El incremento de la delincuencia organizada en México es resultado de la debilidad institucional, concluye el Índice de Paz México 2018 (IPM), e indica que el 2017 fue el año más violento del que se tiene registro en el país, mostrando un deterioro de 10.7 % con respecto a su registro del año previo. Asimismo, las cifras de la violencia colocaron a México en la posición 140 de 163 países en el Índice Global de Paz 2018 (IGP). Ambos estudios son elaborados por el Instituto para la Economía y la Paz (IEP).

El Índice de Paz México examinó tres grandes rubros: las cifras de la violencia, los costos económicos de la violencia y el estado de los aspectos que contribuyen a la paz como las “actitudes, instituciones y estructuras que crean y sostienen a las sociedades pacíficas”.

Las cifras de la violencia en el país

En el primer rubro, uno de los hallazgos del IPM señala que en México se registraron 29,000 asesinatos en el 2017 —la cifra más alta en décadas—, lo que implicó un aumento de 25% con respecto al 2016. Sin embargo, del total de los homicidios del 2016, sólo la mitad se pueden atribuir al crimen organizado, tendencia que sigue en el 2017. Esto se debe, explica el estudio, a que la estrategia del Estado mexicano de dejar acéfalas a las organizaciones criminales ha tenido como efecto que muchos de sus miembros regresen a la delincuencia común, disparando los niveles de violencia en otros ámbitos de la sociedad. “Un débil Estado de derecho y los altos niveles de impunidad sostienen esta tendencia”, apunta el estudio.

Aparejada a la escalada de cifras de la violencia del crimen organizado y la delincuencia, el estudio señala que la violencia intrafamiliar aumentó 32% durante los tres años previos a diciembre de 2017.

El IPM establece un ranking de estados, cuya jerarquía va del que presenta los menores índices de violencia al que observa los mayores. Así, y en orden descendente, Yucatán, Tlaxcala, Campeche, Coahuila y Chiapas son las entidades menos violentas. Del otro lado, y en orden ascendente, son Zacatecas, Colima, Baja California, Guerrero y Baja California Sur, las cinco entidades con los mayores niveles de violencia.

Mientras Yucatán —el estado con las cifras asociadas a la violencia más bajas— presenta la menor tasa de homicidio de México y la tercera tasa más baja de delitos con violencia, en Baja California Sur —la entidad más violenta en el 2017— la tasa de homicidio se triplicó al pasar de 34 homicidios por cada 100,000 habitantes en 2016, a 94 homicidios a finales de 2017, y ostentó la cuarta tasa más alta de homicidio múltiple del país (1.3 víctimas por investigación el año pasado).

Costos económicos de la crisis de violencia

Por lo que toca a los efectos de la violencia en la economía, el IPM muestra que en el 2017 éste ascendió a 4.72 billones de pesos o 21% del Producto Interno Bruto (PIB). La cifra es ocho veces mayor que la inversión pública en salud y siete veces mayor que la inversión en educación en 2017. “Esta cifra representa un aumento de 15% respecto a 2016 y refleja el deterioro del país en términos de paz”, indica el estudio.

Sobre el cálculo del costo económico resultado de la violencia, en el IPM se explica que se cuantifica a partir de los daños materiales, lesiones físicas o trauma psicológico derivados de los incidentes violentos, así como los efectos del miedo a la violencia que alteran el comportamiento de la economía, “al cambiar los modelos de inversión y consumo, pero también al desviar los recursos públicos y privados de las actividades productivas y dirigirlos a medidas de protección”.

Paz Positiva

Lo observado en los ocho diferentes indicadores del análisis en el rubro de Paz Positiva permiten concluir que la ciudadanía en su conjunto hace lo necesario para ir a una sociedad en paz, pero no así el Estado. En los cinco indicadores que evalúan el desempeño de la sociedad, y que son: entorno empresarial sólido, altos niveles de capital humano, buenas relaciones con los vecinos, distribución equitativa de los recursos y aceptación de los derechos de los demás, el estudio señala que todos han progresivamente mejorado desde que el IPM inició en el 2013.

Por el contrario, los indicadores que examinan el desempeño del Estado, y que son: buen funcionamiento del gobierno, bajos niveles de corrupción y libre flujo de información, la puntuación alcanzada señala un desempeño deficiente por parte del gobierno mexicano. Esto es preocupante, pues según el estudio es lo que posibilita la acción del crimen organizado. “Los pilares en los que el desempeño de México fue deficiente son característicos del tipo de debilidad institucional que permite un incremento de la delincuencia organizada”, sentencia el estudio.

Posición 140 en el Índice Global de Paz

En lo que toca al Índice Global de Paz que evalúa a 163 países, la nación más pacífica del 2017 fue Islandia, seguida de Nueva Zelanda, Austria, Portugal y Dinamarca. En el otro lado del espectro, Siria, que pasa por una guerra civil que ha generado una crisis humanitaria de implicaciones globales, fue el país que presentó los mayores niveles de violencia. El top 5 de países más violentos lo completaron Afganistán, Sudán del Sur, Irak y Somalia. México se ubicó en la posición 140, entre Etiopía y Palestina; la primera nación pasa por un conflicto derivado de una disputa territorial entre etnias, mientras que la segunda está en un conflicto con Israel que lleva poco más de 60 años, luego de que la ONU decidiera partir el territorio palestino en dos partes para crear el Estado de Israel.

México, indica el IGP, se ve aquejado por el “narcotráfico transnacional”. Los efectos del crimen organizado se acentuaron luego de que Felipe Calderón, presidente de México en el periodo 2006-2012, le declarara la guerra al narcotráfico, estrategia que luego cambiaría a combate al narcotráfico, y que seguiría su sucesor, Enrique Peña Nieto.

La primera medición en México del Instituto para la Economía y la Paz —un think tank con sede en Sídney, Australia, y oficinas en Nueva York, Ciudad de México y La Haya— data del 2013. La primera publicación del Índice Global se realizó en el 2007.