El mundo digital crea oportunidades para todos, tanto para quienes buscan divertirse y compartir momentos memorables con seres queridos hasta aquellos que por medio de la analítica la utilizan para vigilar a las personas. Individuos como Edward Snowden, Chelsea Manning y Julian Assange, en su modo particular, nos advirtieron de como el ciberespacio se utiliza para transgredir nuestra privacidad.

Sin embargo, un fenómeno cada vez más presente en nuestra realidad es el que ha llegado a su epitome con personajes como Donald Trump y su tribu de secuaces que cacarean sin parar frases como “datos alternos” o “noticias falsas” para de forma inmediata presentarse como víctimas de una persecución mediática impulsada por sus enemigos.

Precisamente sobre este mundo donde lo importante no es comunicar una idea sino confundir, sembrar la duda para que cuando la verdad golpee a la puerta esta sea ignorada, es que nos habla el británico de origen ucraniano Peter Pomerantsev en su libro “Esto no es propaganda: aventuras en la guerra en contra de la realidad”.

El autor, periodista de profesión, se da la tarea de investigar el mundo de las noticias falsas para intentar definir su origen y alcance actual. Esto lo lleva por un peregrinaje en el que las paradas son múltiples e incluyen Indonesia, Inglaterra, Ucrania y México, entre otros destinos. En cada uno de estos destinos describía como el trabajo de quienes ejercen el poder se enfoca en utilizar todos los medios a su disposición para tatuar una percepción del mundo totalmente contraria a la realidad en el peor de los casos o simplemente confundir para dividir y conquistar en la mejor de las situaciones.

El éxito de crear un discurso alterno, según Pomenrantsev, llega a su absurdo más sublime en Ucrania en los pueblos que sufrían de los bombardeos del ejercito ruso. Pueblos que dependían para recibir todas sus comunicaciones de transmisiones de origen ruso y que manifestaban que los bombardeos provenían de las autoridades militares ucranianas. De esta forma, las victimas se culpaban así mismas de su desgracia.

Otros ejemplos incluían como el mundo de la desinformación digital se hace cada vez más común en la política internacional. Aquí no se limita a los casos que se dieron a conocer por medio del escándalo de Cambridge Analytica sino que también menciona como administraciones con distinto pensamiento político han recurrido a bots (“creadores de consenso” como se le definen en el libro) en redes sociales como herramientas para difundir su mensaje y desprestigiar el de sus contrincantes. Por ejemplo, en el caso de México los bots han sido utilizados, según el autor, en las últimas dos campañas presidenciales por los eventuales ganadores: Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador.

Si uno se distancia del mundo electoral, es claro que comienza a notar en distintas industrias la emulación del principio de confunde y triunfarás. Lo importante no es divulgar la verdad sino crear duda en aquella realidad que no nos conviene. Los elementos utilizados siempre son los mismos: buscar una diversidad de voces que respondan a un mismo discurso para crear el espejismo de diversidad, clamar una objetividad inexistente y nunca responder de forma directa aquellos temas que pueden exhibir la tergiversación. Es un juego donde la complejidad de los negocios se reduce al bando de los buenos y los malos. Curiosamente el consumidor nunca es parte del bando de los buenos, solo un peón a utilizarse a conveniencia según el tema de fondo.

De esta manera, al igual que los trabajadores que durante el mundo soviético estaban encargados a reportar una actualidad solo existente en un libreto, los interlocutores utilizan las plataformas que tienen a la mano para victimizar empresas que han sido multadas o simplemente reducir a engreimientos y venganza las decisiones adversas que haya podido emitir una entidad de gobierno al analizar un tema de interés para diversos actores del mercado como el sector privado y la sociedad civil.

Nada de lo anterior es novedoso, si un áspero grito de noticias falsas lograr enterrar la voz de 17 agencias de inteligencia de Estados Unidos imagínense que podría lograr un discurso jingoísta y xenofóbico en cualquier mercado de América Latina.

José F. Otero

TIC y Desarrollo

José F. Otero tiene más de 20 años de experiencia en el sector de las TIC. Esta columna es a título personal.