Entre el 8 de febrero de 2018 y el 8 de febrero de 2021 el bitcoin ha incrementado su valor en 418 por ciento. En esos 36 meses, se ha dicho de todo acerca de esta criatura, hija de alguien del que no existen fotografías, Satoshi Nakamoto. En un extremo están los que afirman que es un fraude, una burbuja que reventará solita, que estamos ante la versión contemporánea de la especulación de los tulipanes en la Holanda del siglo XVII. En el otro extremo, están los que advierten que no podemos tomarlo a la ligera, que se trata de un instrumento monetario muy peligroso.

Es un arma financiera que puede ser utilizada por el crimen organizado para lavar dinero. Para convencernos del peligro que implica, sus detractores expresan también su importancia simbólica. Es un instrumento de rebelión contra el control fiscal y monetario de los gobiernos. Una amenaza al orden que representan los bancos centrales y las monedas de referencia, como el dólar, el yen y el franco suizo.

Lo cierto es que esta burbuja ha tomado nueva fuerza en las últimas ocho semanas. El 11 de diciembre valía 18,137 dólares. El 9 de febrero alcanzó los 46,674 dólares. Esta apreciación es un síntoma de la locura que viven los mercados y, quizá expresa mucho más. Estamos viviendo un momento raro en el que hay cientos de miles de millones de dólares de ahorradores que se niegan a aceptar tasas cercanas a cero por sus depósitos. Estos ahorradores sólo esperan una señal, como si estuviéramos viviendo tiempos bíblicos. Con los ojos abiertos han mirado los anuncios de Visa, Paypal y Square de que se preparan para aceptar pagos en Bitcoin en sus plataformas. Con los sentidos alterados han leído los mensajes de Elon Musk, el hombre más rico del mundo. Musk ha comunicado que Tesla ha invertido en bitcoin 1,500 millones de dólares (8% de su caja). Ha dicho también que aceptarán pagos en esta criptomoneda para la venta de coches.

¿Qué significa el anuncio de Musk? Es el mejor regalo en el mundo que pudieron recibir las criptomonedas, dice Katie Martin del FT. Se trata de un visionario y, a su manera, es un personaje tan literario como el profesor Nakamoto. Tiene millones de fans en redes sociales y posee la capacidad de convencer a muchos de que sabe cómo será el futuro. Si Elon Musk cree en las criptomonedas, entonces no son un fraude. Si él invierte 1,500 millones de dólares en bitcoin. Si, además de él, lo hacen celebridades como Gwyneth Paltrow o Snoop Dogg, ¿por qué yo sigo resistiéndome a esto? La mejor prueba de que tiene razón, dicen sus fans, es que la criptomoneda subió casi 20% desde que se dio a conocer la inversión de Tesla.

¿Cuándo reventará? Es una de las preguntas alrededor del bitcoin. Más interesante, quizá, es el hilo que abre un reportaje de Dion Rabouin de Axios. La apuesta por Bitcoin expresa también la pérdida de fe en divisas como el dólar, por parte de compañías e individuos, dice el trabajo de Rabouin. ¿Por creer que una divisa como el dólar es un refugio de valor cuando la Reserva Federal se ha dedicado a imprimir billones de dólares para combatir la crisis?

Lo dicho acerca del dólar, vale para el Euro. Hay una erosión del valor percibido de estas monedas. Es un efecto secundario de la política de alivio cuantitativo, que implica tasas de interés cercanas a cero y la puesta en circulación de toneladas de dinero. En estas circunstancias tan extrañas, es posible entender por qué el bitcoin y otras criptomonedas puedan ser percibidas como refugio de valor, a pesar de que no haya un banco central que los respalde. Para eso están Elon Musk, Gwyneth Paltrow y Snoop Dogg. Es un activo que no está controlado por las élites tradicionales, dicen los rebeldes. La realidad no cuenta. Lo importante es la percepción y la narrativa.

lmgonzalez@eleconomista.com.mx

Luis Miguel González

Director General Editorial de El Economista

Caja Fuerte

Licenciado en Economía por la Universidad de Guadalajara. Estudió el Master de Periodismo en El País, en la Universidad Autónoma de Madrid en 1994, y una especialización en periodismo económico en la Universidad de Columbia en Nueva York. Ha sido reportero, editor de negocios y director editorial del diario PÚBLICO de Guadalajara, y ha trabajado en los periódicos Siglo 21 y Milenio.

Se ha especializado en periodismo económico y en periodismo de investigación, y ha realizado estancias profesionales en Cinco Días de Madrid y San Antonio Express News, de San Antonio, Texas.

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