El descenso de los indicadores en la Ciudad de México y el área metropolitana sobre los nuevos registros de ocupación hospitalaria (53.2%) y la reducción de casos sospechosos de Covid-19 reportados hasta el pasado viernes, permitió a las autoridades sanitarias de la ciudad anunciar que a partir de este lunes podrán reactivar algunas actividades que habían permanecido cerradas desde diciembre pasado, entre ellas las proyecciones cinematográficas, las funciones de teatro en interiores y los museos.

No obstante, la capacidad en todos los casos deberá ser aún más reducida que la máxima permitida en el cierre del año pasado (30%). Tanto los complejos cinematográficos como los escénicos podrán reabrir solamente con una capacidad máxima del 20% al interior y deberán ofrecer la última función a las 20:00 horas, mientras que los museos deberán operar hasta las 19:00 horas. En todos los casos será obligatorio el uso permanente de cubrebocas.

La urgencia de reabrir no era necedad, han expresado de manera reiterada y por distintas vías los gremios tanto de teatro como de cine, sino ante la precarización y riesgo de desempleo definitivo de los trabajadores y familias que dependen de ambas industrias.

Abrir al 20% es un arrojo al precipicio

El aforo máximo de 20% permitido no fue del todo bien recibido por los teatreros. Después de darse el anuncio de las autoridades capitalinas para la reactivación de los teatros, el productor Morris Gilbert, responsable de puestas en escena como Wicked, El rey león y Los miserables, expresó que “el 20% del aforo no resulta rentable. Cuando la situación lo permita y nos autoricen más aforo, entonces volveremos”, dijo, aunque más adelante reconoció: “vamos a reabrir lo más pronto posible por la principal razón de todas: las sagradas fuentes de trabajo para nuestro gremio”.

El 15 de febrero pasado varios de los principales productores teatrales de México, como Gerardo Quiroz, Alejandro Gou, Juan Torres y Claudio Carrera lanzaron la campaña #NecesitamosLosTeatrosAbiertos para denunciar que, a 11 meses de haber cerrado por primera vez, “los teatros están al borde del abismo” y para explicar que este arte no pertenece a la categoría de eventos masivos, por lo que no es una actividad con alto riesgo de contagio y que incluso un 30% de capacidad, como se hizo el año pasado, con los gastos que implica un montaje, es un arrojo al precipicio.

“El objetivo no es abrir los teatros sino salvar al teatro de esta catástrofe. No somos los productores los que hacemos teatro ni son los actores los que encabezan un elenco. La maquinaria es enorme y se ha olvidado a muchas personas de esta cadena, ante los ojos al menos de las autoridades, son personas que han vivido cien por ciento del teatro”, declaró Juan Torres, productor de obras como Godspel y La jaula de las locas.

Señaló que siendo una industria que requiere de promoción y procesos anticipados varios, al menos 90% de los productores de teatro no podrían ponerse en marcha al siguiente día de recibir luz verde.

Reactivar el teatro es más complejo

“Abrir los teatros de esta ciudad no es levantar la cortina de un changarro y darle una barridita a la tierra que se ha acumulado. Hay que hacer publicidad, hay que ensayar y ver con quiénes de nuestros equipos vamos a montar, qué vamos a hacer. Simplemente pedir un permiso en cualquier alcaldía te lleva 15 días hábiles”, agregó.

Por su parte, la semana pasada, a través de una carta la Asociación Nacional de Teatros Independientes (ANTI) expresaba su preocupación por la situación de la industria. De no reactivarse en breve el arte teatral “arruinará la economía de nuestros teatros y su personal: artistas, técnicos, personal de limpieza y administrativo, gestores culturales, etcétera. Somos parte del patrimonio artístico vivo de nuestro país y de persistir esta situación, ante las dificultades económicas de hoy, crecerá enormemente el riesgo de cierre definitivo y la cancelación de un derecho cultural inalienable”.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx