia variedad laboral. 

Precisó que, aun cuando existan puestos con remuneraciones equivalentes, persisten disparidades significativas en elementos como los horarios, el nivel de aislamiento, la convivencia y el grado de autonomía.

Contexto de la ocupación y el tiempo en México

La investigadora refirió que una gran proporción de la población mexicana mayor de 15 años percibe ingresos mediante un empleo, transitando tanto en el sector formal como en el informal. Detalló que, en marzo de 2026, la tasa de participación ocupacional alcanzó el 58.6%, en tanto que el índice de informalidad laboral se posicionó en un 54.8 por ciento.

Aunado a esto, Bakić Hayden enfatizó que México se caracteriza por registrar una de las jornadas de trabajo más extensas del mundo, liderando la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) con un promedio de 2,193 horas anuales por persona en 2024. 

Este factor provoca que los ciudadanos permanezcan periodos prolongados fuera de sus hogares, una situación que se agrava por la movilidad urbana, dado que el 58% de la población invierte entre 31 minutos y dos horas únicamente para trasladarse a sus centros de trabajo.

Dinámicas alimentarias en sectores vulnerables

A través de un análisis cualitativo fundamentado en entrevistas y observación de campo, la especialista y su equipo de colaboradores examinaron cinco rubros laborales que coinciden en la precariedad económica y la informalidad: 

  1. Trabajo doméstico. 
  2. Personal de recolección de basura y limpieza. 
  3. La construcción. 
  4. Los cargadores. 
  5. Transporte de pasajeros. 

En el sector de la albañilería en la Ciudad de México, donde laboran cerca de 45,000 hombres con salarios promedio de 7,000 pesos mensuales, se detectó que los periodos de comida funcionan como un espacio social de convivencia, donde se respetan los horarios y se comparten los insumos.

En contraste, el panorama para las trabajadoras del hogar (sector que integra a 161,000 mujeres en la capital con percepciones medias de 4,100 pesos mensuales bajo el esquema de "entrada por salida") refleja dinámicas distintas. 

Bakić Hayden documentó que muchas de ellas consumen alimentos en sus lugares de servicio bajo restricciones o condicionamientos, llegando a ingerir solo los sobrantes familiares. Ante esto, afirmó que en ese caso lo alimentario se vuelve un sitio de lucha simbólica, agregando que las empleadas “se saltan comidas para apurarse y regresar a sus casas más rápido y, en ese sentido, sienten que no comen en los horarios que les gustaría”, añadió.

Impacto financiero e insatisfacción

El estudio también demostró que un porcentaje elevado de los trabajadores evaluados efectúa un desembolso considerable para subsistir durante el día, destinando entre el 20 y el 30% de su salario diario al consumo de alimentos en la calle. Esta inversión oscila entre los 150 y los 200 pesos diarios en productos como café, pan, tacos, refrescos o comidas corridas.

Para finalizar, la académica puntualizó que las problemáticas más comunes detectadas entre la población ocupada son la insuficiencia de tiempo y la carencia de espacios dignos para comer. Esta falta de infraestructura obliga a múltiples trabajadores, especialmente a los chóferes y transportistas, a alimentarse en completo aislamiento, lo cual merma la interacción social y desencadena una constante sensación de insatisfacción.

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí
tracking reference image

Últimas noticias

Noticias Recomendadas

Suscríbete