El aumento de la acumulación de reservas parecería avalar la crítica hacia el nuevo Gobernador del banco central, en el sentido de que este mismo, en los debates previos a la designación, decía que estaba para servir al Presidente.

La razón, según esta línea, es que la acumulación de reservas produce un efecto de contención sobre la apreciación del tipo de cambio. El mecanismo genera una demanda adicional (artificial) de divisas, lo cual evita que la paridad esté en su punto real de equilibrio. Es una intervención cambiaria.

Unos ven esto con buenos ojos, como algo que impulsa la competitividad del sector externo. Y, es bien conocido, que el actual primer ejecutivo comparte el fetiche que un país se fortalece con una moneda menos fuerte. De ello se deriva la sospecha que las medidas sirven los deseos de la calderonomía.

La acumulación de reservas contribuye a disminuir el ritmo de apreciación de la paridad. Pero debemos preguntar: si en un sistema de flotación el precio de la divisa se fija por oferta y demanda, ello significa que no es posible bajo tal esquema, lograr un nivel pre-determinado del tipo de cambio. Entonces, bajo la lógica de la flotación, ¿por qué acumular reservas? No hay necesidad de defender la divisa, ya que, por definición, esta flota en un mar de oferta y demanda. Si se da un ingreso de capitales, la tendencia será hacia la apreciación. Pero, si un egreso, será hacia la depreciación. En ninguno de los casos se requieren reservas, si hablamos de un régimen indeterminado, donde no hay un nivel específico de la paridad.

Las reservas son un lujo, pues, que rebasan criterios cambiarios. Las autoridades dicen que el papel de las reservas es sólo ayudar a disminuir volatilidad, además de fortalecer las condiciones de fondeo en el exterior, tanto para el gobierno como para las corporaciones. Éste es un criterio más razonable que el criterio cambiario, o el consenso de los analistas.

Pero este lujo también tiene un alto costo-- el costo de invertir en tasa dólar, apalancado en tasa pesos. La diferencia se financia, en última instancia, con recursos de contribuyentes, presentes o futuros. Y ello representa un subsidio fiscal para satisfacer los requerimientos de las agencias calificadoras. En otras palabras, el efecto es que el causante subsidia la tasa de colocación en el mercado internacional, no por merito de las mismas empresas o el riesgo soberano del gobierno, sino por la gracia del intervencionismo financiero de la acumulación de reservas, y el riesgo moral que conlleva este lujo tan extraordinariamente caro.

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