¿Cómo leer la encuesta de confianza de los consumidores mexicanos? El optimismo está en máximos de 18 años; son mayoría los que se sienten mejor que hace 12 meses y crece la expectativa de que las cosas estarán mejor en los próximos 12 meses, para México y para sus hogares.

Podemos diagnosticar un caso de optimismo exuberante. El brote fue una sorpresa cuando apareció la primera medición posterior a la elección que dio el triunfo a López Obrador. En ese entonces, la estadística registró un brinco de doble dígito, como si el resultado electoral hubiera destapado un frasco de grandes expectativas.

La sorpresa ahora es la resiliencia del optimismo. El índice de confianza sigue por las nubes, tres meses después de la toma de posesión de AMLO, a pesar de la ausencia de buenas noticias económicas (entendidas en el sentido tradicional). Las expectativas de los consumidores no dejan de crecer y son impermeables al goteo de estadísticas que arrojan datos mediocres y lluvia de análisis que auguran desaceleración, mientras advierten de riesgos para la economía mexicana.

¿Qué está pasando? Las personas “normales” están viendo una película muy diferente a la de los “expertos” y eso llama la atención. Grandes expectativas frente a cautela o incluso pesimismo. La encuesta no se mete en honduras para entender el optimismo de los consumidores y nos deja la obligación de interpretar. Después de todo, esta encuesta es un ejercicio que tiene validez estadística, pero no pretende ser una exploración de la psicología nacional.

Es claro que AMLO produce entusiasmo y hay mucha gente que cree que podrá hacer milagros, entre ellos hacer crecer la economía sin un plan económico consistente. No todo el optimismo viene del presidente, podemos suponer. Tenemos una inflación a la baja y el peso ha ganado terreno frente al dólar. Estos son factores que podrían explicar la “carita feliz” de los mexicanos ante la economía. El peso ha ganado casi 80 centavos frente al dólar en los 95 días de gobierno. Este es un dato duro que para mucha gente en México es evidencia de fortaleza económica. Es normal, con tantos episodios traumáticos relacionados con devaluaciones y crisis, los mexicanos relacionamos fortaleza del peso con buena salud económica. Otros datos que obsesionan a los economistas y expertos no interesan a la gente “de a pie”, por ejemplo inversión fija bruta o comportamiento de los ingresos tributarios del gobierno federal.

¿Es bueno el optimismo? La pregunta tiene truco. Una economía, para estar sana, necesita que los consumidores estén de buen ánimo, porque ellos son el componente que más peso tiene en el PIB. El consumo privado representa entre 60 y 65% del Producto Interno Bruto.

Es obvio que es mejor estar de buen ánimo que deprimido, pero el optimismo puede ser un problema cuando está basado en premisas absurdas y se utiliza para tomar malas decisiones. Lo peculiar de la encuesta de confianza del consumidor es que sus resultados no se están reflejando en las cifras de ventas. El comercio ha tenido un comportamiento poco espectacular en estos meses de exuberancia en las encuestas de confianza del consumidor. Para enero, la ANTAD registra números que apenas están por encima de la inflación, lo mismo que Walmart. En el caso de automóviles, el primer bimestre marca un descenso de 1.9 por ciento. Los consumidores están optimistas, pero no han perdido la razón.

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Luis Miguel González

Director General Editorial de El Economista

Caja Fuerte

Licenciado en Economía por la Universidad de Guadalajara. Estudió el Master de Periodismo en El País, en la Universidad Autónoma de Madrid en 1994, y una especialización en periodismo económico en la Universidad de Columbia en Nueva York. Ha sido reportero, editor de negocios y director editorial del diario PÚBLICO de Guadalajara, y ha trabajado en los periódicos Siglo 21 y Milenio.

Se ha especializado en periodismo económico y en periodismo de investigación, y ha realizado estancias profesionales en Cinco Días de Madrid y San Antonio Express News, de San Antonio, Texas.