En reflectores pero sin protagonismo, Adalberto Palma Gómez, presidente de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), “quiere hacer la diferencia” y profundizar la inclusión financiera.

Convencido de que estamos ante un momento de cambio, y de oportunidades, nuestro entrevistado comparte por qué aceptó presidir el máximo órgano regulador del sistema financiero mexicano.

Palma es ingeniero bioquímico por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), y cuenta con amplia experiencia en el sector financiero, el ámbito bursátil y la banca de inversión.

Creció en una familia de militares y numerosa, en donde la disciplina fue el eje de formación.

Palma Gómez forjó una trayectoria de más de cuatro décadas en el sistema financiero del país, desde distintas trincheras, como en Banamex, Citibank, Bankers Trust, Unión de Instituciones Financieras Mexicanas (UNIFIMEX), el Instituto para la Protección al Ahorro Bancario (IPAB) y The Aspen Institute México. También nos compartió su relación con el IMEF. El funcionario, aficionado al futbol y con la camiseta del Atlante puesta, cree que la competencia en el sistema financiero también debe jugarse en una cancha pareja. Esto fue lo que detalló durante este encuentro.

—Fernando López Macari (FLM): ¿Cómo pasa un ingeniero bioquímico de la tabla periódica a los tabuladores bancarios?

—Adalberto Palma Gómez (APG): Mi primera relación con el sector financiero fue cuando mi padre trabajó en Banamex, directamente, con don Agustín Legorreta, como encargado de su seguridad. Fueron periodos interesantes y de agradecimiento. En casa me enseñaron que había tres cosas importantes: la lealtad, la honestidad y el agradecimiento. Estudié en el ITESM Ingeniería Bioquímica. Cuando terminé, don Agustín me apoyó para estudiar la maestría en Economía Internacional de Alimentos, en Cornell University, en la cual soy candidato a Maestro.

Me uní a un proyecto de comercio exterior de don Agustín. Encontramos un nicho interesante y, orgullosamente, soy responsable del primer embarque de aguacates mexicanos de exportación a Europa, en 1981. Renuncié a raíz de la nacionalización de la banca y llegué a Citibank en un proyecto similar de comercio exterior.

Para efectos prácticos en ese momento pasé de bioquímico a banquero.

Durante 1994, el TLC abrió la oportunidad para que entidades financieras vinieran a México a hacer negocios. Fui presidente de Bankers Trust, que abriría una casa de bolsa y una casa de cambio en México y dirigí los negocios en Colombia y Venezuela hasta 1998.

El presidente Ernesto Zedillo me propuso para ser parte del IPAB, como vocal independiente de la Junta de Gobierno. Fui ratificado por el Congreso a mediados de 1999 y renuncié en 2003. Luego me especialicé en gobierno corporativo y por 11 años presidí la UNIFIMEX.

—FLM: ¿En qué momento te encuentras con el IMEF?

—APG: Después de que salgo del IPAB, en el periodo de veda. Desde el principio fue muy interesante, porque encontré a gente con mucho talento, con ganas de hacer cosas distintas y creativas. Fundé una consultora, Aperture SC, desde la cual ofrecí consultoría en Gobierno Corporativo. En el IMEF formamos el Comité de Gobierno Corporativo y también participé en el establecimiento del Comité de Microfinanzas. Siempre he estado cerca y he asistido a sus foros. La relación con el IMEF siempre la he respetado, por eso soy parte de él.

—FLM: ¿Cómo consideras que el gremio financiero puede detonar el crecimiento del país?

—APG: En mi cabeza siempre había estado la necesidad de que en el país se hicieran cosas distintas. A mí siempre me pareció que el ahora presidente de la República Mexicana, Andrés Manuel López Obrador, representaba esa oportunidad. Al hoy presidente lo conocí en 1999, por cuestiones circunstanciales. En 2006 colaboré con Rogelio Ramírez de la O, amigo y consultor, para elaborar el Plan de Gobierno del entonces candidato, AMLO, en el apartado del Sistema Financiero. La historia del 2006 es muy conocida.

Hace dos años, el entonces candidato le pidió a Alfonso Romo, hoy jefe de la Oficina de la Presidencia, que hiciera el Plan de Nación y colaboré en él, de nuevo, con Rogelio Ramírez de la O y con Adrián Rodríguez Macedo.

Las cosas y las circunstancias no habían cambiado mucho de las de 2006. En ese momento era director ejecutivo en The Aspen Institute México. Se organizó un grupo de trabajo para elaborar el Plan de Nación donde propusimos revisar la arquitectura del sistema financiero.

El resultado es que hoy podemos preguntarnos qué podemos hacer mejor o diferente sin olvidar la condición sine qua non del Sistema Financiero: la estabilidad.

La visión fue no tratar de inventar el hilo negro, sino hablar con los que viven la industria y saben de ella. En la CNBV debemos supervisar casi 5,000 instituciones, con vehículos legales distintos y 70 industrias vinculadas al sector financiero, desde bancos, centros cambiarios y hasta Sociedades Financieras Populares (Sofipos) y Sociedades Financieras de Objeto Múltiple (Sofomes).

