Lectura 5:00 min
El viento es lo que nos une en el espacio: Alejandro Escuer
Los músicos Giancarlo Guerrero y Alejandro Escuer comparten sus perspectivas sobre el par de conciertos que presentarán con la Orquesta Sinfónica de Minería en el Centro Cultural Ollin Yoliztli los días 18 y 19 de julio, con un programa que incluye piezas de Gabriela Ortiz, Chaikovski y Elgar.
Alejandro Escuer, flautista.
Hacer un altar al viento parecería un reto. Particularmente cuando ese viento lleva música.
Para el flautista Alejandro Escuer, ese reto llega este 18 y 19 de julio de la mano de Giancarlo Guerrero, director huésped de la Orquesta Sinfónica de Minería (OSM) que comandará a la agrupación como a una nave en el viento al que Gabriela Ortiz convierte en sonidos en su Altar de viento.
Se trata de una obra para flauta solista y orquesta donde, explica Escuer, el viento es el verdadero instrumento. En ello coincide Gabriela Ortiz. Ambos consideran que era una pieza que faltaba en el tríptico de colaboraciones entre ellos.
Para el flautista, el sonido se mueve en espirales a través del instrumento. La emoción del músico por volver a montar esta pieza es visible en la conversación que sostenemos.
Responde con mucha soltura, es un gran entrevistado porque la pieza es algo que siente propio, desde la perspectiva de este reportero.
Con sus palabras logra llevarnos a ese altar, conectarnos con los 4 movimientos que componen Altar de viento. La inspiración viene de los haiku de Matsuo Bashō, uno de los poetas más relevantes de la tradición japonesa.
La joya del concierto
Para el costarricense Giancarlo Guerrero, director huésped para esta ocasión, la pieza destaca entre el programa. “Es una pieza que presenta no solo el gran virtuosismo de Alejandro como flautista”, destaca, pues “presenta un reto técnico”. La orquesta no es acompañante, sino un colaborador en esta obra.
La potencia del concierto es innegable. Ortiz, resalta Escuer, ha logrado traducir el viento en sonido. Lo hace con el viento como instrumento mismo y el flautista como intérprete del mensaje sonoro contenido en el tornado; dibuja la geometría del aire desde los pulmones hasta los dedos de Escuer, a quien ha dedicado el concierto y quien lo estrenó en el Palacio de Bellas Artes.
Guerrero, quien presentó la Revolución Diamantina con la Sinfónica de Boston hace algunos años, califica el Altar de viento como una obra que destaca la voz del solista pues, explica, no hay maderas. “Trae arpa, trae percusión, trae metales, pero no tiene maderas a excepción de dos clarinetes”. “Empieza en una forma muy meditativa, utiliza técnicas muy contemporáneas; cuando la orquesta arranca, como te digo, es un colaborador de la orquesta, una segunda voz; nunca tiene un rol secundario”.
Giancarlo Guerrero, director huésped. CORTESÍA OSM
La genialidad de la multipremiada compositora es flexible. Escuer comparte que han revisado la partitura y que, de hecho, la versión que tocará con la OSM es nueva. “De la manera que escribió Gabriela Ortiz esta pieza, siempre la voz más importante, la del solista, está por encima de la orquesta”, destaca Guerrero. Además, comparte, “Gabriela permite cierto grado de improvisación, algo muy espontáneo que, para mí, lo hace mucho más interesante”.
Desde la perspectiva de Escuer, Altar de viento genera un diálogo entre solista y orquesta. “No sólo acompaña. Hay partes donde yo hago esto [toca la flauta] y la orquesta me responde”.
Escucho la pieza mientras escribo. En cada escala puedo sentir el viento correr. Incluso me cuestiono por qué no fui al estreno, qué estaba haciendo. Pero eso se corrige este fin de semana.
Horizontes diversos
Otro aliento de Alejandro Escuer es la música acusmática.
Esta, describe, es aquella compuesta para sonar en altavoces y no en actuaciones en vivo. “Hay pocos lugares para escucharla”, señala.
Algunos de los referentes más conocidos al respecto son Pierre Schaeffer, Pierre Henry y François Bayle. Escuer, por ejemplo, es autor de obras como MAQUIN-ARIAS: una obra que, explica, inicia con el engranaje de relojería y se va sofisticando y transformando en pequeños motores, máquinas industriales, de vapor y procesos de producción en serie.
En el caso de Giancarlo Guerrero, su actividad profesional se complementa como director del Festival de Grand Park en Chicago, donde presenta 10 semanas de conciertos, además de dirigir la Sinfónica de Sarasota en Florida. “Me mantengo muy ocupado, me gusta explorar compositores contemporáneos además de tocar el repertorio estándar”.
En el futuro próximo, también presentará una colaboración con Yo-Yo Ma en Carolina del Norte. “Un programa muy interesante, porque Yo-Yo toca en la primera parte el Concierto para Cello de Dvořák, pero en la primera parte hacemos El Festín de Baltasar de William Walton: una pieza impresionante para coro y orquesta”. Posteriormente, Guerrero regresa a Chicago para presentar obras de gran formato como el Réquiem de Mozart, las novenas sinfonías de Beethoven y Antonin Dvořák.
En octubre volverá a dirigir las Variaciones Enigma de Elgar, pero con la Sinfónica de Chicago.
Los conciertos, a realizarse en la Sala Silvestre Revueltas del Centro Cultural Ollin Yoliztli, este sábado 18 y domingo 19 de julio, forman parte de la ya tradicional Temporada de Verano de la Orquesta Sinfónica de Minería. En este año, el conjunto repartió los conciertos entre esa sala y el Palacio de Bellas Artes, mientras la Sala Nezahualcóyotl, su sede habitual, es remodelada.
Mientras volvemos al Pedregal de San Ángel, sigamos a Minería allá, donde nos lleve el viento.
Tome Nota
- Orquesta Sinfónica de Minería
- Temporada de Verano 2026
- Programa 3
- 18 de julio, 20h y 19 de julio, 12h
- Sala Silvestre Revueltas — Centro Cultural Ollin Yoliztli
- Director huésped: Giancarlo Guerrero
- Solista: Alejandro Escuer, flauta
- Capricho italiano — Chaikovski
- Altar de viento — Gabriela Ortiz
- Variaciones Enigma — Elgar