La relación con Estados Unidos es multidimensional. Sin embargo, una posible falla estratégica de la presente administración en sus negociaciones frente a Estados Unidos pudo haber sido juntar las negociaciones comerciales con la política migratoria y de seguridad en la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE).

Algo que se había manejado con gran éxito en el pasado fue mantener la separación entre el tema comercial de los temas políticos, donde el primero lo manejaba la Secretaría de Economía (SE, antes Secofi) y los segundos los encabezaba la SRE. Acabar con políticas que sí funcionaban con anterioridad ha sido un rasgo del presente gobierno.

Cuando se realizó la negociación del TLCAN original, la cancillería prácticamente no intervino para evitar que hubiera una contaminación entre temas, y el resultado fue altamente exitoso. El haber mezclado los temas migratorio y seguridad con el tema comercial, dadas sus complejidades específicas, podría haber dado al traste con el esfuerzo negociador del TLCAN para lograr un acuerdo meramente comercial, por lo que hubo una planeación y manejo cuidadoso de todas las partes.

En el enfrentamiento migratorio reciente con Estados Unidos, un reclamo escuchado frecuentemente es que cedimos a las demandas de Trump con rapidez para mudar radicalmente nuestra política migratoria a cambio de evitar la imposición de aranceles considerados ilegales, sin haber obtenido apoyo a las nuevas medidas migratorias y al plan de desarrollo de Centroamérica. Este último correctamente se ha diagnosticado como la solución al problema central de expulsión de la población por la inseguridad y la falta de oportunidades.

Ante la amenaza de Trump, tal vez pudimos haber aguantado las primeras oleadas arancelarias y apostado en las alianzas con los sectores contrarios a las políticas de Trump dentro del mismo Estados Unidos. El sector privado, la sociedad civil y el Congreso americanos se aprestaban a tomar medidas para contrarrestar la arbitrariedad de su presidente, pero preferimos no arriesgar validando a Trump en su acción impositiva.

En retrospectiva, vemos que al inicio del sexenio se facilitó la migración centroamericana rumbo a Estados Unidos, lo que finalmente enfureció a Trump. Se debió planear de mejor manera nuestra política, para no llegar a los extremos, primero facilitando y después restringiendo. Una política mejor planeada pudo haber evitado el desaguisado, realizando un planteamiento táctico distinto en el terreno de juego desde el inicio, no facilitando los flujos migratorios y manteniendo los asuntos comerciales separados del resto bajo la tutela de la SE.

Al mismo tiempo de la amenaza y sin ceder ante ella con antelación, se pudo avanzar en fortalecer nuestra frontera sur para restringir el paso de los migrantes, pero obteniendo apoyo financiero y técnico americano de manera significativa para atender a los migrantes e implementar el plan de desarrollo de Centroamérica de la Cepal.

Ahora, Guatemala ha tenido que ceder frente a EU para contar con un acuerdo de tercer país seguro, y aún es factible que México siga el mismo curso, aunque mostremos con cifras que hemos hecho bien la tarea encomendada de detener y deportar migrantes centroamericanos.

Habrá que abrocharse los cinturones cuando veamos que, en un ataque de furia si las encuestas no le son favorables, el presidente Trump nos amenace durante su campaña para la Presidencia de su país, con imponer aranceles si no hacemos algo drástico para detener el tráfico de estupefacientes.

En resumen, una mejor planeación de la estrategia negociadora habría brindado un mejor resultado. Ahora es posible que el presidente americano asuma que le serán cumplidos sus caprichos futuros, habiéndose perdido la oportunidad de dar una buena pelea.

*Exembajador de México, académico y consultor, fue miembro del equipo negociador del TLCAN.