Un bolsillo roto se cose fácilmente pero una mente rota tal vez no y esta es la lección que nos dará la explosión, que tendrá la olla a presión, en la que el coronavirus ha puesto a ricos y pobres. 

Porque los daños psicológicos no respetan fronteras sociales y porque lo que somos, muchas veces va más allá de lo económico, y poco importa si la economía de la pandemia alcanza para latas de caviar o kilos de frijol en la despensa. 

Las víctimas del virus se extienden hasta lo mental y aunque no hay un mapa que las marque, es seguro que se encuentran ahí y en su momento, infectarán a la sociedad de la que forman parte. 

Teniendo el temor al contagio, el miedo a la muerte, la pérdida de un ser querido, el aislamiento en soledad, el distanciamiento de los familiares y amigos, el colapso de la economía familiar, la pérdida de un trabajo, la desinformación, la paranoia o el sufrimiento por la violencia doméstica padecida como algunas de sus principales fuentes de contagio. Según lo expone el reporte sobre “Covid-19 y la necesidad de acción sobre la salud mental” recientemente publicado por la ONU. 

En México, el cambio en el escenario de la salud mental de los últimos meses, demuestra que no sólo el PIB y la felicidad se redujeron. 

Tan sólo por dar una idea, de acuerdo con datos proporcionados por un estudio de la Universidad de Cambridge, mientras que en marzo 42% de los mexicanos dijo no sufrir ‘en absoluto’ de problemas de salud mental como consecuencia de la pandemia, en mayo tan sólo 26% dijo no sufrirlos. 

El deterioro es claro, la presión dentro de la olla aumenta y las secuelas como el aumento del consumo de alcohol, drogas, o incluso el suicidio, podrían tapar la válvula de escape y hacer que explote. 

Según la consultora Nielsen, del 5 al 11 de abril pasado, se registró un crecimiento de 63% respecto del mismo periodo del 2019 en el consumo de cerveza, 82% en el de los vinos de mesa, 76% en el del vodka, 44% en el del ron y el brandy, 24% en el del whisky y un 5% en el del tequila. 

¿Cómo decía Frida Kahlo? ¿Yo bebía para ahogar mis penas pero las malditas aprendieron a volar? Porque parece que lo mismo está pasando por la cabeza de muchos mexicanos sin importar lo mucho o lo poco que haya en la cartera.

Mientras que para los 2.5 millones de personas en nuestro país que han consumido algún tipo de droga, como el alcohol, el tabaco o la marihuana, el riesgo de que aumente su consumo y se convierta en una adicción es mayor durante el confinamiento.

Finalmente los suicidios podrían aumentar de la misma manera que sucedió en 1995 después del “error de diciembre”, y 1.5 millones de mexicanos se quedaron sin empleo. 

Según el Inegi y la CONAPO, la tasa de suicidios pasó de 2.7 por cada 100,000 habitantes en 1993  a 3.3 para 1996, llegando hasta un 5.5 en 2018 y será hasta después de la crisis provocada por la pandemia, en la que el CCE calcula que se perderán 1 millón de empleos formales, que tengamos las cifras. 

Esta es la olla a presión en la que el Coronavirus ha puesto a ricos y pobres y en la que el vapor va revelando lo que somos.

¿Cuándo explotará?

Debemos estar preparados para la siguiente infección.

El último en salir apague la luz.

Twitter: @HenaroStephanie