Estos gremios nos están acompañando para trabajar en el análisis de lo que deberíamos estar haciendo.

Lo mismo que especialistas internacionales, como los del Banco Mundial, FMI, BID y la OCDE, para conocer experiencias de otros países. Somos supervisores y la discusión gira sobre un eje central que es el tema de inclusión financiera.

Esta administración busca reconocer que tratar igual a desiguales es inequitativo, por eso, la oportunidad es analizar las condiciones que pudieran aterrizar en una eventual regulación diferenciada, sin privilegios y reconociendo los distintos modelos de negocios.

—FLM: ¿Cuál crees que será tu mayor aportación cuando salgas por esa puerta?

—APG: Para mí, todos los días son como si fuera el primero, pero también todos los días son como si fuera el último. Mi motivación es diaria. Espero poder lograr la diferencia para alguien. Y hacer esta diferencia significa —para mí— potenciar el que las cosas sean mejores. Esto, en este caso, que alguien que no tenía la oportunidad de acceder al sistema financiero, a partir de ahora la tenga y que la arquitectura del sistema financiero contribuya al crecimiento y al bienestar del país.

inclusión financiera no es más que inclusión social y este país lo necesita, así debemos entenderlo.

En el pasado se discutía si lo correcto es bancarización o inclusión. Bancarizar es tener más sucursales y más tarjetas de crédito. Pero esto no necesariamente lleva a la inclusión, que es otra avenida más relevante.

—FLM: ¿Habría sido más fácil decir “no” a la invitación de presidir la CNBV?

—APG: Tal vez hubiera sido más cómodo. En realidad, nunca busqué un puesto en el gobierno, sino contribuir, dar ideas y comprometer mi tiempo. Antes de presidir la CNBV estaba a gusto en The Aspen Institute, mi decisión de vida estaba prácticamente tomada.

Un día me llamó el entonces presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, para invitarme a trabajar con él. Honestamente, no estaba preparado para la llamada, ser funcionario público implica un gran compromiso. No es pequeña cosa. Es asumir responsabilidades que no se pueden tomar con ligereza, ni en lo personal ni en lo profesional.

Lo platiqué con mi familia. Para eso, tenía una visión de sector financiero porque había trabajado en el Plan de Nación; ahora estoy aquí. No fue un proceso sencillo de toma de decisión, pero son oportunidades que no pueden dejarse pasar. En retrospectiva, ahora sé que no podía negarme ante la oportunidad de hacer la diferencia y contribuir a la 4T, con un mandato claro, una estrategia compartida y contando con el recurso humano necesario.

—FLM: ¿Crees que el tiempo jugará a favor de esta misión?

—APG: Si por el tiempo te refieres al ambiente, sin duda, porque hay retos importantes y uno de ellos es el recurso humano. Una organización que no tiene un recurso humano motivado, capacitado, comprometido y con una memoria institucional hace muy difícil las circunstancias. Lo que he encontrado aquí es un personal comprometido, con buena memoria, con talento institucional.

No es fácil. Por un lado, estaba la percepción de que la cosas estaban tan mal que habría que hacerlas desde el principio y, sin embargo, encontré una memoria institucional admirable y un talento comprometido.

—FLM: ¿Qué le pedirías a la comunidad financiera?

—APG: Persistencia y convicción de que el país necesita dejar de ser un lugar con oportunidades para unos pocos. Ahora se trata de ampliarlas. Comprometámonos con los que dijeron el año pasado: “Señores, cambiemos”.

Cambiar no significa que cambie el otro, el cambio empieza por uno y no es sencillo. El reto es ¿cómo cambiar antes de exigirle al otro que cambie? Es un tema sistémico. Por ejemplo, la corrupción es sistémica y podemos quedarnos con el pensamiento de que “así es la vida” y no hacer nada, pero eso no aporta.

—FLM: Déjanos con un autor, un libro y una frase.

—APG: Colaborar con el enemigo: ¿Cómo trabajar con quien no estás de acuerdo, no te agrada o no confías?, de Adam Kahane. Este libro, porque nos urge la reconciliación. No soy historiador, pero no puedo recordar ninguna instancia en nuestra historia donde, luego de una confrontación social, haya habido reconciliación, ha prevalecido la cooptación o el avasallamiento.

El lingüista Noam Chomsky y el filósofo austríaco Ludwig Wittgenstein.

Una frase para recordar. Mi epitafio: “Reivindicó el espejismo de intentar ser uno mismo”, de la canción La Belleza, de Luis Eduardo Aute.

—FLM: El IMEF agradece tu tiempo y el mensaje que quieras trasmitir.

—APG: El IMEF tiene un papel muy importante para contribuir a la diferencia que la sociedad demanda porque siempre ha sido constructivo y propositivo. Hay una gran oportunidad para que ponga sobre la mesa lo que cree que se debe hacer en el sector financiero. ¡Bienvenidos! Aquí los escuchamos.