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La flecha que jamás alcanza su blanco

Mariano Espinosa Rafful | Siempre hay otros
Se puede resistir la invasión de los ejércitos, pero no se puede resistir la invasión de las ideas. Víctor Hugo
Este viernes terminan las otras vacaciones para el estudiantado en el país, un México que se está transformando hasta en el pensamiento, con una crítica que poco a poco va siendo menos importante, ante la abrumadora realidad de darle tiempo a lo sustantivo y no a lo superfluo.
Escribo otras, porque hemos ido dejando los lugares comunes, las amistades que antes eran parte del viaje a los pueblos de origen, ahí donde nacimos, provincianos llegados a la gran capital para los estudios en la media superior, a mediados de los años setenta.
Con un análisis de las noticias que nos implican cambios en los estados de ánimo, para caer muchas veces hasta en la depresión, al pensar lo que ya dejamos por la naturaleza misma de la vida; su conclusión, la muerte, seres queridos que imaginamos en ese infinitos de valores creados por la mente.
La semana santa extendida se agotó, también han sido días para todo tipo de sitios por visitar, conocer y hasta descubrir; lo coloquial el abrazo a un familiar que no vemos hace años o esos amigos de la juventud extraviada.
Los años en esa sumatoria inevitable que nos ubica más allá del cuarto piso, determina lo cotidiano, lo predecible y hasta los imponderables, menos devoción por lo católico, más diversión para meter en el baúl de los recuerdos, los malos humores y la rutina, esa que volverá de nueva cuenta el lunes próximo.
Nunca han sido los sanos equilibrios parte de esos acompañamientos necesarios en la vida, de la inmensa mayoría de las personas, los colores son referencia de ello, o lo vemos blanco o lo miramos negro, en esos contrastes de engañarnos por gusto a veces.
Acostumbrados a cambiar el curso natural de las cosas, las ideas a mi edad vienen a revolucionar, pero sobre todo a interrumpir la calma que nunca ha sido parte de mis treguas, arrebatos o sin sabores; ante la realidad del México que transitamos, transformando hasta el lenguaje común de las necesidades, en aquellas necedades que nos implican los problemas.
Un sano ejercicio de escritura y lecturas por más de dos semanas, ante la prolongación dos días más, con signos de interrogación a la pregunta sin respuesta, en ese andar de caminos, historias que se construyen y trivialidades como símbolo de quietud manifiesta, a pesar de los imponderables, esos bloqueos, de manifestaciones sin finales a modo para ambas partes.
La brusquedad de la noticia obligada, la economía en sobresaltos o giros importantes, los precios en esas variaciones semana a semana, inevitables, y lo que nos continua desgastando, en esa lucha ya no tan frenética por el poder y sus cauces, obras en duda, descarrilamientos con narrativas no creíbles, explosiones como incidentes en Dos Bocas, y afluencias considerables de viajeros en esa interposición de imágenes para el consumidor final, quien determina lo que cierto o mentira maquillada de acierto.
Lo increíble de la rutina que regresa a la inmensa mayoría de las personas, no es el estudio para el futuro, ni la quincena que cae religiosamente entre el diez y el quince de cada mes, lo mismo a finales, sino pensarnos como intentar romper la cadena de estropicios que ha dejado el pasado.
ENTRE LÍNEAS
Una vez más por increíble que parezca, la paraestatal petrolera mexicana no tiene argumentos válidos para su defensa, en las fallas terribles que han ido teniendo las instalaciones de Dos Bocas en el Tabasco de López Obrador, donde se acusa falta de tecnologías modernas en la configuración de la refinería, ahí está el detalle diría el inolvidable Mario Moreno “Cantinflas”.

