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Opinión

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Eso raro que vamos a hacer ahora

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Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas

Jonathan Ruiz Torre

La Selección ya cumplió. Llegó al quinto partido y lo que sigue ya es extra. ¿Qué vamos a hacer los no futbolistas con esa vibra?

Prácticamente en cualquier carrera de negocios vamos atrás de los estadounidenses… o de los ingleses, que ahora vienen a cuento. ¿Podemos ganarles?

Hay una pesada forma, pero hay. En este nuevo mundo raro en el que ahora todos somos expertos en inteligencia artificial, una nueva fábrica renace: la del Doc Emmett Brown, de Volver al Futuro; o la de Ciro Peraloca. Es la de los inventores.

Ojo: el iPhone es un invento y todo lo que está adentro de la computadora también, ni hablar de los focos y la electricidad. Inventar no es algo nuevo, pero hacerlo en serie, como en una fábrica, sí.

Busquen al más listo de su familia y pregúntenle qué es un TRL. Para quienes no somos inventores, puede resumirse como un escalón.

El TRL 1 puede ser la idea de un tipo que piensa que puede fabricarse una computadora de mano. El TRL 9 sería el nuevo iPhone que está en esa mesa o estante, a la venta. Pasar del 1 al 9 es el proceso de “fabricación” de esa idea.

En esos escalones hay tres que son la clave para que una ocurrencia se convierta en una idea millonaria: van del TRL 4 al TRL 6. Es pasar de la teoría y el entorno controlado de laboratorio a la validación de un prototipo en condiciones reales o representativas del mundo real.

TRL, la sigla de Technology Readiness Levels, es una escala estándar de medición que evalúa qué tan madura está una tecnología. Fue creada originalmente por la NASA en los setenta.

Los estadounidenses, que habían dormido en sus laureles por décadas, se “despertaron” para ver que los chinos se organizaron y ahora amenazan con llenar no solo las tiendas de smartphones y coches eléctricos.

Encontraron la manera de meterse en nuestras venas, pues van también por productos biológicos y espaciales que hoy no sabemos que necesitamos.

Si ellos corren más rápido, ustedes o el IMSS, la Comer y Chedraui ya no van a necesitar dólares para comprar mercancía: van a requerir yuanes. El dólar podría depreciarse más.

Evidentemente, los estadounidenses no quieren eso. ¿Qué deben hacer? Inventar cosas nuevas, pero a la velocidad de un taquero.

De eso hablaron esta semana en Washington DC líderes del gobierno estadounidense y de AWS, el brazo tecnológico de Amazon, que se convirtió en la base más poderosa de inteligencia artificial de ese país y apuesta con dinero propio en proyectos junto con otras empresas. En su nube descansa Anthropic, entre miles de empresas.

Empresarios y funcionarios hablaron mucho del Proyecto Génesis, nacido en noviembre de 2025, en el seno del Departamento de Energía de Estados Unidos.

¿Por qué surgió en ese ministerio? Porque administra los 17 laboratorios más importantes de ese país, surgidos porque de la energía parte todo. No hay manera de que una máquina se mueva sin fuerza animal, si no quema combustible o si no la conectan al enchufe, y eso es ciencia.

¿Y los mexicanos, qué? Una opción es nomás sentarse a ver. Pero eso sale caro. Dense 10 segundos para pensar en todo el dinero que ya pagan a extranjeros: el iPhone, la compu, la nube, Netflix, Prime, Disney, Spotify, ChatGPT, las aspirinas, la carne… son marcas de afuera.

¿Y de este lado qué vendemos? Horas de trabajo, básicamente. Son poquitas las marcas nacionales que provocan prosperidad a los mexicanos.

Vaya, hasta la vieja cerveza Corona y Don Julio reparten ganancias a accionistas de afuera, antes de pagar sueldos en México.

La opción es crear cosas acá y dejar la empresa acá, antes de que el inventor cruce la frontera. Aquí el TecNM está preparando a 600 mil ingenieras e ingenieros. Hay buenos laboratorios en Puebla y en la CDMX. El CIATEJ tiene también presencia en Jalisco y Yucatán.

Vaya, no es fatal seguir como vamos. Pero nomás salgan a ver cómo están los salarios.

Este país está rezagado, no muerto. Unir los puntos del TRL 4 al TRL 6 puede ser incluso más fácil aquí que para los estadounidenses, por el tamaño de ese monstruo. Es un asunto de organización, liderazgo y voluntad, más que de recursos, sin menospreciarlos.

Y es un llamado del nuevo mundo para todos los que festejaron el gol de Quiñones. Eso incluye al que sirve los tacos, pero también al dueño de El Califa o del OXXO.

Jonathan Ruiz Torre

Comunicólogo por la UANL, con estudios sobre Mercados de Petróleo, Gas y Energía en la Universidad de Houston. Fue reportero y editor de información de Negocios en Milenio, El Norte y en Reforma, en donde fundó la columna institucional Capitanes. Fue Director General de Información Económica en El Financiero y fundador de la revista Bloomberg Businessweek México. Como Director General de Proyectos Especiales de El Financiero encabezó los esfuerzos de contenidos digitales de la organización. Desde 2014 escribe su columna Parteaguas, dedicada a negocios disruptivos y tecnológicos, que tiene réplica en un podcast: Parteaguas Diario y en redes sociales @parteaguasclub.

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