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Capital Humano

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¿Qué aprendizajes deja la reducción de jornada laboral en Colombia?

Tras cinco años, Colombia completa la reducción de la jornada laboral a 42 horas semanales con aciertos y desaciertos que han impactado en su fuerza laboral. Expertos destacan que la transición permitió a las empresas adaptarse, pero también elevó costos, impulsó la automatización y afectó el empleo formal.

A partir del 15 de julio de 2026, Colombia comienza formalmente su jornada laboral de 42 horas semanales.Foto: Shutterstock

Colombia concluyó su reducción de jornada laboral el pasado 15 de julio, el tiempo máximo de trabajo en el país es de 42 horas semanales. Se trata de la conclusión de un proceso gradual que ha puesto a prueba la capacidad de adaptación del sector empresarial y ha reconfigurado la relación entre productividad y bienestar.

A diferencia de lo que se plantea en México, la transición en Colombia aplicó un cambio escalonado más espaciado a través de la Ley 2101, con la que se redujeron seis horas de trabajo en cinco años, esto permitió al sector formal anticiparse y prepararse para el impacto económico y operativo.

Los centros de trabajo en Colombia tuvieron dos años para preparar la reducción. Aunque la reforma entró en vigor en 2021, no fue sino hasta 2023 cuando por primera vez se redujo una hora, pasando de 48 a 47 horas; al año siguiente disminuyó a 46 y, para 2025 pasó a 44 horas y, partir del 15 de julio de 2026, la jornada quedó en 42 horas semanales.

Expertos coinciden en que el tiempo que se dio para la reducción gradual tuvo buen margen para que las empresas hicieran los ajustes necesarios; no obstante, reconocen que fue más sencillo para unas que para otras según su operación.

De acuerdo con Felipe Quintero, abogado laboralista, consultor de empresas y manager de la firma Quintero y Quintero, el tiempo que se dio para la disminución gradual permitió al sector formal preparar nuevos esquemas de contratación, organización del trabajo y optimización de procesos internos.

Impacto de la reducción de la jornada laboral en Colombia

Alberto Ramírez, consultor en estrategia laboral empresarial y especialista en Recursos Humanos, reconoce que este proceso se vivió diferente para cada empresa; por ejemplo, para aquellas con personal administrativo la transición fue más sencilla que para quienes tenían preponderantemente puestos operativos.

“El personal administrativo trabaja más en función de sus resultados que del tiempo que está a disposición de la empresa; era muy poco lo que había que hacer, pero no con todo el mundo sucedió de la misma manera. Por ejemplo, en manufactura o servicios el impacto fue mayor”, puntualizó.

Comparte que la reducción se traduce en una disminución del 12.5% del tiempo de fuerza laboral, lo cual ha implicado mayores costos para las organizaciones, especialmente para sectores que dependían de las horas de trabajo. Dice que, a partir del 15 de julio, el valor de la hora será de al menos 14%, y contratar más personal no es posible para todos.

“El reto de productividad puede resolverse con reorganización de procesos, optimización de plantillas y automatización para sustituir parte de esas horas de trabajo”, señala.

Al respecto, Felipe Quintero menciona que las industrias que enfrentaron más retos fueron la hotelera, restaurantera, agrícola y donde se requiere trabajo nocturno, sectores que no estaban preparados y que en muchos casos tuvieron que hacer fuertes inversiones en tecnología.

Jornada laboral no consideró la automatización de puestos

El abogado reconoce que, aunque al inicio el costo en maquinaría resultaba elevado, las empresas se dieron cuenta que, al analizar el gasto a largo plazo, en realidad lo que obtenían era una inversión que optimizaba sus procesos, algo que los legisladores no previeron.

“Me parece que hubo un error en la técnica legislativa por no contemplar los efectos de factores como la automatización de procesos. Mucha mano de obra, tanto calificada como no calificada, se ha quedado sin trabajo a consecuencia de la reducción de la jornada, la implementación de máquinas y procesos automatizados”, puntualiza.

Sobre ello, Alberto Ramírez dice que la automatización funcionó para sustituir horas de trabajo, pero para equilibrar la situación, algunas empresas hicieron una contratación de personas adicionales tanto permanentes como eventuales; mejoraron la organización; y los procesos efectivos de automatización.

Reducción de jornada impactó al sector formal e informal

A decir de Ramírez, para las empresas grandes no fue tan complicado costear los cambios; sin embargo, para las pequeñas significó tomar una decisión: cerrar o volverse informales. “Cada una tuvo que tomar decisiones, pero para todos había un reto, ¿cómo hacer lo mismo con menos recursos?”, destaca.

Los expertos coinciden en que la reducción del tiempo implicó un mayor costo que impactó en el empleo formal. “En este momento la tasa de informalidad en Colombia ronda el 60%, según cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística. Eso nos lleva a concluir que la reducción de la jornada aplica únicamente para 40% de los trabajadores”, refiere Felipe Quintero.

Alertan que esto ha hecho que la formalidad laboral resulte menos atractiva, cuando el objetivo debería ser lo contrario, pero eso no es todo, ya que el sistema de seguridad social y el sistema general de pensiones también se han visto impactados por eso.

“Mientras menos personas trabajan formalmente, menos personas cotizan y menos recursos ingresan para sostener el sistema pensional; como consecuencia, el gobierno necesita mayores recursos para subsidiar ese déficit, lo que termina generando la necesidad de nuevas reformas tributarias”, resalta Quintero.

Enfatiza que, a la par se hicieron más reformas que han complicado la formalización de las empresa, lo cual se vuelve un círculo vicioso que complica la situación fiscal del país. Además, reconoce que aumentó la tasa de inspección laboral y los litigios sobre el tiempo efectivamente laborado.

Alberto Ramírez concluye que, Colombia debería preguntarse cómo elevar su productividad laboral e incrementar la calidad de vida de la población, procurando que la legislación laboral avance al mismo ritmo que el crecimiento económico pues, aunque con la nueva jornada laboral mejoró el bienestar de las personas, esto se limitó para quienes están en la formalidad.

Periodista con enfoque jurídico especializada en derechos y políticas laborales, bienestar y salud mental organizacional; egresada de la Maestría en Periodismo Político por la Carlos Septién García.

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