Davos, Suiza. Me faltaron manos y tiempo. Como cada año que he tenido la oportunidad de llegar al Foro de Davos, desde el 2015, me voy con la sensación de querer un día más, para mirar. Para aprender.

Y es que, aun cuando trato de discriminar las conferencias más relevantes que integran este Foro de Davos;  de cubrir a los líderes de mayor impacto para México, y dejarme algo de tiempo para visitar un par de horas el otro Foro, el de los emprendedores, pues me quedo corta.

En fin. Mi intención es contarles precisamente, que hay otro Foro, aquí mismo, en el Congress Center de Davos y que este año,  un proyecto de salud emocional que presentaron, ¡Me conmovió!

Se trata del pasillo que recorren a diario los Lideres asistentes, los que de verdad mueven al mundo con sus decisiones, para llegar a los diferentes salones donde sostienen diálogos públicos, y privados. Ahí, en esa vereda, una serie de cubículos tapizan las paredes internas, para ser ocupados por proyectos de avances médicos, científicos y tecnológicos destacados del mundo. Avances que si cuentan con suerte de ser visitados por uno solo de los empresarios, o mandatarios, o presidentes, pueden aspirar a conseguir recursos para potenciarlos y darles vida.

De robots y realidad virtual

Ahí, en alguna de mis visitas, caminé del brazo de un robot que tenía la estatura de mi marido. Al siguiente Foro, tuve la oportunidad de conversar con una persona virtual, que al identificar mi forma de hablar, y “leer” mi mirada cuando me preguntaba si tenía pareja e hijos, me dijo seriamente que debía llamarles. Porque eso me haríasentir mejor. Sin que yo mencionara siquiera, que llevaba seis días fuera de mi casa, lejos de ellos.

¡Cómo quisiera ser una fotógrafa profesional! Traer listo mi lente para tomar cada uno de estos lugares y hacer así más visual mi relato.

Desde que llegué el pasado lunes 21 de enero, por ese pasillo semivacío, sin el tráfico de líderes conocidos y por conocer, pues era un primer día de trabajos previos, me llamó la atención una banca de madera natural, dispuesta debajo de un árbol artificial. Que tenía un letrero que decía: “La banca de la amistad”.

Para sanar, el regazo de mi abuela

¡Uf! Tan solo de querer ordenar mis ideas para describirles el proyecto, me conmuevo. Les cuento que por primera vez, el WEF identificó que la pérdida del bienestar psicológico y emocional de las personas, se ha convertido en uno de los mayores riesgosmundiales, que pueden generar un impacto de tipo económico.

No se trata de un hallazgo aislado. La Organización Mundial de la Salud, ya había advertido que para el año 2020, la depresión será la segunda causa de discapacidad en el mundo, y la primera, en países emergentes o en vias de desarrollo.

En la búsqueda del diagnóstico sobre el impacto económico de este riesgo, el WEF encontró a ungrupo de médicos psiquiatras  de África, que aplican una forma de intervención para evitar suicidios por esta causa en Zimbabwe: Capacitan a las mujeres mayores de 60 años, para conversar.

Y se trajeron a uno de ellos, con todo y árbol, banca y abuela. El Dr Dixon Chibanda. El programa en Zimbabwe se llama  Frienship Bench/la banca de la amistad. Y en una de las últimas sesiones de este foro, el psiquiatra detalló que lafalta de profesionales en salud mental capacitados para tratar la depresión, les llevó a pensar en entrenar a las mujeres mayores. Esto, también aprovechando el programa de salud que ya existía en su país, “Ambuya utano”, que significa “Abuelas de la comunidad”.

Conversar, la clave

El Dr Dixon Chibanda, explicó que las mujeres mayores son figuras confiables y respetadas que desde antes, otorgaban atención domiciliaria y educación para la salud en la comunidad.

Así que decidieron aprovecharlas, y entrenarlas  para otorgar terapia de conversación, en un espacio acogedor, amarrando la experiencia, a una banca, debajo de un árbol. La banca de la amistad.

Es así como las abuelas de la comunidad de Zimbabwe, se sientan en un rincón tranquilo, a escuchar. Pasan tiempo conversando con las personas que se encuentran emproblemadas y al permitirles hablar, van reduciendo su ansiedad.

En su experiencia, esta práctica ha funcionado. Los niños han vuelto a las escuelas; las madres y padres se calmaron y encontraron trabajo. Claro que, además de este tratamiento de las abuelas, los pacientes se someten a revisiones clínicas independientes que han demostrado, que estas conversaciones con las abuelas, son  un tratamiento más eficaz para la depresión y ansiedad que las terapias convencionales.

De mis Apuntes

Yo no me senté en la banca. Qué bueno, porque sí estuve muy atareada. Pero, atendí la conferencia donde explicaron de qué se trataba. Y ahora, al cerrar mis ojos mientras redacto este post, pienso en mi Abuelita. En sus manos suavecitas, tomándome las mías. E imagino. Casi siento, cómo nos hubiera ayudado a las dos, sentarnos unos minutos a conversar, en esa banca que montaron en esta Montaña Mágica, frente al ventanal que mostraba los copos de nieve cayendo, alguna de estas tardes de enero.

Los invito a continuar esta conversación, en mi cuenta de twitter @morales_yoly

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YolandaMorales

Reportera de Finanzas Globales

A la cuenta de tres

Yolanda Morales Quiroga es “corresponsal itinerante” en organismos financieros internacionales, apasionada de la macroeconomía y la política monetaria y contadora de historias, detrás de sus apuntes de reportera. Oficio en el que se ha desempeñado por 19 años.

Reportera de Finanzas Globales, blogger y conductora del Programa en línea de El Economista, Voces en Directo.