Entrevista. Laurent Ogel, innovador social

La pandemia ha traído grandes desafíos en diversos aspectos de la vida y el sector empresarial no ha sido ajeno a la precarización y la incertidumbre. A estas alturas se vuelve imprescindible buscar nuevas formas de organización y de gestión que además incorporen consideraciones ecológicas y sociales para la administración, la contabilidad y el emprendimiento. Esta es parte de la reflexión de Laurent Ogel, innovador social que dirige y diseña proyectos de inclusión y equidad, y quien recientemente a través de 17, Instituto de Estudios Críticos participó en el diálogo sobre la búsqueda de soluciones alternas a la crisis pospandemia.

En entrevista para El Economista explica que la tendencia es hacia una economía social, es decir, poner el foco en el capital humano y financiero, con ello, ver cómo encajan todas estas aportaciones de capitales a la generación de riqueza de modo ético, transparente y responsable, ya que en el pasado eran aspectos que aplicaban de forma separada y considerando un solo activo. “Era muy difícil conectar, pero en los últimos tres años esto cambió”.

Haciendo un poco de historia, el especialista en modelos empresariales y diseño de metodologías disruptivas, explica que hace unos diez años la misión de las empresas era maximizar el retorno de los accionistas, luego hace cinco años hubo un surgimiento de una conciencia sobre el clima y el cuidado del plantea, por ello nacieron términos como economía verde, azul, o circular, posteriormente surgió la necesidad de prestar más atención a lo social, de ahí el termino de economía social y solidaria.

Aunque ya era una reflexión importante antes de la pandemia, todo esto ha generado una necesidad de cambio acelerado y estudios críticos, por ello hoy se analizan con más fuerza conceptos como gestión de cambio, gestión de resistencia al cambio, competencias necesarias o triple balance.

Sobre este último término, Ogel es pionero y explica que significa analizar y generar modelos de gestión con base en un balance económico, social y ecológico, todo esto según la actividad de la empresa y con un sentido muy amplio que incluye el cuidado de los seres vivos y la inserción de la persona en su entorno. Aquí “el activo y el pasivo toma otro enfoque, por ejemplo, el activo social de una compañía son las personas, es la parte más tangible del balance, el pasivo sería cuánto les pagamos a esas personas, su preparación, si los formamos, capacitamos y los cuidamos. Este es el intangible”.

Dificultades para el cambio

Ogel explica que en América Latina hay mucha consciencia social y ambiental, eso permite que las soluciones se empiecen a plantear de una forma más orgánica, sin embargo hay un miedo genuino al cambio.

Desde el 2008 Harvard Bussines School hizo un estudio que analizaba el futuro a 20 años de las empresas, en ese momento se hablaba de que en el 2020 se iniciaría un cambio y en el 2025 el 70% de las 500 grandes compañías no iban a ser las mismas o iban a desaparecer. Efectivamente, muchas han trabajado en ese sentido: aplicando nuevos modelos de gestión, además de diversidad e inclusión.

Antes de la pandemia la gran mayoría (el 70% de las compañías) tenían la intención de cambiar, pero después de la pandemia que marcó a todos los países, muchas empresas se quedaron bloqueadas. “Hay mucho miedo en este momento y esta situación genera volver a posturas más convencionales o conservadoras. Las empresas dicen: ’que empiecen otros con el cambio, veremos a los competidores, cómo lo hacen y si nos conviene nos apuntamos’ (...) en 2021 estamos en un año de stand by, a la expectativa de qué va a pasar”.

Por ello el especialista asegura que como individuos tenemos que ayudar a pensar y reflexionar para quitar ese miedo y dar el paso adelante. “En estos momentos se requerirá de imaginación económica, y no es que no se esté haciendo, pero lo que hay que encontrar son estos mecanismos de más diálogo, canales de reflexión e intercambio entre todos para ver cuáles son los modelos más respetuosos y que haya una economía más ética y responsable”, indica.

Por ejemplo, ante la imposibilidad de viajes en el extranjero, la economía del turismo tiene que modificar sus prácticas, si los turistas no pueden venir, ¿cómo vamos a  transformar la oferta?

“Hoy tenemos modelos de turismo más responsables y ecológicos, donde se pueden disfrutar de los recursos de la mano de las comunidades. Se requieren de políticas de turismo para promover el propio país, que conozcan sus recursos y los valoren, que conecten. Es cierto que un porcentaje muy bajo de connacionales conoce su propio país y eso pasa en todo el mundo, por ello el sector se está redefiniendo, dejar el modelo trasnacional, las mismas compañías hoteleras son las más conscientes de que reactivar el sector implica orientarlo a las personas y el cuidado del planeta”, afirma Laurent Ogel.

En estos momentos se requerirá de imaginación económica, y no es que no se esté haciendo, pero lo que hay que encontrar son estos mecanismos de más diálogo, canales de reflexión e intercambio entre todos para ver cuáles son los modelos más respetuosos y que haya una economía más ética y responsable”.

Laurent  Ogel, director de Praxxis, centro de innovación social y asistencia técnica en modelos de gestión.

nelly.toche@eleconomista.mx