Cuando la empresa se humaniza y se entiende la cultura y el liderazgo (desde los comportamientos, actitudes y emociones individuales, grupales y colectivas), los resultados se logran con mayor facilidad y son más productivos; además, el entendimiento, las relaciones y los ambientes de trabajo generan pasión y compromiso entre los colaboradores, elementos indispensables para contar con una estrategia, un equipo de trabajo alineado, un sistema de gestión con visión, una organización focalizada y el recurso humano idóneo para medir, dirigir, ejecutar y actualizar a la empresa en estos tiempos.

Pero ¿cómo logra una empresa de cualquier tamaño y giro tomar la delantera hacia una verdadera cultura de transformación para ser más competitiva, productiva y rentable en la nueva realidad caracterizada por la incertidumbre?

La previsión estratégica es parte de la respuesta porque es una práctica que ofrece un camino a seguir. Su objetivo no es predecir el futuro, sino hacer posible imaginar múltiples futuros en formas creativas que aumenten nuestra capacidad de sentido y adaptación a lo que suceda en los próximos años. Nos ayuda a averiguar qué pensar sobre el futuro.

De ahí que deba existir el “Trabajador Cuervo”, es decir, un nuevo tipo de trabajador, empleado y/o ejecutivo que necesite crearse para formar esos escenarios imaginables que le permitan responder de forma inmediata, oportuna y flexible a las demandas del mercado, de la organización, de los clientes y proveedores, de los equipos, etc.

El nombre de “Trabajador Cuervo” está basado en las mitologías griega y romana en las que el cuervo era símbolo del futuro, y utilizado en los augurios, presagiaba buenas o malas noticias. En nuestra realidad se trata de un recurso humano que pueda identificar las fuerzas que conformarán las condiciones futuras del mercado y su funcionamiento; explorar cómo pueden interactuar esos conductores; imaginar una variedad de futuros plausibles; revisar y cuestionar los modelos mentales del presente sobre la base de esos futuros para diseñar posteriormente estrategias que preparen a la organización para lo que el futuro realmente trae.

Olvida lo que sabes

En la nueva realidad, las organizaciones que quieren sobrevivir están pasando por cambios profundos como la adopción de herramientas tecnológicas, búsqueda de nuevos modelos de negocio, disrupción digital y la gestión del talento humano. Ante este escenario los modelos tradicionales de administración del cambio —Kotter, Prosci, el sistema Satir, las ideas de Kurt Lewin, el modelo Kübler Ross— se podrían considerar obsoletos.

John Kotter escribió en Leading Change: “En pequeñas empresas o en unidades de negocio pequeñas los primeros resultados se necesitan en seis meses. En organizaciones grandes se tienen que empezar a ver en dieciocho meses”. En la nueva realidad en la que el uso de la tecnología, el teletrabajo, la inmediatez de respuestas al mercado, entre otros muchos aspectos, se han hecho presentes ese tiempo no es posible, por eso se requiere del cambio ágil y participativo.

Jason Little en su libro Lean Change Management, sugiere, que en lugar de empezar con diagnósticos invasivos que pueden durar meses, se inicie por descubrimientos (insights) sobre oportunidades de mejora; después, plantea tener conversaciones donde se encuentren opciones de solución (“en vez de hacer X, podríamos hacer Y”) para que finalmente se corran experimentos donde se piloteen esas opciones. “Si el experimento funciona ¡listo!, ya lograste un pequeño cambio y así sucesivamente hasta llegar a la transformación deseada, al nivel organizacional esperado”.

Por las condicionantes de la nueva realidad es importante institucionalizar la imaginación en la organización, así se permitirá a los ejecutivos y empleados lograr una gestión estratégica flexible donde la visión, misión y valores organizacionales sean el eje de conducción entre sus acciones en el presente y su pensamiento sobre el futuro. Lo que es requerido de manera inmediata, no es sólo la imaginación, sino la Institucionalización de la imaginación, la esencia de la previsión estratégica.

 Miguel A. Casillas es Asesor Patrimonial & Negocios, Coach empresarial-sistémico.