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Los centros de datos seguirán creciendo en México, igual que su consumo de agua
Los centros de datos seguirán creciendo en México y, con ellos, la presión sobre el agua y la energía. La industria ya transita hacia diseños de alta densidad y la administración pública afina su papel de facilitador con reglas y coordinación.

Foto EE: Archivo
La ola de inteligencia artificial (IA) está reconfigurando el mapa de la infraestructura digital en México. En 2025, los operadores, proveedores y autoridades coinciden en que el país seguirá atrayendo inversiones en centros de datos, con Querétaro como polo principal, pero también en que la expansión pone en tensión dos insumos críticos: energía y agua.
Ese doble desafío ya se percibe en los proyectos, en los costos y en los debates públicos alrededor de la sostenibilidad.
La fotografía sectorial de este año muestra una industria en transición tecnológica. Los desarrolladores están migrando de instalaciones tradicionales con enfriamiento por aire a sitios de alta densidad preparados para IA, donde el enfriamiento líquido y los sistemas avanzados ganan terreno.
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Ese giro trae una prima de costo y nuevas dependencias de cadena de suministro. De acuerdo con el “2025-2026 Data Centre Construction Cost Index” de Turner & Townsend, 83% de los especialistas consultados no ve a los proveedores listos para la tecnología de enfriamiento que demandan los clústeres de IA, y la disponibilidad de energía se asienta como el mayor obstáculo para entregar proyectos a tiempo.
“México está en una posición única para convertirse en líder en el desarrollo de centros de datos para IA. El crecimiento de Querétaro es una clara señal de confianza de los inversionistas, pero el éxito dependerá de fortalecer las cadenas de suministro y asegurar un acceso confiable a la energía”, aseguró Lloyd Wallace, director de Real Estate y líder de Data Centres en América Latina en Turner & Townsend.
De acuerdo con los especialistas, el dinamismo mexicano es innegable. Esto se ha logrado mediante la cercanía con clientes norteamericanos, conectividad internacional y políticas que, con matices, han buscado facilitar la infraestructura digital.
Querétaro concentra gran parte de la capacidad instalada por su suelo competitivo y la interlocución público-privada, aunque el crecimiento también mira a Monterrey y a otros corredores del norte. La pregunta no es si habrá más centros, sino si el país podrá balancear velocidad con resiliencia de redes eléctricas y gestión hídrica territorial.
“Los data centers son el corazón y el pulmón de la economía digital; su criticidad se aceleró con la IA y esto va a continuar”, dijo Amet Novillo, presidente de la Asociación Mexicana de Data Centers y director general de Equinix México, durante el México Digital Summit 2025.
En el debate nacional, el agua dejó de ser un tema periférico. El vector hídrico se volvió parte de la ecuación de localización, permisos y licencia social para operar. Marissa Mar Pecero, consultora en educación, transparencia y TIC sobre agua, advirtió que, antes de diseñar estrategias corporativas, hay que mirar con lupa la medición y calidad de los recursos, los escenarios de cambio climático, el estado de la infraestructura hidráulica y los marcos legales que habilitan o restringen usos industriales en zonas con estrés. La prioridad del uso doméstico, reconocida por el andamiaje normativo, obliga a planear con transparencia, datos y coordinación intergubernamental.
“Para decidir dónde instalar un centro de datos es clave saber si habrá agua, qué infraestructura existe para llevarla y cuáles son las reglas; de lo contrario, habrá conflictividad social y cuellos de botella”, dijo Pecero.
La industria, por su parte, intenta desmontar mitos y exhibir avances técnicos. Entre los operadores adquiere consenso la idea de que los sitios de última generación maximizan el circuito cerrado y reducen purgas, con analogías al radiador de un automóvil: el sistema usa agua, pero busca no “consumirla” de forma continua.
El consumo neto de un centro de datos depende del diseño, del clima y de las pérdidas inevitables, por lo que seguir indicadores específicos y reportarlos con rigor es condición para ganar confianza pública.
“El data center usa agua, pero no la consume; el uso es circulante y, una vez lleno el sistema, no vuelve a llenarse salvo mantenimiento”, explicó Rodrigo Ramírez Pino, presidente de la Cámara Chilena de Infraestructura Digital.
La discusión técnica ya no se limita al PUE (Power Usage Effectiveness). Panelistas llaman a medir con la misma disciplina el desempeño hídrico y a ajustar la tecnología de enfriamiento a la realidad hídrica local.
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El abanico disponible va desde configuraciones adiabáticas y free-air cooling en climas propicios, hasta soluciones líquidas y recuperación de agua residual tratada donde las temperaturas y la densidad de potencia lo exijan. El criterio rector es no replicar recetas de latitudes húmedas en cuencas con estrés hídrico.
