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Opinión

Lectura 4:00 min

Marc Valentine y la canción de power pop perfecta

Uncommon Side Effects - Marc Valentine. Foto: Wicked Cool Records

Uncommon Side Effects es una píldora de power pop precisa proveniente de la mente de Marc Valentine. Nos recuerda que el rock puede ser breves explosiones en canciones de tres acordes y letras sin mayores complicaciones.

Las canciones de Valentine son flechazos musicales directos, sin rellenos, contenidos en 3 minutos. Un álbum de menos de media hora que nos demuestra su potencia.

Uncommon Side Effects es el tercer trabajo de Valentine y el segundo editado bajo el sello Wicked Cool Records de Steven Van Zandt, guitarrista de la E Street Band y consigliere de Tony Soprano. En sus composiciones el cantautor británico nos recuerda ese rock and roll clásico del que nos hemos enamorado una y otra vez.

Marc Valentine es un músico cortado con otra tela. Su carrera comenzó en la década de 1990 al frente de la banda Last Great Dreamers, que ganó gran culto en la escena underground del Reino Unido. En 2022 Valentine debutó en solitario con el álbum Future Obscure, un disco con una marcada influencia por el rock de los setenta. Le siguió Basement Sparks, en 2024, un álbum que se vuelve más entrañable con cada pasada. Dos años después regresa con este explosivo trabajo.

Uncommon Side Effects fue producido por Dave Draper (Dodgy) y con quien Valentine trabajó en sus dos álbumes en solitario previos.

Las canciones de Uncommon Side Effects son como un déjá vú. Son melodías que parece que ya las has escuchado o que han estado preservadas dentro de alguna radio vieja. Valentine es un estudioso del pop que a lo largo de más de tres décadas ha buscado refinar esa fórmula elusiva para componer una canción de power pop perfecta.

Uncommon Side Effects abre con “NY UAP”, sobre la vida itinerante de un músico, pero visualizada como el avistamiento de un OVNI en la Gran Manzana. Esta canción es una oda al rock neoyorquino conectada en las raíces de Lou Reed con el punk, el new wave de CBGB’s y una línea que llega hasta The Strokes. El frenético órgano de Neil Scully nos remite a una canción que bien podría haber sido sepultada en 1966 y proveniente de algún garage psicodélico.

“High In the Underground” parece una pieza perdida de los Fountains of Wayne de finales de los noventa con los ganchos de The Undertones, Alice Cooper, Thin Lizzy o Cheap Trick, todo enrollado en uno.

En “The Other Side”, nuestro protagonista busca algo para bajar el estado alterado como una receta proporcionada por Ernest Hemingway y una melodía para los despechados.

Hay momentos donde Valentine conjura al glam rock de T. Rex mientras las guitarras de Richard Davies se contonean con sus solos de rock clásico. La sección rítmica de Richie Poynton en el bajo y Rik Pratt en la batería son la base perfecta para que Valentine decore sus coros pegajosos, de esos que ya no se manufacturan hoy en día.

“Tiger on Glass” se disfraza entre el punk pop estadounidense o un himno del britpop de los años noventa.

“Hanging on a Dream” es una canción de precisión quirúrgica. Es una copla que pudo haber partido de la mente de Big Star y revitalizada en los años noventa por un grupo de adolescentes que la acaban de descubrir en la colección de sus tíos.

Y cuando las luces se apagan y la música acaba, uno de los efectos secundarios provocados por Marc Valentine es querer regresar a estas canciones otra vez.

Uncommon Side Effects está hecho para quienes buscamos, de vez en cuando, la salvación en una canción de rock n roll, encadenados a una estación de radio buscando una mutación sónica que se llama Marc Valentine.

antonio.becerril@eleconomista.mx

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Coordinador de Operaciones Online. Periodista. Desde el 2019 escribe la columna semanal sobre música “Mixtape” en El Economista. Ha sido reportero de tecnología y negocios, startups, cultura pop, y coeditor del suplemento de The Washington Post y RIPE.

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