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Mercados en tensión: energía, divisas y expectativas económicas en México
Irasema Andrés Dagnini | Sextante financiero
En la primera semana de marzo los mercados financieros globales enfrentaron un entorno de alta tensión. El alza en los precios de la energía, derivada de conflictos en Medio Oriente y acciones militares de Estados Unidos e Israel contra Irán, ha encendido las alarmas sobre inflación y crecimiento. El Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió que un aumento sostenido de 10% en los precios energéticos podría añadir 0.4 puntos porcentuales a la inflación global y restar hasta 0.2 puntos al crecimiento.
En México, la volatilidad del peso frente al dólar refleja esta incertidumbre. El peso cerró la semana en torno a 17.80 por pesos por dólar, tras una serie de movimientos erráticos que responden tanto a factores externos como a la expectativa de indicadores económicos locales. El Índice de Confianza Empresarial y el PMI manufacturero de febrero, que se publicaron el 2 de marzo, mostraron señales de cautela en la inversión y la producción.
Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional, subrayó que los precios energéticos son hoy el principal riesgo para la estabilidad financiera. “Un alza sostenida en los energéticos no solo presiona la inflación, también erosiona la confianza de los inversionistas”. Por su parte, Christine Lagarde, la presidenta del Banco Central Europeo, descartó una ruptura del orden mundial, pero reconoció que la fragmentación comercial y los aranceles de Estados Unidos generan presiones adicionales.
México entre la volatilidad y la resiliencia
En el plano nacional, Claudia Sheinbaum, presidenta de México, declaró que el país está preparado para enfrentar los efectos del conflicto en Medio Oriente y el alza del petróleo, gracias a medidas fiscales como la reducción del IEPS y la coordinación con la Secretaría de Energía, la CFE y Hacienda para evitar el traslado de los costos internacionales a los consumidores nacionales.
Por su parte, Alejandro Padilla, economista en jefe de Banorte, destacó que México debe ser “inteligente ante las amenazas externas” y fortalecer su estrategia fiscal para enfrentar un 2026 marcado por riesgos globales. En su análisis reciente, subrayó que la agenda legislativa y el Paquete Económico 2026 serán determinantes para sostener la confianza de los mercados.
Sin embargo, debemos seguir con atención los indicadores de nuestra economía, como el próximo dato de inversión fija bruta, que se publicará el 5 de marzo, que mostrará si las empresas mantienen planes de expansión pese a la incertidumbre. Asimismo, el dato de inflación de febrero, previsto para el 9 de marzo, marcará la pauta de la política monetaria del Banco de México.
Riesgos y expectativas
Los precios internacionales del petróleo subieron 26.30% en una semana, acumulando un alza de 44.38% en cuatro semanas hasta 90.90 dólares por barril de crudo WTI, la gasolina ha subido 13.84% en una semana y 40.75% en un mes. Los conflictos en Medio Oriente y la reducción de producción en países clave han generado expectativas de niveles aún más altos durante las próximas semanas.
Este encarecimiento no solo presiona la inflación global, sino que también incrementa los costos de transporte y producción, afectando directamente a las economías emergentes como la mexicana, donde el consumo interno depende en gran medida de la estabilidad de los combustibles.
En paralelo, el dólar se ha fortalecido frente a la mayoría de las divisas debido a la percepción de riesgo global y al atractivo de los activos estadounidenses como refugio seguro. La combinación de tasas de interés relativamente altas en Estados Unidos y la aversión al riesgo ha debilitado al peso mexicano, que se ha movido en torno a los 17.80 por dólar, con expectativas de que en el corto plazo pueda superar la barrera de los 18.00 si la volatilidad persiste. Este comportamiento refleja tanto factores externos como la cautela de los inversionistas ante los próximos datos de inflación y crecimiento en México.
Los empresarios mexicanos expresan temores crecientes sobre los efectos de esta coyuntura en la inversión y la producción. El alza de los energéticos incrementa los costos operativos, mientras que la volatilidad cambiaria complica la planeación financiera y la importación de insumos. La confianza empresarial se ha mostrado frágil, con señales de desaceleración en la inversión fija bruta y en la actividad manufacturera.
En este contexto, las decisiones de política fiscal y monetaria serán determinantes para sostener la confianza y evitar que la incertidumbre global se traduzca en una contracción de la producción nacional.
La tensión en los mercados energéticos y financieros no es un fenómeno pasajero: se trata de un entorno estructural que seguirá marcando la agenda económica global y nacional en los próximos meses. El alza del petróleo, el gas y la gasolina, junto con la fortaleza del dólar y la fragilidad del peso, configuran un escenario donde la política económica mexicana deberá demostrar resiliencia y capacidad de adaptación.
México enfrenta el reto de sostener la confianza empresarial y evitar que la volatilidad externa se traduzca en una contracción de la inversión y la producción. Las decisiones fiscales y monetarias serán cruciales para amortiguar los choques internacionales y garantizar que la estabilidad macroeconómica se traduzca en bienestar interno.