Fue el 11 de mayo de 1997, cuando el campeón ruso Gary Kasparov perdió una partida de ajedrez contra supercómputadora de IBM Deep Blue. Gracias a este fracaso, el campeón ruso tuvo una interesante revelación sobre la relación entre los hombres y las máquinas. En cualquier sistema cerrado con un número establecido de parámetros, las computadoras siempre tendrán un mayor éxito que los humanos.

“Lo que aprendí de mi derrota con Deep Blue es que no hay manera en que podamos competir con las máquinas, porque siempre harán mejor las cosas”, dijo Kasparov durante su conferencia magistral en Jalisco Talent Land 2019.

“Para que una máquina pueda vencernos en ajedrez tienen que emular el pensamiento humano e imitar la forma en que jugamos”.

Una computadora no puede resolver un juego de ajedrez, pero comete menos errores que los humanos. Kasparov, que actualmente es miembro del consejo ejecutivo de la Fundación para la Robótica Responsable, siempre le recuerda a la gente que cuando perdió contra Deep Blue, “ésta cometió menos errores y yo cometí muchos más”.

La famosa partida entre Kasparov y Deep Blue fue un importante suceso en el campo de la tecnología y la informática. Deep Blue estaba programada para resolver un juego estratégico de ajedrez, lo que permitió a los investigadores explorar y entender los límites del procesamiento paralelo de datos. La supercómputadora de IBM, que fue un precursor de lo que actualmente es Watson, permitió desarrollar una máquina capaz de resolver problemas complejos utilizando el aprendizaje profundo gracias a que puede analizar un mayor número de soluciones posibles.

El maestro de ajedrez considera que la tecnología no es ni buena ni mala, es agnóstica y nos encontramos en una etapa aún muy temprana sobre cómo se desarrollará la relación entre el hombre y la máquina. Además, tiene una visión muy optimista sobre los alcances que se pueden lograr con la sinergía entre los humanos y las computadoras.

Hoy los humanos poseemos un mayor poder de cómputo en nuestros bolsillos que lo que tenía la NASA cuando llegó a la luna en 1969 con la misión del Apolo 11.

Kasparov considera que si se combinara la intuición, creatividad y experiencia de los humanos con la velocidad y capacidad de procesamiento de las computadoras, se puede crear una mejor relación entre el hombre y la máquina y éstas pueden tomar incluso mejores decisiones.

“Cuando una computadora se imponga en una prueba contra los humanos, ese será el día en que las máquinas escribirán un nuevo capítulo en la ciencia”, agregó.

El campeón de ajedrez considera que hemos sido malinfluenciados por Hollywood y su retrato de las malévolas computadoras y los robots asesinos. “Las máquinas no necesitan un gran poder de cómputo, necesitan de la creatividad humana”.

Hablemos de inteligencia artificial ¿Hasta dónde podemos llegar?

Muchas de las operaciones diarias que se realizan a través de dispositivos digitales son posibles gracias a la inteligencia artificial (IA).

Suraj Shinde, director del Everis Digital Lab, especializado en IA, en su artículo “Hablemos de inteligencia artificial ¿Hasta dónde podemos llegar?”, se pregunta si en algún momento podremos dejar que la IA avance por sí misma en un rumbo autónomo, independiente del alcance humano.

“Hay todo un universo de ideas y conceptos que envuelven al mito de este campo del conocimiento. Sin embargo, la noción que mejor acota las posibilidades de esta tecnología va encaminada en entenderla como un proceso de aprendizaje a través de códigos previamente programados, y a la vez diseñados para flexibilizar su capacidad de retención para tareas específicas.

“Por ejemplo, es posible detectar emociones e inconsistencias discursivas cuando aplicamos la IA, ya sea mediante el análisis de una imagen, un audio, o bien, la conjunción de ambos en un material audiovisual”, escribió Shinde en el texto puesto a disposición de El Economista.

Los comienzos de la IA se remontan a los años cincuenta del siglo XX, “cuando investigadores norteamericanos del Dartmouth College comenzaron a trabajar en un proyecto enfocado en replicar la percepción humana, pretendiendo simular su capacidad cognitiva”, informó el especialista.

Actualmente, el alcance que tiene la IA a través de sus diferentes usos en la industria determina la técnica que debe implementarse para un proceso específico, así como la limitante que deberá establecerse, tomando en cuenta el objetivo principal al que se busca llegar.

“Si lo que se busca es determinar una emoción humana, será necesario focalizar el aprendizaje e interpretación de códigos a rasgos que nos permitan entender un estado de ánimo, es decir, si queremos que la IA pueda reconocer si una persona está dormida o despierta, debemos delimitar los puntos de referencia faciales que nos ayudarían a llegar a dicha conclusión”, sostuvo el autor.

La IA aún no es completamente independiente al momento de buscar soluciones por conciencia propia, afirmó Shinde. Aún existen limitantes para esta tecnología, incluso si retomamos nuevas técnicas de procesamiento como el deep learning, que tiene como fin hacer un análisis a través de un proceso de aprendizaje automático que utiliza redes neuronales (concepto simulado en redes computacionales), para clasificar ciertos códigos y patrones.

“¿Cuáles son los límites de la inteligencia artificial?”, se preguntó el especialista. “Actualmente, gracias al constante desarrollo tecnológico, sería inexacto afirmar que existe un límite definido en el campo de la inteligencia artificial. Si bien es correcto que aún hay áreas de oportunidad que pueden ahondar en la investigación especializada para optimizar el rendimiento de la IA en la industria, el desenvolvimiento de esta tecnología en los sistemas computacionales ha alcanzado una posición de inmensa relevancia para los mercados, los cuales dependen de sus capacidades para operar de manera habitual”.

Los esfuerzos de investigadores y científicos computacionales no dejan de recoger resultados interesantes, así como una ola de nuevas aplicaciones en múltiples sectores.

Por último, Suraj Shinde señaló que “no debemos olvidar que el origen de la inteligencia artificial se remonta a la intención que se tenía por replicar las actividades intelectuales de un ser humano, es decir, intentar replicar el cerebro humano tal cual, haciendo uso de circuitos, PCB y otros recursos electrónicos”. (Con información de Redacción)

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