Estimado lector, Sandra Calvo ha trabajado en el proyecto de “Arquitectura sin arquitectos” por más de 10 años. Las etapas de su trabajo artístico son varias y cada una cuenta con un marco referencial, una profunda elucubración y una búsqueda en la detonación reflexiva tan vastas que son imposibles de vaciar en el espacio que ocupa este texto; considérese, pues, como una pequeña reflexión del trabajo incluso de transformación personal que la artista ha vivido y ahora presenta en el libro homónimo recién editado por Arquine.

Habitar, construir y consensuar el espacio

La parte esencial de “Arquitectura sin arquitectos” tuvo lugar durante noviembre de 2012 a diciembre de 2014 en el barrio de Villa Gloria, una zona de casas de autoconstrucción, o llamadas “informales”, en Ciudad Bolívar, en la periferia de Bogotá. Calvo y un reducido grupo de colaboradores cohabitaron con la familia Moreno, una de tantas que van ocupando el valle en esta zona de la capital colombiana, carentes de agua, luz y drenaje, sin servicios escolares, culturales ni sanitarios; un sitio donde quienes habitan construyen sus casas, trazan sus calles e instalan el alumbrado, siempre en vilo por el temor al despojo.

Si uno busca “Villa Gloria” en Google, el buscador despliega noticias locales en las que abundan las palabras “invasión” y “desalojo”. Es en las afueras de Bogotá, pero podría ser en cualquier sitio en América Latina donde el Estado use el apelativo “informalidad”.

“Es bastante despectivo”, argumenta Calvo. “Informalidad es una manera de vampirizar y señalar lo que es permisible y lo que no. Estas personas se vuelven arquitectas de sus ciudades y orgánicamente van trazando sus calles, el inmobiliario urbano. Su conocimiento nace a partir de la resistencia y de ser expulsadas del mercado formal de la vivienda. El hecho de que no haya arquitectos no significa que no hay arquitectura”.

A lo largo de los tres años en los que Calvo y su equipo cohabitaron en Villa Gloria, aprendieron de los sistemas autogestivos de construcción, la nivelación con las plomadas y los hilos; se sumaron al colectivo de construcción y a su vez la familia se sumó al trabajo artístico. De esta colectivización surgió una idea poética para colaborar en la planeación del segundo nivel de la casa:

“A partir de estos hilos propusimos construir un espacio futuro, fantasmagórico, pero que sirviera como un plano de escala 1:1, un espacio imaginario en el que pudiéramos discutir sobre esa futura construcción. Con los hilos elevamos una casa en dos colores: con hilo negro trazamos los espacios en consenso y con hilo rojo, los espacios en discordia”.

El libro documenta este proceso colaborativo y la reflexión de Sandra Calvo sobre la necesidad de disolver la visión “colonialista, paternalista, exotizante, romantizada y de pornomiseria” sobre una acción artística de este calado. Afirma que solo así se diluye la distancia del (artista, investigador o periodista) que con su sola presencia irrumpe irremediablemente en el hecho.

El destilado fue una escultura de hilos funcional y poética sobre la casa, un simulacro de muros, ventanas, pasillos —consensuados y no, dependiendo del color— e incluso el trazado de una escalera en espiral con hilo rojo.

Hay que romper con una suerte de catálogo de cómo un artista debe operar. Eso da la posibilidad de que surja en un lugar periférico en una casa de hilos, pero no de una manera romántica para estetizar una escultura minimalista que puede verse hermosa en el paisaje”, precisa la artista.

El resultado material, la ejecución del trenzado de hilos para generar una “construcción fantasma” y la proyección de diversos cortos documentales emigraron en 2014 al Museo Universitario del Chopo, como una consecuencia de lo detonado en Villa Gloria. Mientras que in situ la pieza fue totalmente funcional, en el museo se volvió reflexiva.

El desalojo, y de vuelta al comienzo

En 2018, la familia Moreno fue desalojada y desplazada, despojada de aquello que con tanto esfuerzo levantó. Un cuerpo policial rodeó la casa y dio un tiempo límite a sus habitantes para tomar la máxima cantidad de pertenencias posible y disolver en menos de un día su relación con el sitio que les tomó años materializar. Prácticamente ellos mismos fueron obligados a destruir su casa.

El libro contiene ese otro capítulo que la exposición no presentó. Un desenlace, al menos de la primera instancia del proyecto, que no fue positivo. Sandra Calvo asimila el hecho en las ciudades autoconstruidas como un proceso que nunca termina, lo mismo que su trabajo artístico.

La familia tuvo que moverse, ocupar otro sitio, vivir a la intemperie y, poco a poco, levantar un hogar, de nuevo considerado como “informal” a los ojos del Estado. De ahí que Calvo haya elegido un haikú como piedra angular de este trabajo, un ciclo interminable: “habito mientras construyo, mientras planeo, mientras resisto, mientras me desalojan”.

La artista Sandra Calvo presenta el libro Arquitectura sin arquitectos, que documenta el trabajo colaborativo de largo aliento en una de las tantas comunidades llamadas “informales” en América Latina.

Fundamental en la Bienal de Venecia

Sandra Calvo forma parte de la propuesta colectiva mexicana para la Muestra Internacional de Arquitectura de la Bienal de Venecia, donde nuestro país propone el tema rector Desplazamientos. En el Pabellón de México el equipo curatorial retomó la idea de construir la ilusión de muros y pasillos definidos únicamente con hilos y plomadas, justo como la artista propuso en Villa Gloria, Colombia.

Arquitectura sin arquitectos

Sandra Calvo
  • Edita: Arquine
  • Año: 2021
  • Edición bilingüe
  • Textos: Sandra Calvo, Juan Carlos Cano, Tatiana Lipkes, Pedro Ortiz Antoranz, José Luis Paredes Pacho, Vyjayanthi Venuturupalli Rao.
  • Disponible en: arquine.net
  • Conoce más sobre la obra de Sandra Calvo: https://sandracalvo.net/

ricardo.quiroga@eleconomista.mx