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Opinión

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¡Bienvenido a la CDMX! (Toma tus precauciones)

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Lucía Melgar | Transmutaciones

Lucía Melgar

Viajero, has llegado a una de las ciudades más antiguas de América Latina, una capital en continuo movimiento, abierta a la diversidad, llena de contrastes; una ciudad con 194 museos, iglesias barrocas maravillosas, cines, teatros y salas de conciertos muy variados; sede de la universidad más importante del continente; una ciudad que merece visitarse más allá del Mundial, explorarse con calma y espíritu abierto. Debemos advertirte, sin embargo, que, como dicen las autoridades, “tomes tus precauciones”.

La capital de la transformación, como ahora la mal llaman, ya no es la región más transparente del aire ni la más habitable (cuando menos para nosotros). Desde tu llegada a cualquier aeropuerto, percibirás cierto desorden: las obras de remodelación no se han completado, el transporte es caro y malo. Si, para colmo, llegas en plena tormenta, te sentirás en “La autopista del sur”, varado, quizás horas, en un embotellamiento acompañado de pitidos, escapes abiertos y frenazos. No te asustes, los choferes suelen esquivar los choques y, aunque agotado o irritado, llegarás sano y salvo a tu destino. Sobre todo, habrás tenido una “experiencia” real de la vida cotidiana en esta megalópolis. Por turismo de experiencia no paramos.

Como todo buen “chilango”, pronto aprenderás que aquí el tiempo se vive y percibe de un modo peculiar. Olvida la supuesta impuntualidad tradicional de los/as mexicanos/as. Aquí la duración de un recorrido en auto o autobús no depende tanto de la distancia o del medio de transporte; aquí combinamos variables como la lluvia, el cierre de calles o carriles por obras inacabadas, protestas, horarios y ausencia de normas para la circulación de camiones de doble remolque, motocicletas y camiones de basura que pepenan a media calle. Si vienes de un país donde el transporte público es puntual, prepárate: los autobuses pueden o no detenerse en la parada, el metro puede ser mejor opción, siempre y cuando no te pese subir tres pisos a pie: las escaleras mecánicas son temperamentales; el metrobús (sin manifestaciones) es más confiable. Toma en cuenta también las horas pico: entrar y salir del vagón o autobús puede ser una desagradable aventura. ¿Qué hacer? Sal mucho antes, si llegas con tiempo, pasea o contempla el paisaje (si la estética del rumbo lo permite), platica con alguien, ármate de paciencia.

Al caminar por nuestras calles, no te distraigas admirando los edificios históricos, mantén un ojo en el suelo para evitar hoyos, desniveles, picos metálicos o alcantarillas abiertas. No cruces sin mirar a ambos lados aunque tengas el verde: cualquier moto, bicicleta o hasta una patrulla podría atravesarse. ¿Quieres tirar una colilla o papel mientras paseas? Lleva una bolsa; con excepciones, no encontrarás basureros.

No te sorprendas si la ciudad no vibra de alegría por el Mundial. Aunque leas que somos “La capital del feminismo”, “de los derechos humanos” o que aquí “los derechos siempre ganan”, recuerda que vivimos en la era de la propaganda falaz. La CDMX tiene gente valiosa, trabajadora y “con mucho aguante” pero nuestras autoridades han llevado nuestra tolerancia al límite. ¡No sólo por el despilfarro en la disneylandización morada estridente! Aunque el gobierno presuma mejor seguridad, aquí matan y violan a mujeres y niñas impunemente, hay fosas clandestinas, asaltos en el transporte… El derecho a la salud es un papel mojado (procura no comprobarlo), el derecho a la Ciudad es una quimera, falta agua, drenaje… Por eso, habrá protestas. Además, los boletos están escandalosamente caros. La fiesta popular es cosa del pasado.

Por cierto, no te dejes engañar por el desfile de catrinas en pleno junio. No hemos enloquecido. Nuestras autoridades no respetan ni la tradición más arraigada; aman la folklorización mercantil. No asistas. Mejor recorre el centro, visita la catedral, el museo de antropología, el MAM, el MUAC, un mercado, prueba las delicias de nuestra gastronomía. Nuestra ciudad es complicada pero, con curiosidad, energía positiva y prudencia, podrás disfrutarla. 

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Lucía Melgar

Es profesora de literatura y género y crítica cultural. Doctora en literatura hispanoamericana por la Universidad de Chicago (1996), con maestría en historia por la misma Universidad (1988) y licenciatura en ciencias sociales (ITAM, 1986).

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