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Arte e Ideas

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El Mundial se juega entre tortas y tornamesas

La Chicha y Sala Sonari, donde el tercer tiempo empieza antes del silbatazo final, preparan una oferta especial para la Copa del Mundo: una torre botanera pensada para grupos, horarios extendidos, DJ's invitados y una programación que busca llevar la fiesta del futbol más allá de los 90 minutos.

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Sala Sonari.Especial

Ricardo Quiroga

Hay quienes ven el Mundial frente a una pantalla gigante. Otros lo hacen rodeados de desconocidos que durante 90 minutos se convertirán en compañeros de mesa. Para estos últimos, La Chicha y su local hermano, Sala Sonari, en la colonia Roma, ya preparan el terreno.

En el contexto de la Copa del Mundo de la que México es quizás la sede de la que todo el mundo está hablando, ambos espacios apuestan por una fórmula sencilla: futbol, comida para compartir y largas sobremesas que pueden terminar convertidas en fiesta.

La novedad visible es una estructura de tres niveles bautizada como Torre Botanera "Comparte con la bandota". Más que un platillo, parece una declaración de principios. En la base aparecen tres de las tortas más representativas de la casa: cochinita pibil, suadero horneado marinado en cítricos y una versión vegetariana cargada de vegetales frescos. Un piso más arriba descansan las patatas bravas, reinterpretación de un clásico español que acompaña a La Chicha desde sus primeros años. En la cima esperan los Nachos Piedras Negras, homenaje al lugar donde nació el popular antojito fronterizo.

La torre fue pensada para grupos de entre dos y cuatro personas, una respuesta a una petición recurrente de los clientes. "Nos decían: ¿no tienes algo más grande para compartir?", recuerda el chef de La Chicha. La idea llevaba meses cocinándose, aunque el calendario mundialista terminó ofreciendo el momento ideal para lanzarla.

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Torre BotaneraCortesía

La Chicha no es precisamente una recién llegada a la ciudad. Con más de 15 años de historia y presencia en la Roma, la Cineteca Nacional y el Centro Cultural de España, el proyecto ha construido una clientela que busca algo distinto al restaurante de especialidad o al bar convencional.

"La idea siempre ha sido que la gente venga a divertirse y a pasarla bien", explica el chef. "No buscamos descubrir el hilo negro. Queremos comida honesta, comida de verdad".

Esa filosofía aparece tanto en una torta como en los ingredientes. El equipo presume trabajar con productores pequeños, privilegiar preparaciones hechas diariamente y evitar, en la medida de lo posible, productos altamente industrializados. Los guacamoles se preparan al momento, las papas se seleccionan específicamente para cada receta y las sobras terminan formando parte de los alimentos que recibe el personal.

Para seguir la fiesta

La experiencia mundialista, sin embargo, no terminará cuando suene el silbatazo final.

A unos metros de La Chicha Roma se encuentra Sala Sonari, un proyecto más joven que comparte ADN gastronómico, pero tiene personalidad propia. Si La Chicha gira alrededor de la convivencia informal, Sonari coloca la música en el centro de la experiencia.

Su nombre proviene del yaqui y significa "ruido" o "sonido". No es casualidad. El espacio fue concebido para albergar sesiones de escucha, pequeños conciertos y presentaciones de DJ's en un sistema de audio diseñado especialmente para ello.

Durante el Mundial, la ecuación busca completarse: primero el partido, después la música.

La carta también sigue esa lógica. Aquí no hay platos fuertes. El menú se concentra en nueve opciones para botonear y acompañar bebidas: tacos de suadero, carnitas de setas, pastor de ranchera, tortas, ensaladilla, nachos y algunos postres como una galleta de chocomole o un crumble de manzana con helado de cardamomo.

Detrás de la barra aparecen otros guiños a la producción artesanal. Elaboran sus propios tepaches, producen vermut de la casa y reúnen mezcales de pequeños productores, algunos provenientes de lotes tan reducidos que difícilmente vuelven a repetirse.

Con horarios extendidos, transmisiones de partidos, DJ's invitados y espacios pensados para permanecer después del encuentro, ambos proyectos buscan aprovechar el fenómeno futbolístico sin perder su identidad.

Después de todo, para muchos aficionados la mejor jugada del Mundial ocurre lejos de la cancha: alrededor de una mesa donde una torta, unos nachos y una cerveza bastan para convertir un partido en una celebración colectiva.

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