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La cultura de las “seguridades”

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OpiniónEl Economista

Miro los videos de los políticos de ultraderecha diciendo cosas terribles y se escapa de mi entendimiento el cómo es que pueden generar empatía entre una parte nada pequeña de la población del mundo.

Presentan soluciones fáciles ante problemas complejos, que optan por la eliminación. La cultura de la eliminación ante todo. ¡Vamos a eliminar a los narcotraficantes porque les vamos a echar unos misiles y básicamente los vamos a fumigar con todo y todo!

La idea de determinar que alguien es culpable sin un juicio y esas cosas, es renunciar a una de las ideas básicas de la democracia: tener un sistema de justicia que intermedie para que no seamos bestias. Pero dejemos de lado ese detalle.

La verdad es que no funciona.

El poder absoluto no existe y los poderes fácticos permiten que el narcotráfico sea un problema del tamaño que es, porque hay mucho dinero y mucho poder involucrado. Porque las cosas no cambian por decreto, sino, sería tan fácil como ordenar que nadie consuma drogas y tantán, se acaba la demanda, se acaba la oferta. Pero eso no pasa porque nadie tiene ese poder, porque el poder absoluto es una tentación y una inexistencia al mismo tiempo. Es tan absurdo pensar que el consumo puede acabar por decreto, como pensar que se fumiga una parte de la población (los malos) y se acaba el problema.

Para que una pastillita de fentanilo llegue a su consumidor final hay toda una cadena de cosas que tienen que pasar, que no terminan con la foto de unos “malosos” cocinando en un laboratorio clandestino. Esa es una parte citamínima de la cadena.

El poder absoluto para acabar con los problemas no existe, lo que seguro es posible, es la suma de voluntades, esfuerzos, estrategias y acciones para ir cambiando realidades que son complejas. Lo que pasa es que hay que tener un montón de conversaciones complicadas. ¿Por qué se consume? ¿Para qué? ¿Cuál es la relación con la desigualdad económica? ¿Qué empresas legales limpian ese dinero? ¿Qué sistemas económicos sostiene? Por poner el ejemplo de cinco preguntas obvias.

Las elecciones de Colombia dan para mucho análisis y aún falta camino por recorrer para la resolución oficial. La vuelta a la derecha (aparente o real) genera muchas preguntas que desde las izquierdas tenemos que hacernos. Ponerse las barbas y hasta los bigotes a remojar, sin duda, pero apostarle a que las personas, en lo micro y en lo macro, podemos tener conversaciones complejas y participar del ejercicio del poder.

Transitar de las democracias representativas a las participativas es de lo más complejo. Porque hay que tener siempre en el horizonte que la prioridad es ponerse de acuerdo, conversando en los márgenes de la búsqueda de la paz y la justicia, y si se puede, desde una práctica amorosa para la conversación, el acuerdo y la resolución.

Porque las ultraderechas venden la idea de la seguridad como quien vende la fórmula de la eterna juventud. Con pura falsedad e infamia.

La mayor seguridad se construye cuidándonos los unos a los otros, las unas a las otras. La mejor seguridad se construye cuando nos resulte esencial que todas las personas tengan un mínimo de dignidad.

De ahí la importancia de mirarnos y encontrarnos en el espacio público, para lo deportivo, lo cultural y lo que se pueda. Entre más personas lo disfruten, se sientan incluidas, abrazadas y acuerpadas, más comprendemos desde la piel que lo común nos hace fuertes.

Ana Francis Mor

#SuSecrechula

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