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Institución y Conflicto

El Instituto de Transparencia, ahora bajo el ojo fiscalizador del gobierno federal. Foto: EE
Las instituciones, no son -solamente- las siglas de sus nombres. En las Instituciones (con mayúsculas) anidan los deseos políticos, morales y sociales de acomodar, resolver o mediar entre intereses sociales y resolver los conflictos. Son las reglas que imponemos para orientar el comportamiento social.
El INFONAVIT, por ejemplo, o el IMSS, no se crearon para dar vivienda y salud, en seco y como regalo. Son la representación más clara de querer resolver un problema. Precisamente la vivienda o la salud en la que todos participamos, con un pago, con una contribución, con la demanda de un derecho que está garantizado en la Constitución, con ordenar cómo habremos de hacerlo todos, de una u otra manera, conforme a ley.
Lo mismo pasa con el INAI y el INE. Son instituciones que tienen edificios y personas trabajando dentro, pero en el fondo, reglas para garantizar derechos y hacer validos los preceptos de acceso a la información y elecciones libres, justas y ciertas, para construir el poder y la legitimidad con la que éste habrá de ejercerse.
El escandalo de la semana pasada en Washington, no es que fuera una gran puesta en escena, ni que una turba de salvajes quisiera detener un proceso legal y, un poco protocolario, en el Congreso Norteamericano. Es también la manifestación de que una buena parte de las democracias están divididas entre la mitad que ha sido beneficiada de la modernidad y la globalidad presente y la otra que la sufre y la padece. Lo que algunos lideres han decidido es apostar a obtener el poder con aquella, que no habiendo sido beneficiaria de la globalidad y la modernidad, le ofrecen soluciones fáciles en un mundo complejo y francamente difícil de entender y acomodarse.
El asunto se ha manifestado en prácticamente todo el mundo. El problema, sin embargo, es que las soluciones fáciles, no son soluciones. Quien quiera o haya propuesto atajos al desarrollo o al crecimiento y ataques a la pobreza, si no atiende lo importante, se queda en la coyuntura y en la complacencia momentánea de su circunstancia, que acaba en repartirle dinero de los impuestos a unos y negando el crecimiento de la empresa, la economía y las alternativas al resto. Los ejemplos los conocemos de sobra. Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Brasil y otros más.
Tener un efímero éxito en la política electoral y el manejo del poder puede dar satisfacciones a los equipos que se han abocado a lograrlo, tienen sin embargo un costo de largo plazo: el deterioro de las condiciones que los llevaron al poder, al punto de convertirse en una tragedia colectiva.
Si este año que empieza y del que me hago cargo, como cualquier mexicano responsable, por lo menos cruza por preguntarse lo más sencillo: ¿tendrá el gobierno una estrategia que permita conservar las instituciones y las oportunidades en medio de este horror que llamamos pandemia? ¿O seguiremos viendo el ataque a instituciones y arreglos institucionales por la mera voluntad de una idea evaluada en las encuestas?
Asumir el gobierno y ser popular, no son siempre lo mismo, lo primero requiere de una verdadera valentía y el amargo reconocimiento de que no siempre lo que se desea es posible. Lo segundo acaba en una turba tratando de destruir instituciones y sentenciando al fracaso el desarrollo de las sociedades. Una reflexión para empezar el año y volver a la palestra pública.
Twitter: @miguelgoco

