Hay coincidencia y lugares comunes para criticar a nuestro México.

Uno de los más recurridos es, sin duda, el sistema de justicia. No puede haber un país de leyes, un Estado de Derecho, sin un renovado sistema de justicia. Afortunadamente, estamos viendo hoy una luz al final del túnel.

Podemos estar optimistas, aunque alertas, por el avance que significa un Código Penal Único para construir un sistema integral nacional. En éste, ahora se establece que el proceso penal será acusatorio y oral.

Ésta es la gran oportunidad para empezar a mover todo el sistema judicial. La oportunidad no es sólo la letra escrita, sino hacer entender al sistema judicial, el espíritu del nuevo proceso.

¿Cuál es este nuevo espíritu? En pocas palabras, buscar mayor peso de la justicia que sólo del derecho; atender más a las partes involucradas en un conflicto que a la burocracia judicial; restituir el daño y no sólo castigar; creer más en los testimonios y pruebas de la víctima y del acusado que en la sola averiguación del Ministerio Público, a la que muchos llaman el corazón de la impunidad ; es, en suma, garantizar que el juez conozca, al mismo tiempo, y por los propios interesados, el caso a juzgar.

La situación reinante hasta hoy es que un juez dicta sentencia, sin conocer, escuchar o interrogar a las partes. Su juicio lo basa en los documentos, averiguación e información que recibe del Ministerio Público y de alguien que le hace el trabajo de leer cientos de hojas y acercarle un resumen acompañado de su propio juicio.

El cambio es total. En los nuevos juicios, que serán públicos, incluso ante medios de comunicación, el juez tendrá que escuchar directamente a las partes y permitirles desahogar pruebas y argumentos en una misma sesión.

Cuando se den los juicios orales, por ser éstos muy ágiles, permitirán destrabar otro obstáculo que es la sobrecarga de trabajo de los jueces.

Un mejor acceso al debido proceso es al sistema judicial lo que la calidad, a la educación. Ambos abonan a un gran pendiente en México: la igualdad.

La implementación de estos cambios concluirá en el 2016. Por ello, además de estar optimistas, debemos estar alertas a que continúe la implementación de mejoras que apenas empiezan.

Lo interesante es que buena parte de la presión y las propuestas fueron de la sociedad civil organizada que sigue pendiente y presente.