Adolfo Cano, el fundador de la plataforma digital de contenido Cultura Colectiva, busca impulsar el aún incipiente pero creciente ecosistema cripto en México. Para ello, informó en entrevista exclusiva con El Economista, fundó la compañía NZT Capital, negocio con miras a catapultar a otras “cripto-empresas”.

“Nuestra misión es empoderar, con herramientas como la inteligencia artificial quant, el potencial de cada individuo que quiera entrar en este mundo. Lo hacemos con tres aristas: 1) educación y entendimiento 2) empujándoles de forma orgánica y 3) vehículos con los que se puede invertir a largo plazo”, explicó.

Vehículo de inversión

El primer vehículo de inversión de NZT Capital se alza en una tesis creada por su equipo, que toma como base las DeFi (término empleado por los entusiastas de las criptomonedas para referirse a las finanzas descentralizadas). Se trata de un vehículo de capital abierto y que invierte en tres áreas clave de DeFi.

Un fondo de capital abierto open end es uno que no tiene restricciones en la cantidad de inversionistas permitidos. Si su demanda es lo suficientemente grande, continúa emitiendo participaciones de forma indefinida. Los fondos abiertos recompran esas participaciones cuando sus inversionistas desean vender.

Los tres puntos de las finanzas descentralizadas en los que invierte con esta tesis son:

  1. Infraestructura
  2. Conectividad
  3. Apalancamientos, como los préstamos y la liquidez, entre otros.

NZT destina el capital a proyectos con altcoins prometedoras para perseguir rendimientos de largo plazo en Bitcoin.

Con su vehículo de inversión, dijo Cano, ayudan a que otras cripto-empresas crezcan y a que más personas conozcan del mundo cripto para así beneficiarse de un crecimiento que, consideró, apenas inicia: “Estamos como en 1998, cuando empezó Google y 2024 será lo que fue 2007 para internet”, aseguró.

Valuación, logros y expectativas

La tesis de NZT Capital fue planteada sobre DeFi, una de las áreas del mundo cripto que, según sus adeptos, tiene uno de los futuros más prometedores de todo el ecosistema. Este futuro se ha visto traducido, dijo, en un rendimiento que le ha dado en menos de un año a la compañía de Cano casi 100 clientes.

Y fue este desempeño el que, a 11 meses de operación, llamó la atención de un fondo de capital privado español que adquirió menos de 5% de NZT Capital, con unos términos de valuación de 10 millones de dólares. "Esto nos permite pensar en dos nuevas herramientas para hacer crecer el mercado cripto".

El primero de estos vehículos se enfoca en la tecnología quant y buscaría “aprovechar el bear maket [tendencia bajista en los precios del mercado]”. La segunda de sus dos formas nuevas de inversión es un producto que impulsaría a empresas que busquen innovar en la tecnología Blockchain como en NFT.

En inversiones, la tecnología quant es también conocida como “inversión fría”, pues se basa en las matemáticas y la estadística. Tiene el único objetivo de destinar el capital a las opciones que aspiren a obtener las mayores rentabilidades en su mercado, con un riesgo calculado que responde a algoritmos.

Mercado en construcción

Sobre las recientes caídas en los precios de las criptomonedas, el empresario dijo que es propio de nuevos mercados mostrar estos comportamientos, pero que su capacidad y su crecimiento no se pueden negar. Sólo desde noviembre de 2020, el valor de mercado de criptodivisas creció más de 550 por ciento.

“Cripto es un ecosistema que [la comunidad] estamos construyendo y nosotros pensamos que esta tendencia se incrementará de la mano de la generación Z y la que le sigue, porque ellos nacen con la conectividad, con TikTok e Instagram. No van a esperar una hora en un banco si hay Bitso o Binance”, añadió Cano.

NZT Capital, afirmó el empresario, camina de la mano con la enseñanza y el crecimiento, “porque la información sobre el ecosistema cripto es tan amplia que suele ser complicado explicarla. Cuando comienzas te bannea (restringe). Por eso esta empresa nació como un proyecto orgánico que empuje la adopción”.

jose.rivera@eleconomista.mx