En México se estima un aproximado de 1.4 a 1.7 millones de personas con anticuerpos para la hepatitis C, de ellos probablemente 700,000 tendrán una infección activa que necesitará tratamiento, pero de estos, hoy solamente el 30% saben que tienen la enfermedad; el reto es encontrar a todos ellos. 

Rodolfo Ruiz, responsable del programa estatal de VIH y de Hepatitis C en el Hospital General de Mexicali platica a El Economista que el comportamiento actual de la enfermedad tiene que ver con el hecho de que ya se tiene disponibilidad de tratamientos para la mayoría de la población.

“Con la implementación del programa de eliminación de la hepatitis C, diferentes áreas del gobierno y con apoyo de farmacéuticas y sociedad civil, incluso se han dado a la tarea de buscar a esos pacientes que, hasta hace poco, sin tratamientos, quedaban sin oportunidades”, es decir, no se hacía una búsqueda intencionada porque no había mucho qué hacer, hoy no es que incrementen los casos, sino que se está buscando mejor.

La hepatitis C a diferencia de la A o la B, tiene distintos tipos del 1 al 6, también se conocen 50 subtipos más y esto hace difícil el diseño de una vacuna efectiva, estadísticamente hablando la principal vía de transmisión es la transfusión sanguínea, aunque no es la realidad para todos los estados, por ejemplo, en el norte del país se ha documentado como la causa principal la exposición a drogas intravenosas.

El tratamiento que se conoce desde hace más de 50 años son los interferones, medicamentos que emulan una sustancia natural y que actúan como antivirales naturales, pero estos tenían una tasa de efectividad entre el 50 y 70%, es decir, más del 30 % de quienes lo recibían no se curaban, además había diversos efectos secundarios y su costo era alto.

Por muchos años no hubo más medicamentos que ofrecer a los pacientes, pero a partir de los últimos cinco años se han empezado a comercializar los antivirales de acción directa. Son sintéticos, con un perfil de toxicidad muy favorable, con pocos efectos secundarios y efectividad estimada del 96 al 98%, “prácticamente hablamos de una cura”.

El costo es lo que sigue siendo una limitante, por algún tiempo el tratamiento completo llegó a costar el millón de pesos, hoy se han reducido costos por la competencia comercial y los gobiernos también han hecho su parte para poder acercar estos medicamentos a la población, que es relativamente vulnerable.  

Una enfermedad de adultos 

Hoy la transfusión sanguínea como la primera causa de hepatitis C va dejando de ser un problema porque esta práctica ya se hace con estudios muy sensibles para detectar a un probable paciente infectado que va a donar, el especialista asegura que este fue un inconveniente de la década de los 80 y los casos más nuevos se están viendo en personas que comparten jeringas para utilizar drogas intravenosas.

La hepatitis C es prácticamente una enfermedad de adultos y al principio prácticamente no tiene ningún síntoma, es de progresión lenta y puede tardar hasta 20 años para tener un problema grave (cirrosis), por ello la detección temprana sería a través de chequeos regulares para personas que han tenido factores de riesgo (si alguna vez se han utilizado drogas intravenosas, recibir alguna transfusión sanguínea o cirugías antes de los años 90, además de prácticas sexuales de riesgo, tatuajes o piercings).

Ruiz concluye que, aunque muy probablemente no veremos el fin de esta enfermedad en estas generaciones, si se puede hablar de la eliminación, es decir, una disminución tan grande de casos nuevos, que sería una enfermedad rara para dejar de ser un problema de salud pública. “En los próximos diez años se espera un aumento en las tasas de detección, por el acceso a los tratamientos, después de ello, avanzaríamos hacia la eliminación, pero para ello se requiere de la conciencia ciudadana y su participación”.  

nelly.toche@eleconomista.mx