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La verdad sobre el calentamiento global

Gabriel Quadri de la Torre | Verde en serio
Nuestro planeta está en una ruta potencialmente catastrófica de calentamiento global, dado que hemos provocado un desequilibrio térmico en la Tierra. Hoy en día entra más energía de la que sale reflejada el espacio. La Tierra recibe del sol radiación ultravioleta, luz visible e infrarroja. La radiación ultravioleta es absorbida en gran parte por el oxígeno y el ozono de la atmósfera, mientras que la infrarroja calienta todo el planeta. La radiación total promedio recibida por la Tierra en el tope de la atmósfera es de 340 watts por metro cuadrado (340 W/m2). Aproximadamente el 30% se refleja inmediatamente al espacio como albedo y 70% se absorbe en su mayoría en los océanos. El albedo es generado en gran medida por el reflejo de las nubes, y de partículas y aerosoles que flotan en la atmósfera, así como del hielo de los casquetes polares. El 70% de la radiación o energía que se absorbe y calienta al planeta debe después reflejarse al espacio en forma de radiación infrarroja para mantener su equilibrio térmico. Los humanos hemos roto ese equilibrio al emitir a la atmósfera grandes volúmenes de gases de efecto invernadero, destacadamente, bióxido de carbono (CO2) por la combustión de combustibles, deforestación, y otras actividades. El CO2 y otros gases de efecto invernadero producen un forzamiento radiativo de la Tierra aproximado de 3 W/m2 adicionales a los 340 W/m2 que aporta el sol; de estos, el planeta refleja al espacio sólo 2 W/m2, ya que no está en equilibrio, lo que arroja un desbalance térmico de 1 W/m2. Esto provoca el calentamiento global. El desbalance se ha duplicado en lo que va del siglo XXI y continúa aumentando. Es así que la temperatura de la Tierra ya se ha incrementado en más de 1.5°C desde fines del siglo XIX y se proyecta que el aumento promedio hacia el año 2100 sea de entre 2°C y 5°C dependiendo de la trayectoria que sigan las emisiones de CO2, y de la propia sensibilidad del clima (“climate sensitivity”). Las consecuencias podrían ser dantescas. El CO2 absorbe en la atmósfera el calor o la radiación infrarroja que de otra forma reflejaría la Tierra hacia el espacio, por el comportamiento cuántico de la molécula. Esta molécula vibra con longitudes de onda muy similares a la radiación infrarroja (o calor) que refleja la Tierra, lo que hace que sea absorbida por ella, impidiendo que salga al espacio. Así, se calienta la atmósfera, y de manera consecuente, los océanos, a través de complejas interacciones entre ambos. Se trata de un fenómeno físico inapelable. El CO2 emitido por una central eléctrica de gas de ciclo combinado (300 kg de CO2 por Megawatt hora) atrapa a lo largo de su vida en la atmósfera mil veces más energía que la generada al quemar el gas en la propia central. Es decir, los humanos tienen la capacidad de alterar profundamente procesos planetarios; no es megalomanía ni alarmismo, es simplemente física. Al calentarse océanos y atmósfera se alteran patrones de lluvia, se agudizan inundaciones y sequías, y cambian corrientes marinas y procesos atmosféricos, algo que causa inusitados sistemas de alta presión, y domos, ondas de calor e incendios forestales infernales, como las que vive actualmente Europa. Se calienta con mayor rapidez el Ártico, cuyos hielos se derriten, lo que reduce la reflexión de luz solar y el albedo. El derretimiento de suelos congelados o permafrost potencia el problema. El fenómeno de El Niño se exacerba y trastorna prácticamente todo el clima del planeta. Es así que, al parecer, 2026 será el año más caliente jamás registrado.
Dado este escenario, es preocupante que el albedo del planeta disminuya, agravando el calentamiento global. La tierra se “oscurece” (“global dimming”). Si hay una menor reflexión o albedo, hay una mayor absorción de energía en la Tierra, un mayor forzamiento radiativo y, por tanto, un mayor desequilibrio o desbalance térmico. La Tierra se calienta más rápido. El albedo ha disminuido, paradójicamente, por el éxito de políticas contra la contaminación atmosférica, lo que ha implicado la reducción de partículas y aerosoles de azufre que reflejan la luz solar al espacio. También, el propio calentamiento global ha hecho contraerse los hielos polares (el mar obscuro absorbe mucha energía y reduce el albedo), y el tipo de nubes sobre los océanos, cuyos efectos son inciertos. En el Pacífico occidental se desarrollan ahora nubes más altas que transmiten o radian más energía al espacio, pero al mismo tiempo, el vapor de agua absorbe calor y calienta la atmósfera. El balance neto de todo esto es motivo de polémica entre científicos, armados de modelos increíblemente poderosos. Pero apunta a que los escenarios de aumento en la temperatura (Sensibilidad del Clima) han sido subestimados, lo cual es alarmante. Es probable que la temperatura pueda incrementarse hasta 5°C, algo catastrófico. Obviamente hay una terrible crisis climática en desarrollo, pero también, una crisis de incertidumbre en la ciencia del cambio climático.

