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Opinión

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El Mayo en agosto

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Manuel Ajenjo | El privilegio de opinar

Manuel Ajenjo

Dejé de comprar la revista Proceso desde que se volvió mensual. Esto no tiene ningún interés para lectoras y lectores, pero me sirve de introducción para decir que el pasado domingo en el puesto de periódicos favorito del escribiente, vi la edición de la susodicha revista correspondiente al mes que estamos comenzando, llamó mi atención el fondo negro de su portada con un Close Up de un deteriorado Mayo Zambada —esto también carece de interés. Cuatro palabras como encabezado “El Mayo peligro latente”—como que la cosa se puso más atractiva, ¿no? Como soy buen amigo del dueño del puesto —cosa que ni a él le interesa— me dejó abrir la revista. Leo “A las puertas de la cadena perpetua, el pálido arrepentimiento del Mayo Zambada”. Un reportaje del excelente periodista J. Jesús Esquivel. A mí me pareció atractivo, compré la publicación y le ofrezco a los lectores una mixtura de opiniones y comentarios que la información generó en mí y que espero a ustedes, damas y caballeros, les interese.

Durante más de cincuenta años Ismael El Mayo Zambada hizo del bajo perfil una estrategia de supervivencia. Mientras otros capos coleccionaban corridos, mansiones y fotografías, él prefirió acumular algo mucho más rentable: impunidad. Se volvió una leyenda viviente, un fantasma que aparecía en los organigramas del narcotráfico, pero nunca en los archivos de la policía. Parecía tener la extraordinaria facultad de hacerse invisible cada vez que un operativo se acercaba a su escondite. No era mágico. Era México.

Pero hasta las leyendas envejecen. El hombre que durante décadas desafió a los gobiernos de dos países apareció finalmente sentado en un tribunal de Brooklyn. Ya no estaba el jefe del Cártel de Sinaloa que repartía órdenes y destinos; estaba un anciano de 76 años, con la salud quebrantada y el rostro marchito, contemplando a un juez que no necesitó un solo sicario para derrotarlo. Bastó el calendario.

Lo verdaderamente extraordinario no fue la cadena perpetua dictada por el juez Brian Cogan —eso ya se veía venir. Lo extraordinario fue escuchar al Mayo convertido, de la noche a la mañana, en una especie de conferencista motivacional de la paz. Quien durante medio siglo administró una industria edificada sobre cadáveres descubrió, justo cuando ya no tenía escapatoria, que "la violencia debe terminar". Es una revelación conmovedora. Tan conmovedora como si el Coyote le ofreciera un curso de protección al Correcaminos.

Aceptó su castigo, pidió perdón y lamentó el daño causado. Sólo faltó que recomendara abrazar árboles, reciclar plástico y ceder el asiento a las personas de la tercera edad al viajar en el Metro. La conversión moral llegó con una puntualidad admirable: exactamente cuando ya no podía comprar otra oportunidad.

Sin embargo, detrás de ese arrepentimiento de utilería existe un asunto mucho más interesante. La cadena perpetua ya está dictada; ahora la única moneda que le queda al Mayo para negociar es su memoria. Y vaya que debe tener buena memoria. Medio siglo de operaciones criminales no se sostiene únicamente con rifles y dólares. También requiere alcaldes complacientes, gobernadores distraídos, policías obedientes, militares indulgentes, funcionarios oportunos y políticos de todos los colores con una sorprendente vocación para no ver lo que ocurría frente a sus narices.

Si el Departamento de Justicia considera útil esa memoria y decide premiar su cooperación, podríamos asistir al espectáculo más temido por la clase política mexicana desde la invención de los micrófonos ocultos. Porque una cosa es perseguir al narcotraficante y otra muy distinta escuchar, bajo juramento, cómo funcionaba la nómina de la complicidad.

Durante cincuenta años el silencio del Mayo fue patrimonio de la delincuencia organizada. Si ahora decide hablar podría convertirse en el peor enemigo de la delincuencia uniformada y de la delincuencia con fuero.

De ahí que el encabezado “El Mayo peligro latente”, además de ser interesante, en más de un político y uno que otro militar será causante de insomnio.

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Manuel Ajenjo

Presidente del Consejo Directivo de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem) y Guionista de televisión mexicano. Conocido por haber hecho los libretos de programas como Ensalada de Locos, La carabina de Ambrosio, La Güereja y algo más, El privilegio de mandar, entre otros

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