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La última vela: los defensores de la libertad de expresión

Opinión
Se ha dicho hasta el cansancio que las conferencias mañaneras de la presidenta Sheinbaum no son ejercicios de transparencia o información, sino actos de propaganda. Esto no me preocupa mayormente, todos los gobiernos hacen propaganda, con mayor o menor éxito. Ver el espectáculo diario de la mayoría de los asistentes haciendo preguntas a modo es, a veces, ridículo. Abundan quienes plantean asuntos particulares o aprovechan para atacar a las oposiciones. Esto tampoco me alarma. En México se ha acuñado el término “lambiscones” para designarlos. Es claro que varios de ellos reciben recursos a trasmano, pero tal vez nunca sabremos las cantidades, los orígenes y destinos. Como asiduo a las mañaneras desde que iniciaron, he constatado que, a lo largo de estos años, muchos de ellos han mejorado en su vestimenta, lo que da cuenta de su bonanza. Bien por ellos, al menos reciben dinero por sus servicios a la causa antidemocrática.
Lo que me disgusta profundamente de ese ejercicio matinal de propaganda es la evasión y minimización de temas graves para nuestro país, la frivolidad con que se tratan y desechan muchos de ellos y la reiteración de una narrativa que tal vez alguna vez fue original, pero que ahora se ha vuelto una monserga carente de contenido: honestidad, soberanía, raíces en el México profundo, ya no significan nada en la boca de quienes han ostentado el poder desde 2018 y nos han mostrado de qué son capaces y de qué tamaño es su incapacidad para resolver los problemas. Ocultan y mienten, pero ya no pueden disimularlo. La narrativa obradorista está agotada y deberían cambiarla. Si alguien lo duda, vea como al hablar de temas como honestidad, soberanía o alguno parecido, la presidenta fija la mirada como quien dice un discurso aprendido de memoria en el pequeño libro tricolor (no rojo) de López Obrador.
Por eso resulta refrescante escuchar las intervenciones de una reportera de tierra como Reyna Haydee Ramírez, quien hizo tropezar en numerosas ocasiones al expresidente López y se ha convertido en una dura cuestionadora de la presidenta Sheinbaum, a la que ha sacado de su carril habitual de respuestas fáciles. Entre los muchos temas que Reyna le planteó a la mandataria el día de ayer destaco dos, pero todos fueron torpedos que hundieron la narrativa matinal que se acostumbra en Palacio.
En primer lugar, le preguntó si sabía de las condiciones de esclavitud que sufren integrantes del Pueblo Rarámuri a manos del crimen organizado. Mencionó un estudio publicado en Quinto Elemento por las periodistas Marcela Turati y Thelma Gómez. La respuesta de Sheinbaum fue elusiva y previsible, presumió todas las obras y acciones que se han hecho en la zona rarámuri, pero nunca quiso admitir que hay prácticamente condiciones de esclavitud en varios lugares. Chihuahua no es el único caso.
En el segundo tema le fue peor a la titular del Poder Ejecutivo. Reyna le preguntó cómo avanzaba la investigación acerca del financiamiento a las madres de los desaparecidos para trasladarse a la CDMX. Era la oportunidad de la presidenta de reparar la grave metida de pata (¿fue eso?) de la secretaria Rosa Icela Rodríguez y asegurar que no se les investigaba, pero la desaprovechó y le recomendó a la reportera que le preguntara a la secretaria de Gobernación, lo que equivale a dar por bueno el hecho de que se les investiga. A continuación, le reviró Reyna y preguntó si también se investigaba el financiamiento de los acarreados a los eventos presidenciales. Por un momento, pareció que Sheinbaum iba a perder la calma, pero se recompuso y se negó a contestar aduciendo que era una provocación.
Los periodistas tienen que cuestionar al poder porque ese es su tarea, deben preguntar lo que nadie se atreve a preguntar. Quien desde el periodismo halaga y complace no está haciendo periodismo, sino otra cosa, está siendo cómplice o subordinado.
En un país como el nuestro, en donde la democracia ha desaparecido, decenas de verdaderos periodistas, con sus diferentes enfoques y tendencias, los periódicos, asociaciones civiles, como MCCI o México Evalúa, son parte del último reducto que busca la reconstrucción democrática. A estos se suman algunos militantes de los partidos de oposición que también quieren regresar a la senda institucional, la separación de Poderes y el verdadero combate a la corrupción. Junto a ellos, hay algunos millones de mexicanos y mexicanas que quieren lo mismo. No deseamos regresar al México de antes de 2018 sino a algo mejor.
Me gusta pensar que los acompaño y que, parafraseando a Carl Sagan, sostenemos una vela que trata de alumbrar una enorme habitación oscura,
