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Después del Mundial, la cruda realidad del T-MEC

Gerardo Flores Ramírez | Ímpetu Económico
Una vez que se diluye la efervescencia que provocó el paso de la selección mexicana en el Mundial 2026, conviene regresar a los temas que definen el rumbo y el ritmo de la economía nacional. Y en ese terreno, el escenario de mayor incertidumbre que se abrió el pasado 1 de julio merece toda la atención del debate público: la Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos (USTR) confirmó que no propondrá a México y Canadá la renovación automática del T-MEC por 16 años adicionales a partir de 2036, cuando vence el plazo original. Ya sabemos que el acuerdo seguirá vigente, pero bajo un esquema de tortuosas revisiones anuales durante un largo período de 10 años.
Para entender esta decisión, es necesario tener presente que mientras las exportaciones de EUA a México han crecido, lo que ellos importan de nuestra economía ha crecido a mayor ritmo, por lo tanto, el déficit comercial con nuestro país se ha ampliado, de cerca de 111 mil millones de dólares en 2020, a poco más de 197 mil millones de dólares al cierre de 2025. Un mayor déficit comercial no es negativo en sí mismo, pero es el indicador que utiliza el gobierno del presidente Trump para construir su narrativa hacia su electorado sobre lo “mal” que tratan a EUA sus socios comerciales.
Contrario al discurso optimista que despliegan los funcionarios del gobierno mexicano, incluida la presidenta Claudia Sheinbaum, la decisión de EUA anticipa un escenario en el que ese país continuará presionando para reducir los beneficios que México obtiene del tratado, al mismo tiempo que presiona a las grandes empresas manufactureras para que trasladen sus líneas de producción hacia territorio estadounidense.
Para ilustrar cómo empieza a rendir frutos la estrategia de Trump, apenas ayer Toyota anunció que invertirá 3,600 millones de dólares para construir una nueva planta en su complejo de San Antonio, Texas, hacia donde trasladará parte de la producción de la pickup Tacoma que hoy se fabrica en su planta de Tijuana. La decisión contradice lo que buena parte de quienes seguimos estos temas hemos sostenido durante mucho tiempo: que ninguna armadora aceptaría, por razones puramente políticas, asumir el costo de duplicar líneas de producción ya integradas en Norteamérica. Toyota decidió lo contrario, apenas seis días después de que la USTR confirmara que no renovará el T-MEC. Obviamente la Casa Blanca no tardó en presumirlo como un resultado de su agenda de aranceles, desregulación y recortes fiscales.
Hay, sin embargo, un segundo frente en el que el gobierno mexicano debería actuar con más cautela de la que ha mostrado hasta ahora: el uso del equipo de cómputo como ejemplo de un segmento en el que a México "le está yendo muy bien", pese a la afectación que ya resienten sectores como el automotriz. Es cierto que las exportaciones mexicanas de equipo de cómputo a Estados Unidos han crecido de forma notable. Pero casi de manera correlacionada, también se han disparado las importaciones mexicanas de ese mismo tipo de equipo provenientes de Taiwán y Vietnam. En el caso de Taiwán, el salto es abrupto y concentrado en unidades de proceso, es decir, servidores, con un quiebre que multiplicó por más de 38 veces el promedio mensual observado antes de mayo de 2025. En el caso de Vietnam, el crecimiento es más gradual, pero igual de consistente, concentrado en computadoras portátiles y unidades de memoria.
De esa correlación se puede inferir, razonablemente, que una parte relevante de lo que México exporta a Estados Unidos bajo esas partidas arancelarias lleva componentes que llegaron primero desde Asia. Si eso es así, no debería sorprender que la USTR exija, en la ronda de revisión que arranca el 20 de julio, reglas de origen más estrictas para este segmento, como ya lo hizo, en su momento, con el sector automotriz. Presumir el crecimiento del equipo de cómputo como un éxito de política industrial, sin reconocer esta vulnerabilidad, es exactamente el tipo de optimismo que terminó por no proteger a la industria automotriz de la incertidumbre que hoy la golpea.
Así que después de la eliminación de la selección mexicana y concluido el Mundial en nuestro país, es momento de que el gobierno no se descuide, porque no tengo duda que pesará más la incertidumbre provocada por la estrategia de EUA, que el panorama optimista que intenta vender.
*El autor es economista.

