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Mundial, basura y violencia; negocio contra derechos

Opinión
Los que aseguraban que no había ambiente para celebrar un Mundial en nuestro país se equivocaron. La ineficiencia de los gobiernos federal y locales, la CNTE, las madres buscadoras, etc. Nada de eso. El Mundial es de México, sí, señoras y señores. No es de Estados Unidos o Canadá.
Nadie sabe celebrar como los mexicanos, ¿acaso no lo dicen cientos o miles de turistas extranjeros con su media lengua en español?, ¿o es que no hay cientos de TikToks y shorts que resaltan el ánimo con el que armamos la fiesta donde sea? Los de fuera nos ven asombrados por cosas que los mexicanos podemos hacer en nuestro país y ellos no pueden hacer en sus naciones.
Hoy por hoy, el futbol mundial ha convertido a la CDMX en su casa; la capital de la república es el epicentro global del deporte más popular. Habrá una derrama económica notable y los triunfos de la selección mexicana serán un elemento de unidad nacional; todos unidos bajo un mismo manto: el que amparan los muchachos heroicos del vasco Aguirre. Panistas, morenistas, empresarios, trabajadores, estudiantes, amas de casa, hombres y mujeres celebrando juntos.
Y además de todo, somos un pueblo que recibe bien a los extranjeros. Los iraníes que se sintieron bienvenidos en Tijuana luego de que los gringos les prohibieron dormir en el suelo bendito de America First; los españoles ovacionados en Puebla, los japoneses y surcoreanos ovacionados al pisar tierra mexicana. Aquí, dicen, no hay malas caras, somos una nación hospitalaria. Como dice la presidenta: México está de moda y somos el país más democrático del mundo.
Pero, espera, echemos una mirada al reverso.
Al otro día de los festejos nos enfrentamos a una monumental generación de basura y el repunte de actos violentos en las calles. Toneladas de residuos en el espacio público, imágenes impactantes en el Ángel de la Independencia, la explanada del Zócalo, todo Reforma. Un ejército de trabajadores de limpia tratando de recolectar cifras récord de desechos que superaron las 40 y hasta 80 toneladas por noche. Botellas de plástico, latas de refrescos y cerveza, bolsas de plástico, restos de comida, etc. tapizando banquetas y jardineras. Esto no solo da mala imagen, no. Los residuos de las celebraciones que no se alcancen a recoger irán al drenaje, serán la causa de las siguientes inundaciones. La Ciudad de los Palacios convertida en la Ciudad Acuática.
Los llamados presidenciales a no dejar basura han sido ignorados, los esfuerzos de iniciativas ciudadanas y de colectivos ambientalistas enfocados en el rescate de materiales reciclables y la limpieza de los espacios públicos han sido insuficientes.
En Los Cabos, BCS, un hombre lanzó su automóvil contra un grupo de gente que celebraba. Muchos heridos por el atropellamiento; el hombre que conducía fue sacado de su vehículo y linchado. Días después, otro hecho similar sucedió en otro lugar del país.
Durante los partidos, especialmente en los encuentros de la selección nacional, como el disputado contra la selección de Ecuador, se vivieron episodios de tensión en las inmediaciones del Estadio Azteca-Banorte-Ciudad de México. Se reportaron ataques hacia periodistas, así como agresiones físicas y verbales entre grupos rivales.
De igual manera, hubo hostigamiento a los equipos rivales, por ejemplo, las rondas de aficionados a las afueras de los hoteles de concentración de los equipos antagonistas para llevar serenatas y detonar cohetes con el fin de no dejar dormir a los jugadores. Por supuesto, los ecuatorianos ya protestaron ante la FIFA que cerrará los ojos y los oídos. Nada debe perturbar el negocio.
Los vendedores ambulantes salieron a la calle con cientos de miles de artículos, camisetas, gorras, banderines, la mayoría fake. Ahí sí, la FIFA ha protestado porque cada dólar gastado en la calle es un dólar menos que reciben. Tocará el turno al gobierno de ignorar a la Federación Mundial, ¿querías tu negocio? Bueno, pues este es.
Este es un Mundial en el cual el negocio marginó los derechos, por ejemplo, de los familiares de los desaparecidos y desaparecidas que fueron acallados y reprimidos, al igual que la contramarcha LGBTIQ+ que fue encapsulada.
Algunos miran hacia abajo a la masa y sentencian: son incultos, faltos de educación y civismo. Pero no, es algo mucho más profundo: nada es nuestro, ni las calles, ni los hoteles de lujo, ni las entradas carísimas a los partidos. Tampoco la democracia muerta. Solo es nuestro el triunfo de hoy de la selección y los muchos fracasos y esos no solo de la selección, sino de la vida cotidiana.
