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Educación sin fronteras: Un pilar de la megarregión Cali-Baja

OpiniónEl Economista

En momentos en que la relación entre México y Estados Unidos parece estar dominada por diferencias en materia de seguridad, migración, combate al narcotráfico y la próxima revisión del T-MEC, conviene mirar hacia la zona fronteriza para descubrir una realidad muy distinta.

La megarregión Cali-Baja (integrada por el sur de California y el norte de Baja California) continúa construyendo una agenda de cooperación que, aunque pocas veces ocupa los titulares, probablemente tendrá un impacto mucho más profundo y duradero en la competitividad de América del Norte.

Durante los últimos meses se han llevado a cabo acontecimientos que reflejan esta nueva realidad. Más que eventos aislados, representan la consolidación de una verdadera diplomacia educativa impulsada por las universidades, el sector privado, los gobiernos locales y la sociedad civil de ambos lados de la frontera.

El primero fue la creación del Cali-Baja Higher Education Consortium, o CHEC, una alianza binacional integrada por las principales instituciones de educación superior del sur de California y Baja California, cuyo propósito es construir una plataforma permanente de colaboración académica, científica y de formación de talento.

Su relevancia va mucho más allá de los tradicionales convenios universitarios. El objetivo es desarrollar el capital humano que demandará una economía regional cada vez más integrada, impulsada por industrias como la manufactura avanzada, los semiconductores, la inteligencia artificial, la biotecnología y las energías limpias.

La competitividad de la megarregión Cali-Baja dependerá cada vez menos de la disponibilidad de mano de obra y cada vez más de la calidad de su talento binacional.

El segundo acontecimiento refleja una transformación igual de importante.

Las graduaciones binacionales comienzan a consolidarse como una nueva tradición en la frontera. Lo que inició hace cinco años con Southwestern College continuó posteriormente con San Diego State University y, hace apenas unas semanas, con la ceremonia de graduación del Distrito Escolar de Sweetwater, celebrada en el campus de CETYS Universidad, en Tijuana.

Más allá del protocolo académico, estas ceremonias tienen un profundo significado humano. Miles de familias viven entre ambos lados de la frontera y, por razones migratorias, muchas veces no pueden acompañar a sus hijos en momentos tan importantes como una graduación. Llevar estos actos académicos a Baja California permite reunir nuevamente a familias que, aunque viven separadas por una frontera política, forman parte de una misma comunidad regional.

El tercer acontecimiento representa quizá la apuesta más ambiciosa hacia el futuro.

La semana pasada fue presentado el Centro de Innovación Cali-Baja, una iniciativa encabezada por CETYS Universidad, en colaboración con el Consulado General de Estados Unidos en Tijuana, para fortalecer las capacidades profesionales de estudiantes y jóvenes de ambos lados de la frontera.

La participación de empresas globales como Qualcomm y Microsoft confirma que el verdadero desafío para mantener la competitividad de América del Norte no consiste únicamente en atraer inversión extranjera, sino en formar el talento que hará posible esa inversión.

Igualmente significativa fue la presencia del embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, durante la ceremonia inaugural. Su participación envió una señal clara de que, incluso en momentos de diferencias políticas entre ambos gobiernos, existen espacios donde la cooperación binacional continúa avanzando.

Estos tres acontecimientos tienen un denominador común: todos reconocen que el principal activo estratégico de la agenda binacional no son únicamente sus cruces fronterizos, sus puertos de entrada o su poderosa infraestructura manufacturera.

Durante décadas hablamos de integración comercial. Posteriormente, de integración manufacturera. Hoy estamos entrando en una nueva etapa: la integración del conocimiento.

Y esa será probablemente la ventaja competitiva más importante de nuestra región durante las próximas décadas.

Las economías más exitosas del siglo XXI competirán por atraer y desarrollar talento antes que por ofrecer menores costos laborales. Las regiones que liderarán la nueva economía serán aquellas capaces de formar ingenieros, científicos, emprendedores y profesionistas preparados para trabajar en un entorno profundamente binacional e internacional.

La megarregión Cali-Baja reúne condiciones únicas para lograrlo. Alberga universidades de prestigio internacional, empresas líderes en innovación, centros de investigación, una poderosa industria manufacturera y una población acostumbrada a vivir, estudiar y trabajar entre dos países, culturas e idiomas.

Por ello, la diplomacia educativa se está convirtiendo en uno de los instrumentos más eficaces para fortalecer la relación entre México y Estados Unidos desde el ámbito subnacional.

Mientras las capitales enfrentan diferencias coyunturales, la frontera continúa construyendo soluciones permanentes y de largo plazo.

La gran lección es clara: el futuro de la relación bilateral no dependerá exclusivamente de los acuerdos que se negocien en Washington o en la Ciudad de México. También dependerá de la capacidad de regiones subnacionales, como la megarregión Cali-Baja, para formar el talento, generar la innovación y construir la confianza que harán posible una América del Norte más competitiva.

Porque, al final, las fronteras pueden dividir territorios. Pero la educación, la innovación y el talento compartido tienen la capacidad de construir unidad a largo plazo.

*El autor es CEO, The Border Group.

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