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Customer Centricity: La transformación que muchas empresas siguen postergando

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Alfredo Duplan | Más allá del éxito

Alfredo Duplan

Durante décadas, muchas empresas crecieron pensando principalmente en productos. Tener el mejor producto, el más innovador, el más barato o el de mejor calidad parecía suficiente para ganar mercado. Y durante mucho tiempo sí funcionó. Las organizaciones se estructuraron alrededor de fábricas, cadenas de suministro, áreas comerciales, compras, finanzas y operaciones enfocadas principalmente en eficiencias internas. El consumidor estaba presente, pero muchas veces como una consecuencia del negocio y no como el verdadero centro de las decisiones estratégicas. Hoy eso cambió. Las compañías que están ganando participación de mercado, construyendo lealtad y creciendo de forma sostenible son aquellas que han migrado hacia una cultura de “customer centricity”. Es decir, organizaciones donde el cliente realmente se convierte en el eje central de la toma de decisiones.

Y aquí aparece uno de los errores más comunes: pensar que customer centricity significa solamente dar buen servicio. No se trata únicamente de tener un call center eficiente, responder rápido en redes sociales o capacitar al personal de ventas para ser amable. Customer centricity es mucho más profundo. Es una filosofía organizacional completa donde todas las áreas entienden al cliente, analizan sus necesidades y toman decisiones pensando en cómo generar mayor valor para él.

La realidad es que muchas empresas todavía operan con mentalidad “product centric”. Desarrollan productos porque la planta los puede fabricar, porque compras consiguió mejores costos, porque finanzas busca mejorar márgenes o porque comercial quiere llenar espacios en anaquel. Después intentan convencer al consumidor de comprar eso que la empresa decidió producir. Las organizaciones verdaderamente centradas en el cliente hacen exactamente lo contrario. Primero entienden necesidades, frustraciones, hábitos, ocasiones de consumo y cambios de comportamiento. Después diseñan productos, servicios, procesos y experiencias alrededor de esos insights.

Además, customer centricity no es responsabilidad exclusiva de marketing o ventas. Ese es otro de los grandes errores corporativos que todavía existen. Muchas organizaciones creen que solamente las áreas comerciales tienen que entender al consumidor, cuando en realidad la experiencia del cliente se construye desde prácticamente todas las partes de la compañía. La logística afecta la experiencia cuando un pedido llega tarde. Finanzas impacta cuando pone procesos complejos para devoluciones o pagos. Sistemas afecta cuando las plataformas digitales son lentas o poco intuitivas. Customer centricity significa que toda la organización entiende cómo sus decisiones terminan impactando al cliente final, aunque aparentemente estén lejos del consumidor en el organigrama.

Aquí también aparece otro concepto muy importante y que pocas empresas desarrollan correctamente: existen clientes internos y clientes externos. Dentro de una organización, las áreas también se sirven entre sí. Cuando una organización entiende esto, comienza a eliminar fricciones internas que eventualmente terminan afectando al consumidor externo. Muchas veces los problemas que vive un cliente afuera son consecuencia de problemas internos no resueltos. Procesos lentos, falta de comunicación, sistemas desconectados o áreas trabajando en silos generan fricciones que terminan reflejándose directamente en la experiencia del consumidor. Por eso las empresas más avanzadas en customer centricity no solamente transforman su relación con consumidores; también transforman la forma en que colaboran internamente.

La complejidad aumenta todavía más en industrias donde existen clientes intermediarios. Por ejemplo, un fabricante de alimentos puede venderle a supermercados, tiendas de conveniencia, mayoristas o distribuidores. En teoría, su cliente directo es el retailer, pero al mismo tiempo el consumidor final es quien realmente decide si el producto vive o muere. Eso genera una doble necesidad de entendimiento.  Las compañías más exitosas logran balancear ambos mundos. Entienden que satisfacer solamente al canal no garantiza éxito si el consumidor no conecta con el producto. Pero también entienden que enamorar al consumidor no sirve si el intermediario no encuentra valor en venderlo o exhibirlo correctamente.

Y aunque muchas veces se asocia customer centricity únicamente con empresas de consumo masivo o retail, la realidad es que aplica prácticamente para cualquier industria. Las empresas B2B también tienen clientes y muchas veces son relaciones todavía más complejas y estratégicas. Un cliente empresarial puede evaluar tiempos de entrega, flexibilidad operativa, capacidad de respuesta, innovación, soporte técnico, integración tecnológica y nivel de servicio. Las empresas que realmente entienden los problemas de sus clientes corporativos logran relaciones mucho más sólidas y de largo plazo, generando barreras de salida más fuertes que simplemente competir por precio.

Hoy además existe otro factor acelerando esta transformación: la información. Nunca había sido tan fácil entender al consumidor. Las empresas tienen acceso a datos de compra, comportamiento digital, navegación, geolocalización, comentarios en redes sociales, reseñas y patrones de consumo.

El reto ya no es conseguir información; el verdadero reto es convertirla en decisiones estratégicas y operativas. Y eso implica cambiar culturas organizacionales completas. Customer centricity requiere liderazgo, alineación y consistencia. Requiere que la dirección general impulse decisiones pensando en el largo plazo y no solamente en eficiencias financieras inmediatas. Las empresas que no hagan esta transición seguirán perdiendo relevancia poco a poco, porque el consumidor actual tiene más opciones, más información y menos tolerancia a experiencias malas.

Hoy el producto sigue siendo importante, pero ya no es suficiente. La verdadera diferenciación está en entender mejor que nadie al cliente y construir organizaciones completas alrededor de él.

Esto es Más Allá del Éxito. ¡Nos leemos pronto!

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