Ante el golpe que el presidente Enrique Peña Nieto atestó contra el Cártel de Sinaloa, al capturar a su cabeza y dirigente, El Chapo Guzmán, leo, veo y escucho un sinnúmero de cuestionamientos frente a este hecho contundente. ¿Por qué demeritar un logro cuando se obtiene y apresurarse a señalar que no es suficiente?

En vez de reconocer un importante paso en la lucha en contra del narcotráfico y reconocer a todos quienes participaron en la captura, muchos comentarios de editorialistas y analistas, así como de líderes empresariales y sociales, van en el sentido de que ese golpe no va a eliminar el narcotráfico; que por encarcelar a su líder no desaparecerá el cártel; que atrapar al capo no significará una reducción en el consumo; que continuará la distribución en el mundo entero de la droga; incluso hubo quien dudó de la identidad del preso o aseveró que era una cortina de humo frente a otros problemas.

Esta captura representa para México un avance significativo, ya que se traduce en un repunte de su prestigio internacional. El Chapo era de los capos más buscados en el mundo.

¿Quién con seriedad puede afirmar que un solo evento va a cambiar el rumbo de una dinámica económica, de salud y de criminalidad como es el mundo del narcotráfico? Obviamente nadie. Pero, de ahí a minimizar un triunfo de la justicia y un paso necesario contra la violencia, es dejarnos a todos sin esperanza. El propio gobierno reconoció en este hecho un avance y la necesidad de profundizar en la lucha.

No hay fórmulas mágicas. No hay soluciones inmediatas en casi ningún problema social. Pero sí hay pasos que acercan a un objetivo. Sí hay logros que hacen ver la meta más próxima. Y cada paso, cada logro, debe ser reconocido. El aplauso es reconocimiento y éste es el mejor estímulo para seguir trabajando.

Una madre o un padre que estimulan y reconocen a su hijo por dar los primeros pasos lo ayudan a caminar con seguridad, pero si le dicen que lo hace con torpeza y que le faltan meses para caminar bien, provocan una persona castrada en su autoestima.

Las sociedades somos parecidas a los individuos. Cuando reconocemos nuestros éxitos, vamos por más. Y cuando de todo nos quejamos y todo lo criticamos, vamos por menos. ¿De qué lado estás?