Todavía no han pasado ni dos semanas del nuevo año y las noticias en el mundo real no son muy alentadoras. La semana pasada Estados Unidos tuvo un número récord de nuevos casos de Covid-19; se reportó que el país perdió 140,000 empleos en diciembre y un grupo de simpatizantes, armados y violentos, del presidente saliente Donald Trump irrumpieron en el Capitolio con el fin de aterrorizar al Congreso e impedir una transferencia pacífica del poder.

En Europa, después de más de cuatro años del voto en favor del Brexit, el Reino Unido se separó de la UE con un acuerdo de libre comercio muy limitado, los contagios siguen en aumento y las principales economías impusieron medidas estrictas de confinamiento para intentar contener la propagación de virus.

Nada de esto detuvo a la carrera alcista de los mercados de valores. En Wall Street, el índice S&P 500 y el Nasdaq han alcanzado máximos históricos consecutivos durante las ultimas semanas. Mientras, en el Reino Unido, el índice FTSE 100 terminó la semana pasada con un incremento del 6%.

Este comportamiento irracional en los mercados de valores no es nuevo. Paul Krugman ha expresado en varias ocasiones la incongruencia entre el mercado de valores y la economía real y su peligro. El mercado alcista que empezó en 2009 con la postura acomodaticia de la política monetaria en las principales economías y el rescate incondicional de entidades financieras ahora es una burbuja de dimensiones alarmantes.

La explicación más común del optimismo en los mercados de valores es que la creación de dinero por los principales bancos centrales, en combinación con el lanzamiento de los programas de vacunación a nivel mundial, aumenta la esperanza de una reactivación económica global.

Sin embargo, el dinero creado, a través de la compra de bonos de gobierno a cambio de efectivo, que en teoría puede ser invertido en actividades productivas de largo plazo, en realidad se ha invertido en campos especulativos. Solo hay que observar el incremento de un 800% en el precio del Bitcoin, una criptomoneda sin valor intrínseco ni uso amplio, o en el de las acciones de Tesla, una compañía automotriz prácticamente sin autos y que convirtió a su CEO en la persona más rica del planeta.

El principal impulsor detrás del incremento en los precios del Bitcoin, Tesla y otras acciones, principalmente de compañías tecnológicas, es el mismo sector financiero. La búsqueda de rendimiento fácil en un ambiente inundado de efectivo conduce a fondos de inversión, de cobertura y gestores patrimoniales a incrementar la inversión especulativa en este tipo de acciones.

Es claro que el optimismo en los mercados de valores es injustificado. Va a tomar meses vacunar a suficientes personas para controlar el virus, variaciones del coronavirus con un índice de contagio más alto, como las observadas en el Reino Unido y en Sudáfrica, conducirá a confinamientos más estrictos, no menos. El riesgo de un daño mayor a las economías sigue latente.

Y si, en el mejor de los casos, se logra la tan esperada reactivación económica y el sentimiento en la economía real mejora, la presión inflacionaria incrementará y los bancos centrales empezarán a reducir la cantidad de dinero en la economía. Trump y sus seguidores usaban los precios en el mercado de valores para argumentar que las cosas iban de maravilla, es tiempo de ser cautelosos ante los siguientes máximos históricos.

Lucía Buenrostro

Actuaria por la UNAM

Columna invitada

Lucía Buenrostro es Maestra en Economía por El Colegio de México y Maestra en Matemáticas y Finanzas por el Imperial College (Reino Unido). Es Doctora en Economía por la Universidad de Warwick (Reino Unido). Ha desempeñado labores de docencia e investigación en la UNAM, en la Universidad de Warwick y en la Universidad de Oxford.

Cuenta con una amplia y sólida trayectoria en el sistema financiero internacional donde laboró por casi 15 años en Londres como responsable de áreas de administración de riesgos en la banca de inversión.

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