Habrá quienes argumenten que Francia y México son dos países muy distintos y que poco o nada tiene que ver lo que haga uno o pueda el otro. No nos quedemos en la superficie. En ambos países vivimos ciudadanos con sueños, aspiraciones y anhelos de una vida digna y libre, de construir sociedades más incluyentes en donde la prosperidad no sea exclusiva de unos cuantos.

El triunfo de Emmanuel Macron, joven de 39 años que hace algunos años no aparecía en los reflectores de la política y que decidió contender fuera de los partidos tradicionales, es síntoma del momento que vivimos. Los partidos políticos están desgastados, han perdido credibilidad, legitimidad, autoridad y ya no son el único vehículo para llegar al poder y lograr representatividad.

Alivio fue lo que sintieron millones de franceses, europeos y ciudadanos de muchos otros países al conocer que con más de 65% Macron le ganó la segunda vuelta a Le Pen. No sólo estaba en riesgo la continuidad y estabilidad de la Unión Europea, sino los propios valores que sostienen a Occidente como la defensa de una sociedad libre y abierta.

Una victoria electoral es un alivio pasajero mientras no se resuelvan de raíz las causas que alimentan la demagogia y el populismo, las mayores amenazas para cualquier democracia. Aunque para los estándares de participación en Francia, 75% alcanzado durante la segunda vuelta es bajo, para México es una lección contundente, pues queda claro que cuando los ciudadanos salen a votar y participan activamente, realmente deciden su futuro incluso venciendo la maquinaria de los propios partidos.

Así como en 1968 las protestas estudiantiles en Francia generaron un contagio universal siendo México uno de los países que hizo mayor eco, esperemos que el triunfo de la razón, la libertad, igualdad y fraternidad expresado en la victoria de Macron sirvan no sólo de inspiración a otros países y sobre todo generen confianza en que todas las estructuras de poder se están moviendo y, por ende, el futuro no está definido, depende de nosotros.

Los mexicanos tenemos que creérnosla a tiempo. Es cierto que somos distintos a los franceses en muchos sentidos, pero compartimos el hartazgo hacia la política tradicional tan alejada de la humildad, honestidad y servicio, hacia los partidos políticos hundidos en su propia corrupción y hacia los gobiernos que sólo ven por su propio interés. México, el 2018 es tu oportunidad para derrotar al populismo demostrando que un camino de mayor inclusión y prosperidad es posible para todos.

Twitter: @armando_regil