Si alguna enseñanza hemos sacado de este 2020 de pesadilla y muerte, es sin duda el significado profundo de estas tres palabras: resiliencia, empatía y holístico, términos conservadores a decir del presidente López Obrador. ¡Qué curioso! Según el primer mandatario, sería de gran utilidad escribir un diccionario del “neoliberalismo” —cualquier cosa que esto sea— y de acuerdo a esta apreciación, los tres términos anteriores formarían parte de él.

La idea es, sin duda, muy buena y yo, modesta y temeraria periodista, me doy a la tarea de intentarlo a pesar de mis limitados conocimientos lexicográficos.

Vamos a ver…

Resiliencia. El término se ha empleado desde hace muchos años referido a la capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando cesa una perturbación a la que ha estado sometido. En psicología se refiere a la capacidad de adaptación de un ser vivo ante la adversidad. 

Supongo que efectivamente la resiliencia es un concepto necesariamente relacionado con la idea de conservar… el pellejo, la salud mental y la necesaria lucidez para sobrevivir en tiempos muy difíciles. Resiliencia sí, para no rendirnos ante más de 110 mil personas fallecidas por la mala gestión sanitaria; para irnos a dormir cada noche informados de que fallecieron más de 200, 300 u 800 compatriotas por el contagio; para sobreponernos y trabajar como nunca, a pesar del desastre económico, del desempleo, del cierre de más de un millón de empresas, de la lamentable injerencia de la 4T en el Banco de México. Resiliencia conservadora si, para conservar las fuerzas, para seguir andando y pensar que antes de la destrucción total, todavía podemos hacer que cambien las cosas. 

El segundo término también me gusta mucho:

Empatía. Ah, ¿qué sería del mundo sin ella? Es la capacidad de comprender los sentimientos y emociones del otro, de ponernos en su lugar y compartir sus sentimientos, se parece mucho a la compasión con un extra de generosidad. Bendita emoción y bendita palabra, tan antigua y tan bien conservada. La humanidad y nuestros compañeros de viaje, los animales, conocen muy bien este sentimiento. Desde luego, como en todo hay excepciones y algunos, especialmente los narcisistas malignos y los sociópatas, son incapaces de disfrutar del enorme placer que implica comprender y ayudar. Los homínidos que conservan este sentimiento, la empatía, se afligen cuando un niño con cáncer no tiene sus medicamentos; cuando hay inundaciones de pueblos enteros por ineficiencia; cuando la humanidad se divide arbitrariamente entre buenos y malos; cuando se daña a un colectivo; cuando se odia por prejuicios; cuando importa más el ego que la responsabilidad. Empatía, ese sentimiento conservador de la especie, compañero de la solidaridad. Va para el diccionario fifí, desde luego. Impensable no añadirla.

Y el tercer vocablo: 

Holístico. O sea por entero, en su totalidad. Esta palabrita metodológicamente quiere decir que un sistema, biológico, político, económico, social o de cualquier tipo debe ser analizado en su conjunto y no a través de las partes que lo integran. Y pues sí, muchos somos decididamente conservadores holísiticos. Creemos en la globalidad, que es mayor que la suma de las partes y creemos también que atendiendo solo una porción del problema no se alcanzan las mejores soluciones para todos, ya que la odiada realidad es siempre más compleja de lo que egoístamente pensábamos. 

En fin, aquí comienza, pero no termina este modesto esfuerzo por conseguir que sea una realidad el Pequeño Fifí Ilustrado, diccionario para los que no entienden ni muchos conceptos ni muchas palabras y que quizá nunca lo puedan lograr. 

A pesar de todo lo voy a intentar.

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Tere Vale

Psicóloga

Columna invitada

Psicóloga, conductora, escritora, comentarista de Grupo Fórmula.

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