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Ifigenia en Táuride: Plácido todavía no quiere irse

La ópera del alemán Christoph W. Gluck se transmitirá vía satélite en el Auditorio Nacional desde la Metropolitan Opera House .

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Este sábado llega al Auditorio Nacional desde la Metropolitan Opera House la transmisión en vivo de Ifigenia en Táuride de Gluck. Es una de las óperas más antiguas del repertorio de la compañía: una obra del siglo XVIII estrenada en Nueva York 1916, apenas se volvió a poner en escena en 2007.

Este año la puesta tiene un valor agregado: es quizá una de las últimas funciones del tenor Plácido Domingo, que este 2011 planeaba dejar los escenarios, aunque hace unos días dijo que todavía se siente lo bastante fuerte para seguir actuando unos dos años más . El tenor acaba de celebrar 70 eneros, así que, longevo y todo, quedan pocas oportunidades para verlo en completa forma.

La protagonista es la mezzosoprano Susan Graham como Ifigenia y Domingo interpreta al atormentado Orestes en esa ópera que un día encabezó una revolución de estilos.

Lo antiguo es revolucionario

Una reliquia de tiempos heroicos, Ifigenia en Taúride, ópera del alemán Christoph W. Gluck, se presentó por primera vez al público en París en mayo de 1779, casi exactamente 10 años antes de que la marejada revolucionaria inundara Europa.

Es por lo tanto todavía una obra de la época del Antiguo Régimen, emergida de esa sociedad de reyes con pelucas, puesta en escena para ellos, que todavía veían a los filósofos, a los pintores y a los poetas como mera servidumbre que debía repetir una y otra vez los trucos que les divertían. Vamos, bufón, haz otra vez esa pirueta tan cómica .

Por eso Gluck, que no era él mismo un revolucionario pero sí un compositor romántico, decidió hurgar en el baúl de las antigüedades para encontrar algo de pasión, de verdad, para imprimir en su obra y dejar de repetir una y otra vez los modos y temas que la ópera italiana (en ese entonces la ópera por excelencia) había fatigado.

La gran revolución de Gluck fue tomar ciclos de tragedias del teatro griego cláscio y llevarlas a escena en ópera y en ballet. La ópera cambió, se centró más en la trama que en la música, los personajes se volvieron más profundos y más humanos.

Ifigenia en Táuride está basada en la tragedia del mismo título de Eurípides. La obra pertenece al ciclo de Orestes del canon griego. Cada uno de los grandes trágicos de Atenas (con el propio Eurípides, sus dos antecesores, Sófocles y Esquilo) lo abordaron en distintas ocasiones: el asesinato del rey Agamenón a manos de esposa Clitemnestra, la venganza de los hijos de ambos, Elektra Orestes, los remordimientos persiguiendo por siempre a Orestes, asesino de su madre.

Ifigenia es un personaje que aparece poco en la historia de la disfuncional familia de Agamenón, pero es el más importante, sin ella, sin su destino, toda la desgracia se habría evitado.

Ifigenia, según la tradición homérica, es la hija que Agamenón sacrificó a los dioses para permitir que sus barcos llegaran a Troya para la batalla legendaria. El asesinato de su hija nunca lo perdonó Clitemnestra que, apenos llegó triunfante el rey, lo asesinó delante de sus dos hijos todavía niños, Elektra y Orestes.

La ópera de Gluck narra la otra parte de la historia que no contó Homero: Ifigenia no murió en el altar sino que fue salvada por Artemisa, diosa de la cacería, y llevada a Táuride, donde se convierte en sacerdotisa de la diosa. Allá se encontrará, muchos años después, a su atormentado hermano Orestes y en sus manos quedará su destino: perdonarlo o castigarlo por haber asesinado a su madre.

cmoreno@eleconomista.com.mx

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