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Opinión

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Una “rendición de cuentas” a medias

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Gerardo Flores Ramírez | Ímpetu Económico

Gerardo Flores Ramírez

En el mensaje del domingo pasado en el monumento a la Revolución, según para rendición de cuentas, ante la ausencia de datos contundentes, la presidenta Sheinbaum recurrió al artificio de manejar la información en forma conveniente. Acá expongo algunas variables que bastan para ilustrar la distancia entre el relato y la realidad.

La presidenta habló de obra pública, ferrocarriles, hospitales, presas y carreteras. Lo que no dijo es que el gasto federal en inversión física durante enero-abril de 2026 se ubicó en 242,278 millones de pesos constantes de abril de 2026, el nivel más bajo de todo el periodo de los dos gobiernos emanados de Morena. La caída es de 34% respecto al pico de 2024, cuando el gasto en inversión alcanzó 367,326 millones de pesos de abril de 2026. Un gobierno que presume la mayor obra pública de la historia ejecuta, en los primeros cuatro meses de 2026, la menor inversión real en una década. El sector privado lo sabe. En la más reciente encuesta de Banco de México a analistas del sector privado, levantada en mayo de 2026, ninguno de ellos consideró que este es un buen momento para realizar inversiones en el país. Es la segunda ocasión que esto ocurre en 2026. En 2025 solo se observó en diciembre.

Luego, presumió “estamos entre los primeros tres países con menos desempleo del mundo". El dato es correcto. El argumento es falaz. México y Estados Unidos utilizan exactamente la misma definición estadística de la OIT para medir el empleo: una persona que trabajó al menos una hora durante la semana de referencia es clasificada como ocupada, independientemente de si tiene contrato, seguridad social o un salario digno. El umbral es idéntico en ambos países y en toda Europa. La diferencia estructural no está en la metodología; está en lo que ocurre cuando alguien pierde su empleo. Un desempleado español cobra seguro de desempleo, mantiene acceso a atención médica y puede conducir una búsqueda laboral durante meses. Tiene, en suma, la dignidad de ser selectivo. En México, sin seguro de desempleo digno ni red de seguridad social portátil, el costo de permanecer desempleado es la zozobra inmediata. Por eso la tasa de desempleo mexicana es baja: no mide dinamismo laboral, mide compulsión de aceptar cualquier trabajo bajo cualquier condición.

Los propios indicadores complementarios del INEGI cuentan la historia que el discurso omitió: la informalidad laboral ronda el 55% de la población ocupada, más de 32 millones de personas sin prestaciones ni seguridad social, la subocupación afecta consistentemente al 8-9 por ciento de los ocupados, y las condiciones críticas de ocupación a otro 10-12 por ciento adicional. Al agregar estos componentes a la tasa oficial, el indicador real de precariedad del mercado laboral mexicano se acerca al 60-65 por ciento de la población en edad de trabajar en alguna forma de empleo insuficiente o precario. Eso no es “primavera laboral”. Hay además un dato demográfico que el discurso enterró: México incorpora aproximadamente 1.2 millones de jóvenes al mercado laboral cada año. Los 669,000 empleos formales que presumió Sheinbaum no alcanzan ni la mitad de esa demanda anual; el excedente no desaparece, se absorbe en la informalidad o emigra.

En adición a lo anterior, México enfrenta un problema persistente: la baja productividad laboral. México es el país de la OCDE que más horas trabaja, más de 2,200 horas anuales por trabajador, casi el doble que Alemania o Estados Unidos, y uno de los que menos produce por cada una de esas horas. Y la tendencia se agrava, la productividad laboral acumula años consecutivos de tasas negativas o estancadas. La propia OCDE advirtió en julio de 2025 que, sin reformas estructurales adecuadas, el crecimiento del PIB per cápita de México podría colapsar de 0.67% anual a apenas 0.05% entre 2024 y 2060: prácticamente 35 años de estancamiento, pero parece que eso no le preocupa a la 4T.

Otro truco informativo estuvo en la parte correspondiente al campo: “La producción de maíz será al menos de 2 millones de toneladas más”. Es bueno que la producción se recupere, pero la presidenta prefirió no revelar que seguimos produciendo menos maíz que en 2018 e importando mucho más maíz de EUA que antes. De esa “injerencia” en la soberanía alimentaria en la 4T evidentemente prefieren callar.

*El autor es economista.

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