En su informe anual, el Consejo de Estabilidad del Sistema Financiero (CESF) revela que, como resultado de las pruebas de estrés aplicadas a los diferentes intermediarios, el sistema en general muestra un perfil de capitalización resiliente, capaz de afrontar condiciones macroeconómicas estresadas.

No obstante, precisa, dentro del sistema bancario, ante un escenario adverso se detectó un faltante de capital para seis instituciones, las cuales, sin embargo, en conjunto representan sólo 0.6% de los activos a septiembre del 2019.

El CESF precisa que las pruebas de estrés corresponden al ejercicio 2019, y no se contemplan por lo tanto factores relacionados con la pandemia del Covid-19, aunque sí registra posibles escenarios adversos como los actuales.

Lo que sí se incorpora, en un apartado distinto, es un análisis de sensibilidad realizado sobre la cartera de crédito de las instituciones de banca múltiple que se construye con base en un escenario económico adverso que considera proyecciones de las variables macroeconómicas bajo la perspectiva de la pandemia Covid-19, con el objetivo de detallar su posible efecto.

En relación con las pruebas de estrés para el sector bancario, en su conjunto muestra un perfil de capitalización resiliente que es capaz de afrontar condiciones macroeconómicas estresadas. Al cierre del periodo de proyección del ejercicio (diciembre 2021), en ambos escenarios supervisores (base y adverso) el Indice Capitalización (ICAP) promedio es de 16 por ciento.

El documento agrega que como principal respuesta de la banca múltiple ante los impactos negativos generados por los movimientos en las variables macroeconómicas, se observó la contracción en las estimaciones de crecimiento de la cartera y la reducción en el monto de dividendos pagados.

Sin embargo, el escenario adverso presentó un menor ICAP que el del escenario base, derivado del crecimiento más limitado de la cartera crediticia que generó que los ingresos se contrajeran y que, aunado a los mayores gastos en estimaciones preventivas para riesgos crediticios, provocaron una disminución en las utilidades generadas, lo que impactó en un capital neto menor.

En ningún caso se identificaron riesgos de contagio con impacto sistémico.

Otros revelaciones de las pruebas de estrés a la banca son: una concentración de acreditados en 12 instituciones y de depositantes en 14.

Respecto al ejercicio de sensibilidad para medir el impacto en la cartera de crédito de la pandemia y una vez proyectadas las pérdidas esperadas, el CESF destaca que aproximadamente 55% de las reservas preventivas adicionales de la banca, estuvo asociado a la cartera de consumo; cerca de 9% a hipotecas; alrededor de 20% a corporativos y 11% a pymes.

Derivado de ello se observó una caída en el ICAP del sistema, pero manteniéndose por arriba de la regulación.

Se observó que tanto en marzo como en junio del 2021, tres entidades caerían por debajo de 10.5% que marca la regla, pero dichas entidades representan 0.3% de los activos del sector bancario, y en ninguno de los dos escenarios, se proyecta que alguna entidad caiga por debajo de 8 por ciento.

EL CESF hizo otro ejercicio de sensibilidad, pero éste con el objetivo de medir los posibles efectos en las reservas preventivas de las carteras de nómina, personal, automotriz, hipotecaria, tarjetas de crédito y pymes, que podrían observarse una vez que termine el plazo de gracia que fue otorgado para los créditos amparados por criterios contables especiales.

El escenario más extremo supondría que todos los créditos amparados por el programa, caen en cartera vencida.

Los resultados indican que aproximadamente 30% del posible incremento en las reservas para cada escenario fue ocasionado por el portafolio de tarjetas de crédito, 20% por cartera de nómina; 15% por créditos personales; 13% por la cartera hipotecaria; 15% pymes y 8% automotrices.

Aún en el escenario mas adverso, el ICAP de la banca quedaría en 14.9% y sólo tres entidades caerían por debajo de 10.5 por ciento.

eduardo.juarez@eleconomista.mx