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Opinión

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Nos estamos haciendo chiquitos II

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Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas

Jonathan Ruiz Torre

Somos como el perrito de Pavlov. El presidente de Estados Unidos habla sobre el tratado comercial de Norteamérica e, inmediatamente, gruñimos y formamos una ola de especulaciones, casi por instinto.

En esencia, ¿qué ha cambiado? Llevamos ya 19 meses pensando en la catástrofe que supondría el fin del T-MEC. ¿Y?

Poderoso y todo, el presidente Donald Trump no se manda solo. No porque no quiera, sino porque hay mucha gente que hace negocios más grandes que los que él hizo o hace. Y esa gente no está inmóvil.

Ayer, su gobierno impuso nuevos aranceles a México. ¿Y? ¿Cuál fue la repercusión? El termómetro del dólar marca 17.50 pesos.

Las medidas y los golpes que han venido del norte durante estos meses no afectan el gran intercambio comercial entre las dos naciones.

El arancel de 10% impuesto ayer a México y a otros países sí puede tener impacto sobre negocios específicos aquí: automóviles que no cumplan con el porcentaje mayoritario de fabricación regional, por ejemplo. Son una minoría, acaso.

Pero no tiene efecto sobre la base en la que descansa el grueso de las exportaciones nacionales.

Porque no hay borracho que coma lumbre. Vaya, hasta los grandes planes de inteligencia artificial de los vecinos dependen, al final de cuentas, de electricidad conducida por cables y transformadores fabricados, en buena medida, en México.

He venido escribiendo desde hace tiempo al respecto: la esencia de las relaciones comerciales no va a cambiar en un periodo tan corto como el que ha planteado el presidente Trump.

Incluso antes del T-MEC y del TLCAN existía comercio binacional. En el pasado, las barreras las ponía principalmente México.

El T-MEC difícilmente va a desaparecer, aunque puede cambiar de nombre. Incluso podría ser cancelado en un caso extremo, pero el sistema de bajos o nulos aranceles en Norteamérica no puede ser sustituido por un modelo complicado de intercambio de impuestos.

No por buena voluntad, sino porque eso encarece la operación de las empresas. Y los ricos dueños de las compañías no quieren costos: los evitan y los combaten, de manera visible o por debajo de la mesa.

Ayer dije aquí que, por comernos la narrativa de Trump o por nuestra propia decisión, andamos distraídos y somos cada vez menos relevantes en la agenda norteamericana y global.

Naciones que son o fueron más pobres que México, como Corea, China e India, hoy resuelven problemas espaciales o tecnológicos para proveer a Europa y Medio Oriente.

La energía mexicana está enfocada en mantener negocios antiguos y poco rentables: acero, aluminio, coches. Porque ahí nos tienen, bajo esta metralla de declaraciones.

Por esa falta de visión tecnológica y la consecuente pérdida de relevancia y protagonismo, asumí que Jamieson Greer ya de plano no vendría a esta tercera ronda de negociaciones con sede en México y así lo publiqué aquí este jueves. Pero, tarde y todo, el representante comercial de Estados Unidos sí llegó el miércoles para encontrarse con la presidenta Claudia Sheinbaum la mañana de ayer.

En el fondo, mi misión es reducir su preocupación, la de ustedes, para que podamos enfocarnos en lo importante.

La denuncia en la que el gobierno de Estados Unidos basó el arancel de 10% divulgado ayer sí es relevante: ¿quién sufre y quién enfrenta condiciones de trabajo forzado en México?

¿Qué argumentos existen en contra de la acusación formulada por nuestros socios?

Y luego está aquello en lo que insisto: la apremiante necesidad de una política industrial tecnológica. Una que nos permita tener algo que ofrecer a cambio ante la creciente oferta de productos nuevos, incluso inimaginables, que ya están en el mercado y que llegarán por montones.

Si no lo tenemos, lo que ofreceremos será trabajo humano en labores de bajos salarios. Y eso genera estancamiento, en el mejor de los casos.

Acá seguimos aspirando a crecimientos que apenas rebasen el 1% anual. Eso no debe ser.

Jonathan Ruiz Torre

Comunicólogo por la UANL, con estudios sobre Mercados de Petróleo, Gas y Energía en la Universidad de Houston. Fue reportero y editor de información de Negocios en Milenio, El Norte y en Reforma, en donde fundó la columna institucional Capitanes. Fue Director General de Información Económica en El Financiero y fundador de la revista Bloomberg Businessweek México. Como Director General de Proyectos Especiales de El Financiero encabezó los esfuerzos de contenidos digitales de la organización. Desde 2014 escribe su columna Parteaguas, dedicada a negocios disruptivos y tecnológicos, que tiene réplica en un podcast: Parteaguas Diario y en redes sociales @parteaguasclub.

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