“La tendencia es seleccionar enfriamiento por aire en zonas con estrés hídrico; el uso de agua puede ser mínimo si el diseño lo permite”, dijo Arturo Guerrero Gómez, director de Desarrollo Empresarial de la Secretaría de Desarrollo Sustentable de Querétaro.
El horizonte energético añade complejidad. Las proyecciones que se compartieron en foros recientes coinciden en que la IA incrementará de forma significativa la demanda eléctrica del sector. Si bien hoy se estima que el conjunto de centros de datos representa una fracción aún menor del consumo global, el crecimiento esperado a 10 años empuja a acelerar el uso de energías renovables, el almacenamiento y gestión inteligente de cargas. En la práctica, la planeación eléctrica se vuelve inseparable de la planeación de campus de cómputo.
“La sostenibilidad energética no es una restricción: es un activo competitivo. Quien pueda proveer electricidad eficiente, limpia y predecible, ganará la carrera digital”, dijo Ángel Melguizo, socio fundador de Argia Green Tech & Economics, durante el México Digital Summit.
En ese marco, México discute con reguladores y empresas vehículos como el abasto aislado, contratos de compra de energía renovable (PPA) y esquemas de cogeneración que permitan sumar capacidad limpia y certidumbre de largo plazo. Las autoridades estatales recalcan su rol de facilitadores, no inversionistas: dar certeza jurídica, ordenar el uso de suelo, acelerar trámites críticos y alinear metas ambientales con el desarrollo económico para que el “valor agregado” no sea a costa de la calidad de vida local.
“Nuestra tarea es crear condiciones: certidumbre, diálogo, infraestructura y reglas claras que protejan el medio ambiente y atraigan inversión de alto valor”, dijo Arturo Guerrero Gómez, de la Secretaría de Desarrollo Sustentable de Querétaro.
A la par, el costo de construir se mueve. Los índices comparativos sitúan a México como un mercado competitivo frente a hubs caros como Tokio o Singapur, pero advierten de presiones inflacionarias y la prima de complejidad para sitios “AI-listos”.
Ese diferencial (+7% a +10% en algunos mercados) se explica por densidades de potencia mayores, racks de alta carga térmica y soluciones de enfriamiento más sofisticadas. Para el comprador final, revisar modelos de adquisición, blindar plazos de interconexión y diseñar con eficiencia desde el día uno no es una opción, sino un seguro contra retrasos y sobrecostos.
“El 2025 es un año bisagra. Los desarrolladores están pasando de aire a líquido; prepararse para IA implica mayores costos y nuevas dependencias”, advirtió Lloyd Wallace, de Turner & Townsend.
El vector hídrico, sin embargo, seguirá en la primera línea del escrutinio social. Las cifras de disponibilidad por cuenca ilustran brechas: mientras la frontera sur muestra abundancias naturales, regiones del Bajío y el Valle de México operan con márgenes estrechos.
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En ese contexto, la recomendación que surge de la mesa público-privada es triple: más transparencia en mediciones y reportes, más inversión en infraestructura (incluida la reutilización de agua tratada) y más articulación con organismos del agua y ambiental para evitar cuellos de botella al conectar proyectos.
“No vas a escoger una refrigeración basada en agua en zonas donde el agua escasea; el diseño y la localización tienen que responder al estrés hídrico del territorio”, dijo Marissa Mar Pecero.
También hay señales de oportunidad, como el usar IA para “verdear” a la propia IA. Hay casos documentados de optimización de consumo en salas técnicas, de gestión térmica que reduce el uso eléctrico y de entrenamiento de modelos en regiones con mayor participación renovable.
Este tipo de prácticas, junto con metas voluntarias más ambiciosas que los promedios industriales (como las que firmas europeas han fijado para 2030), pueden alinear el crecimiento de la capacidad con la disminución de impactos por kilovatio y por metro cúbico.
“Vemos una IA que se hace más verde a sí misma: optimiza enfriamiento, desplaza cargas según la matriz y acelera el uso de renovables”, dijo Ángel Melguizo, de Argia Green Tech & Economics.
Los centros de datos seguirán creciendo en México y, con ellos, la presión sobre el agua y la energía. La industria ya transita hacia diseños de alta densidad y la administración pública afina su papel de facilitador con reglas y coordinación.
Sin embargo, el equilibrio no será automático, pues exigirá medir, reportar y decidir con base en datos; adecuar tecnologías al estrés hídrico y asegurar que cada nuevo megavatio de cómputo venga con un plan claro de electricidad limpia y uso hídrico responsable.





