Hoy no es el último día. Pero igual podría serlo. Podría pasar que este día fuera la única oportunidad que nos resta para decidir nuestro destino. Como si hoy en vez de lunes, ya fuera domingo. El domingo que viene. Y estuviéramos justo al borde de elegir. De tomar la decisión.

Para una buena elección se vale acudir a los clásicos. El diccionario de la Real Academia Española dice, por ejemplo, que “elección” es la acción y el efecto de elegir, libertad para obrar o la emisión de votos para designar cargos políticos o de otra naturaleza. Ya nos queda claro.

Menos académico, pero más incisivo, otro libro el Diccionario de los políticos de Juan Rico y Amat, publicado en 1855, dice bajo el rubro “Elecciones”: “El prólogo de una comedia: como tal no se respetan en ellas las reglas de acción, tiempo y lugar. Es la elección una batalla campal donde se vence, no por el número de los soldados sino por la estrategia de los generales. (...) Desde que se preparan hasta que se terminan, la intriga y el movimiento están a la orden del día (...) es también el sepulcro de las ilusiones de unos y la cuna de las esperanzas de otros: ¡qué de proyectos han autorizado las elecciones! ¡Qué de desengaños han producido!”.

Se puede ser tan frívola como Mae West cuando decía que, si tenía que elegir entre dos males, siempre prefería aquel que no había probado nunca; o tan recto como Aristóteles que pensaba que vivir como hombre significa elegir un blanco —honor, gloria, riqueza, cultura— y apuntar hacia él con toda la conducta, pues no llevar la vida a un fin es señal de gran necedad. Pero calma, lector querido. Los tiempos indican que es preciso distraerse para pensarlo todo bien. ¿quizá acordarse de otra cosa y escuchar un cuento nuevo? Me pongo a ello: nada mejor que la historia del pachuco que se convirtió en rey.

Probablemente porque se llamaba Germán Genaro Cipriano Gómez Valdés Castillo, cuando hubo de elegir su nombre artístico, se decidió por uno corto y sonoro: Tin Tan. Como todo mito que se respete, la leyenda comenzó desde su nacimiento: aunque todavía no hay acuerdo sobre cuál fue el lugar de nacimiento: unos dicen que fue en el yucateco puerto de Progreso, otros que en la capital y algunos afirman que era oriundo de Ciudad Juárez. Sin embargo, se sabe con certeza que hizo la primaria en la Ciudad de México, no acabó la secundaria y a los 12 años se fue a vivir a Chihuahua. Antes de los 13, ya trabajaba como mozo en la radiodifusora XEJ y a los 15 ya era locutor en el programa El barco de la ilusión, donde hacía el papel del marinero Tobías. De ahí en adelante, muchos apodos y nombres se sucederían en su carrera artística.

En 1938, cuando Germán tenía 23 años, Meneses decidió hacer un programa que reflejara al mexicano que vivía del otro lado de la frontera. Entonces le dio un nuevo nombre: Topillo Tapas y le compró la vestimenta que lo haría famoso: el atuendo amplio y largo; el traje con corbata ancha, el sombrero luciendo una descomunal pluma, los zapatos llamativos y la cadena que describía un anchísimo arco sobre el lado derecho del pantalón. Había nacido el pachuco.

Ya en 1943 Topillo Tapas había cambiado de nombre y llegaba a la capital a presentarse con la compañía de Maulmer y Miller. En ella figuraban Agustín Lara, Miguelito Valdés, la Panchita, Tata Nacho, Los Calaveras, María Victoria y Meche Barba. Tin Tan fue presentado como “el cómico que no se parece a nadie”. Ese mismo año, el día de la Virgen de Guadalupe firmó contrato para empezar a trabajar en la XEW en un programa llamado Bocadillos de buen humor.

El éxito había llegado y no lo abandonaría hasta su muerte. Y aunque la imagen del Pachuco en esa época estaba muy mal mirada por la sociedad capitalina no se podía negar su existencia y la importancia que tenía en el México de aquella época cada vez más influido por la cultura de Estados Unidos. En 1945, el controvertido personaje encarnado por Germán fue duramente criticado por José Vasconcelos y defendido públicamente por Salvador Novo y José Revueltas; un indicador de que ya era el rey, pues su figura no sólo había llegado al corazón de todos los del barrio sino también a los escritorios de los intelectuales.

Vendrían exitosas temporadas en un centro nocturno de varios años con un éxito constante, y lógicamente, el interés de los productores cinematográficos de la época. No pasó mucho tiempo para que fuera invitado por René Cardona para hacer un pequeño sketch en la película Hotel de Verano y una pequeña participación en la coproducción Mexicoamericana Song of Mexico y después el estrellato: una película tras otra hasta que llegó Calabacitas tiernas dirigida por Gilberto Martínez Solares, quien convirtió a Tin Tan, sobrepasando a Cantinflas, en el cómico más cotizado de nuestro país. Vendrían más cintas —El hijo desobediente, También de dolor se canta, El rey del barrio— canciones inolvidables, personajes a los que prestó su voz en la pantalla (no olvidar al oso Baloo de El Libro de la Selva de Walt Disney) y también la leyenda de haber sido el actor que más mujeres había besado en la pantalla grande.

También llegaría la muerte —el 27 de junio de hace 45 años— y el recuerdo de una frase que siempre decía Tin Tan, pensando en sus orígenes: que el mejor rey antes había sido soldado. Un pensamiento que nos sirve todavía. Completamente cierto. Miren que lo dijo el rey del barrio.