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Colombia hizo suyo el Ángel de la Independencia
Las autoridades locales se vieron en la necesidad de resguardar y cerrar el paso vehicular en el monumento, un honor que habitualmente está reservado de manera exclusiva para los triunfos de la escuadra local.

Foto EE: Nelly Toche
El Mundial de Futbol 2026 ha regalado postales memorables, pero lo vivido en la Ciudad de México con la afición cafetalera fue único. No era Bogotá, ni Medellín, ni Cali; era el corazón de la capital mexicana, que durante 48 horas se transformó en una sucursal del júbilo sudamericano. La Selección de Colombia no solo debutó con autoridad en la cancha; inundó las calles, contagió su fiesta y culminó su primer gran paso con un contundente 3-1 frente a Uzbekistán.
Una fiesta que comenzó un día antes
La tradición colombiana dicta que la fiesta se empieza a vivir desde la víspera del partido, y la Ciudad de México fue el escenario perfecto para demostrarlo. En la glorieta del Ángel de la Independencia, las oficinas de la empresa colombiana Tuhabi se convirtieron en un asiento de primera fila para presenciar el fenómeno.
Kevin Aranda, empleado de la compañía, relata con asombro cómo fue cambiando el panorama: "Sabíamos que la convocatoria era para las 6 de la tarde, pero desde las 2 ya podías ver por todas las calles aledañas a gente con su playera de Colombia, algunos con la amarilla, otros con la azul. Lo que más me gustó fue ver a todo tipo de familias; desde jóvenes con bebés que traían pañales con el escudo de Colombia, hasta señores grandes con adolescentes".
Para las 5 de la tarde, la zona estaba completamente bloqueada por banderas, tambores y cornetas. El ambiente musical era un absoluto sincretismo cultural. Sonaba vallenato y salsa, pero de pronto se mimetizaba con el clásico mexicano "Payaso de Rodeo". Entre la multitud no solo había camisetas amarillas; se sumaban banderas de Argentina, Venezuela y Chile, e incluso botargas de Cristiano Ronaldo y Messi. La comunidad latina se volvió una sola bajo una llovizna que no logró apagar la fiesta.

Foto EE Nelly Toche
Y es que como menciona Kevin, muchos de los asistentes no es que sean turistas, son colombianos radicados en México que llegaban directo con sus mochilas del trabajo y se integraron a la fiesta.
La perspectiva desde el volante
Para los transportistas de la ciudad, la jornada fue tan extenuante como fascinante. Hugo Gutiérrez, conductor de la aplicación InDrive desde hace año y medio, confiesa que a sus 39 años jamás había experimentado algo similar. Nacido en 1986 —apenas un mes después del mítico mundial de Maradona—, Hugo vivió en carne propia lo que significa la logística de la fiesta futbolera desde su auto.
"Ahorita que le tocó jugar a Colombia hubo mucha fiesta en las calles, mucho pasaje buscando tragos, diversión y que los llevara al Estadio Azteca", comenta Hugo con una sonrisa de satisfacción. "El futbol une regiones y países; aquí no importan colores ni razas, nos volvemos una familia. A los colombianos los percibo muy cálidos, son como un mexicano más, tienen la misma vibra, la alegría y la fiesta".
Hugo detalla que las solicitudes de viajes no pararon: primero un éxodo masivo hacia el coloso de Santa Úrsula y, tras el silbatazo final, una oleada de pedidos con destino a los bares de la colonia Roma y, de nueva cuenta, hacia el Ángel de la Independencia.
Voces de una afición que se siente en casa
En las inmediaciones del estadio y en los puntos de reunión, las emociones estaban a flor de piel. Las expectativas eran altas y la confianza en el equipo, absoluta.
Horas antes del encuentro, entre la marea de camisetas amarillas, destacaba Dora Ruiz, una entusiasmada aficionada proveniente de Medellín que asistió acompañada por Emmanuel y su equipo de trabajo: "¿Cuáles son sus expectativas para el partido de hoy?" se le preguntó. " 3-1. 3-1. Venimos preparados para celebrar en el Ángel", sentenció Dora con una precisión que rozó la profecía.
Al igual que Dora, miles de compatriotas compartían el mismo sentimiento de hermandad y asombro por el recibimiento del pueblo mexicano. Las frases de la afición resonaban con fuerza en las calles de la capital: "Este es un sueño de mi niñez; desde el año 98 estoy soñando con ver un partido de mi selección Colombia y hacerlo en México es un sueño". "Es mi primera vez en México, estoy emocionadísimo y a la expectativa de que nuestro país gane la Copa". "Yo vengo de Nueva York, allá no hay ambiente del mundial; el ambiente real está aquí en México". "Nos une la amabilidad, somos gente muy amable. Los turistas tanto en México como en Colombia son muy bienvenidos. Mexicanos, los felicito, son una hermosura de país".
La sinergia entre ambos países dejó en claro que la localía de la fiera sudamericana estaba más que asegurada en tierras aztecas. "El mundial solo debió ser en México, está más cerquita de Colombia, la energía latinoamericana no se compara, acá tenemos el mundial" y "La FIFA le tuvo miedo al éxito, México es la mejor sede", eran los comentarios generalizados entre quienes comparaban la calidez de esta sede con otras latitudes.
El broche de oro, el 3-1 y un festejo histórico
El partido contra Uzbekistán cumplió con el guion festivo que se había escrito en las calles. Con un contundente 3-1, la escuadra colombiana selló sus primeros tres puntos del certamen, desatando la locura total.
Al caer la noche, el Paseo de la Reforma volvió a teñirse de amarillo, azul y rojo. Los cláxones, los cánticos de "¡Sí, sí, Colombia! ¡Sí, sí, Caribe!" y las banderas ondeando en lo alto de la victoria convirtieron la celebración en un hito histórico para la Ciudad de México. Las autoridades locales se vieron en la necesidad de resguardar y cerrar el paso vehicular en el monumento, un honor que habitualmente está reservado de manera exclusiva para los triunfos de la escuadra local.

Foto EE Nelly Toche
Una frase contundente entre la multitud resumió a la perfección la jornada: "¡Gracias México, hoy nos hiciste sentir en casa! Es la primera vez que le cierran el Ángel a una selección que no es México y tenía que ser a Colombia... ¡Ya llegamos!"
El Mundial de 2026 apenas comienza, pero Colombia ya grabó su nombre en el folclor de la Ciudad de México, demostrando que cuando la pasión y la hermandad latinoamericana se juntan, las fronteras simplemente dejan de existir.

